Etiqueta: naturaleza

  • Hasta la cima de El Montgó

    Hasta la cima de El Montgó

    ¿Sabéis cuál es un planazo de pandemia? Subir una montaña. (Advertencia: plan no apto para perezosos y personas en poca forma). Aunque si te lo propones, subir el Montgó en Dénia es posible.

    Para una persona como yo, que todo el ejercicio que hago es subirme en mi elíptica o entrenar con videos de Instagram o YouTube, he de admitir que escalar la montaña fue tarea costosa y hoy, un día más tarde, no puedo mover ni un solo músculo de mi cuerpo. Aunque la sensación de coronar la cima es muy satisfactoria.  

    Pero para amantes de la naturaleza, no veo plan mejor, en un finde soleado como los que estamos teniendo en la Comunidad Valenciana, que escaparse a la montaña.  

    El Parque Natural del Montgó está en Dénia, que además tiene muchos otros atractivos como playas y calas espectaculares (siempre defenderé que esta zona valenciana es el Caribe español, por sus aguas turquesas y su sol brillante).

    Pero Dénia y Jávea tienen más que ofrecer: restaurantes en los que degustar paellas típicas, tapas y cervezas frías, pescaditos, arroces… Un excelente destino de sol, playa, gastronomía y por supuesto, de montaña, que de esto he venido yo a hablaros.  

    Parque Natural del Montgó

    Pero primero un poco de información: esta montaña fue declarada Parque Natural en el año 1987. Se trata de un macizo rocoso que mide 753 metros de altura y que está compuesto en su totalidad por rocas, barrancos y pequeños senderos. Muy rica en cuanto a flora y fauna se refiere. Cuenta con gran diversidad de plantas. Podemos encontrar hasta 650 especies, algunas de ellas catalogadas como endémicas o raras y que solo se pueden encontrar, aparte de en el Montgó, en otras formaciones rocosas de las Islas Baleares.  

    Existen varias rutas, algunas que empiezan desde Dénia y otras desde Jávea. Nosotras íbamos super convencidas de que la excursión duraría tres o cuatro horas y que alrededor de las tres de la tarde habríamos acabado y podríamos comer tranquilamente en la playa. 

    Bueno, pues nuestros planes cambiaron y al final nos metimos en una ruta de seis horas y media de duración. Seguimos la ruta número 6 que empieza en la Ermita del Pare Pere y va desde el Camí de la Colonia hasta la cima y Les Planes. Y después bajamos por el Camí de l’Aigua. Una ruta circular de unos 18 kilómetros, en el que, desde luego, vimos todos y cada uno de los rincones del Montgó. Esta ruta esta categorizada como las más difícil y larga por lo que se recomienda ir bien preparado.  

    Hay algunos tramos de escalada en los que tienes que ayudarte con las manos para poder avanzar. Hay que estar pendiente porque las rutas no están muy bien señalizadas, aunque sí que es cierto que no hay pérdida. Si te orientas bien en la montaña hay que seguir las sendas pisadas. Pero como decía antes, nuestra ruta fue la más difícil y en ocasiones no hay sendero que seguir, más que nada porque el sendero lo componen piedras y rocas. 

    En mi opinión, la ruta es maravillosa en cuanto a paisaje. El mar te acompaña durante todo el trayecto. Es inevitable hacer varias paradas para respirar profundamente y gozar de «momentos mindfulness». El Mediterráneo se mezcla con el horizonte, solo interrumpido por las Islas Baleares al fondo. El Peñón de Ifach también es reconocible. Te sientes diminuto. Y poderoso.  

    La bajada por el Camí de l’Aigua sin embargo no cuenta con esas vistas, tiene otras, impresionantes también, pero no protagonizadas por el mar.  

    Para acabar el día, nos desplazamos hasta la Playa de Les Rotes y nos comimos nuestro bien merecido bocadillo con una cervecita. Este momento fue protagonizado por otro paisaje idílico: un atardecer que pintó el cielo de rosa clarito. Una gran recompensa a un largo y duro día de ejercicio en plena naturaleza. 

    Recomendaciones 

    Para esta ruta en concreto se tiene que tener experiencia física. Nosotras nos lanzamos a la montaña, pero nos resultó duro y quizá para aquellos que no tengan experiencia en trekking o escalada, puede ser un reto bastante grande.  

    Nos costó seis horas y media coronar la montaña y bajar de nuevo. Es importante llevar calzado adecuado, suficiente agua, comida, gafas de sol, protección solar y ropa cómoda. En pleno enero nosotras íbamos en manga corta. Hay que tener en cuenta que hay pocos lugares de sombra donde refugiarse, incluso a veces era difícil poder sentarse a descansar. 

    Estudiarse la ruta antes de empezar. Hay muchas rutas distintas, algunas empiezan en Dénia y otras en Jávea y son de distinta dificultad.

    Como diabética, recomiendo llevar Coca-Cola, azúcar, caramelos… Productos azucarados al gusto del diabético para corregir las hipoglucemias. Yo tuve que pararme para comer algo ya que debido al esfuerzo (con el que tampoco contaba) mi glucemia empezó a bajar demasiado rápido.  

    Y por último, disfrutar del paisaje y de la experiencia del Montgó. No hay esfuerzo sin recompensa y la sensación de estar en la cima es de completa plenitud.  

    Otras rutas y planes: 

    El Montgó es tan polifacético que te permite hacer varias rutas y luego incluso te sobra tiempo para hacer otros planes. 

    La Ruta 1, Final de les Rotes – Port de Xábia: tiene una duración de tres horas y es una ruta lineal de dificultad media. Esta ruta te permite volver a tiempo para disfrutar de una rica paella en distintos restaurantes de Dénia y Jávea, como el Restaurante Mena en Les Rotes.

    La Ruta 2, desde la Ermita del Pare Pere, pasando por el Camí de la Colonia y la Cova del Camell. Es una ruta lineal de intensidad baja que se puede hacer tanto a pie (una hora) como en bici (35 minutos). La ruta en bici permite disfrutar de la subida de una manera diferente y además, después se pueden disfrutar de unas cañas bien fresquitas y de unas tapas en la Movida Denia

    La Ruta 3, desde la Ermita del Pare Pere, cruzando la Cova de l’Aigua y el Racó del Bou. Tiene una duración de tres horas, siguiendo una ruta circular y de intensidad media en la que en algunos tramos tienes que impulsar la subida con la ayuda de cuerdas. En la entrada a la cueva hay una inscripción romana del siglo 238 d.c., aunque también hay evidencia de otras civilizaciones. Tras épocas de mucha lluvia, la cueva se presenta completamente inundada.  

    La Ruta 4, desde la Ermita del Pare Pere, por el Camí de la Colonia – Jesús Pobre. De dificultad media, en una hora y cuarenta minutos se puede subir y bajar la montaña. Gracias a la corta duración de la ruta hay tiempo de sobra para visitar la Ermita del Pare Pere y luego disfrutar de una paella o de un almuerzo con tortilla de patatas incluida, a pie de montaña en el restaurante El Campus de Denia.

    La Ruta 5, desde la Ermita del Pare Pere, por el Camí de la Colonia y la Creueta. Se trata de una ruta lineal de dificultad alta y con una duración de poco más de tres horas. Cuenta con algunos tramos con desniveles que pueden dificultar la ruta y solo se recomienda a personas con experiencia o en buena forma física. Esta ruta te lleva hasta la Cruz de Denia que se instaló en la cumbre en 1999 con ayuda de un helicóptero.  

  • Aysén, Chile: Un Mundo Aparte

    Aysén, Chile: Un Mundo Aparte

    Este reportaje está publicado en la revista Punto Mice (www.puntomice.com)

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    Aysen, Chile
  • Viñales: entre campos de habanos y chupitos de ron

    Viñales: entre campos de habanos y chupitos de ron

    En post anteriores hablaba de lo maravillosamente embaucadora que es La Habana, pero es que este efecto se extiende por todo el territorio, y sino todo el territorio -porque no llegué a visitar todas las ciudades y pueblos de Cuba-, por lo menos puedo afirmar que Viñales y Trinidad tienen la misma capacidad de enamorar.

    Todo hay que decirlo, nada tiene que ver un lugar con el otro. Si bien La Habana es una vasta urbe de edificios alti-bajos (dícese de aquella ciudad plagada de contrastes donde abundan edificios de distintas formas y alturas que se alternan sin ningún orden aparente), Viñales es la antítesis: armonía pura y dura, una aldea enclavada en plena naturaleza, dominada por campos de tabaco, montañas y casas de mil colores. Y Trinidad… Trinidad es un pueblo encantado, con calles empedradas, plazas enormes y una discoteca metida dentro de una cueva.

    Cuba es sorprendente, sobre todo porque la puedes recorrer en diferentes rutas, también es cierto que necesitas tiempo y en nuestro caso como solo disponíamos de diez días tuvimos que ser muy selectivas. Así que nos dejamos llevar por las recomendaciones. Nuestra ruta fue la siguiente: tres días en La Habana, dos en Viñales (con visita al Cayo Jutías), tres días en Trinidad y dos días más en La Habana.

    Es fácil desplazarse por Cuba, fácil porque solo tienes una opción: el Viazul, que es el autobús exclusivamente para turistas donde no encontrarás a locales porque ellos viajan en otro autobús más económico que si intentas coger te dirán que no porque no eres cubano (sí, nosotras intentamos hacernos pasar por cubanas para colarnos en el autobús local y pagar el equivalente a 3 euros en CUC, pero finalmente nos pillaron y desterraron al Viazul en el que un viaje de La Habana a Viñales te cuesta unos 12 american dollars).

    Caminito a Viñales

    Una vez en las puertas del Viazul se nos aproximó un hombre con dientes de oro falso y nos dijo así por lo bajini que tenía un “carro cómodo y espacioso que nos llevaría a Viñales por 25 CUC» (son como unos 25 euros), lo que no sabíamos es que nos iba a poner a Luis Miguel y a otros artistas del mismo talante durante todo el recorrido.

    Total, que por 25 CUC entre las tres merecía la pena soportar el sufrimiento musical, además nos recogían en la puertecita de casa. Pues dijimos que sí, claro. Le dimos un nombre y el teléfono de nuestro alojamiento y así zanjamos la reserva. Todo muy seguro y con garantías (ironía).

    El taxi ilegal nos recogió a la mañana siguientes. Aunque pasamos unos momentos de severa duda porque se retrasó así como 30-45 minutos y ya empezamos a pensar que por supuesto no vendría y tendríamos que coger el Viazul.

    Campos de tabaco y muros prehistóricos

    En cosa de unas dos horas y media nos plantamos en Viñales. El taxista nos llevó a unos campos de tabaco en el que pudimos probar los diferentes habanos que producen y aprendimos cosas como que el Che era asmático pero aun así se encasquetaba un puro detrás de otro (eso sí, mojándolos en miel que es bueno para la garganta). Allí en Cuba es típico “mojar” la punta del puro (esta frase suena demasiado mal pero no sé explicarlo mejor) en miel, ron o whisky.

    Se me olvidaba mencionar que adoptamos a una vienesa. Solo por aclararlo: a una chica de Viena. Ella viajaba sola y me recordó a mí en Jamaica así que le invitamos a quedarse con nosotras, su nombre es Miriam y habla un perfecto español dominicano porque había vivido en Santo Domingo por no sé cuánto tiempo. Es fabuloso viajar y conocer gente.

    El Valle de Viñales, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, es el escenario perfecto para actividades como montar a caballo. De hecho es una de las atracciones turísticas más demandadas, aunque yo particularmente no la recomendaría, el trayecto puede resultar más emocionante y bonito haciendo trekking o paseando tranquilamente por los caminos y senderos de tierra.

    El paisaje es impresionante: entre laderas, cerros y ríos. Además hay un lago muy bonito en el que te puedes bañar y una reserva llamada Capón en el que producen café, miel y ron, incluso te explican el proceso y finalmente te dan un chupito de ron, dos si te da un ataque de tos como me pasó a mi (se me olvidaba mencionar que me pasé todas las vacaciones con bronquitis así que la tos fue mi aliada por 10 días).

    Situado en el Valle de Dos Hermanas, que a su vez está dentro del Valle de Viñales, está el Mural de la Prehistoria. Es un mural que narra la evolución de los seres vivos, se pueden ver dibujos de los indios guanahatabeyes (indígenas que habitaron en Cuba hasta la colonización europea), así como dibujos de animales y moluscos.

    El mural está pintado sobre la roca del mogote de Dos Hermanas, previamente la piedra ya había sido pulida y preparada para que su autor, Leovigildo González, dibujara sobre ella. Como dato curioso se pintó con pinceles así que paciencia tuvieron que tener un rato.

    La noche cubana

    Cuando cae la noche la ciudad se transforma, en la calle principal, que es donde están todos los bares y restaurantes, se apelotonan cubanos y turistas para beber y bailar salsa (bueno los turistas lo intentan, lo de bailar, porque en beber están bastante entrenados, así somos).

    Como en cada ciudad cubana digna que se precie hay una Casa de la Música, es el templo cubano de la salsa donde la gente mide su talento y eficacia en una modalidad que requiere tener una coordinación que se esfuma tras el segundo cubata de ron, pero por intentarlo que no quede.

    Música en directo y espectáculo de baile están asegurados en todos –o casi todos- los bares de Viñales que vive por y para el turismo.  Lugares como Moreno’s Bar, La Casa del Mojito y Cubar ofrecen además happy hours, un fenómeno inventado por el capitalismo occidental que casa a la perfección con el turista americano y europeo que visita Cuba.

    Al fin y al cabo estamos en el Caribe y a Cuba se va de vacaciones, a tirarse a la bartola en la playa, a beber ron, fumarse un puro y sí, también a ligar.

    Tranquilidad y agua de coco

    Nos dijeron que cerca de Viñales estaba el Cayo Jutías y que debíamos ir sí o sí. La verdad es que estábamos como locas por ir a la playa así que reservamos un “taxi” entrecomillas. ¿Habéis visto la película de “Cars”? ¿Sabéis cuál es el personaje de “Tow Mate Mater”? Pues así era nuestro taxi. Y paso de entrar en detalles porque nos costó 10 CUC y por ese precio doy gracias a que tuviera ruedas.

    Los cayos de Cuba precisamente se encuentran algo alejados de la típica ruta que hacen los turistas, o por lo menos los turistas que optan por no ir a Varadero. Aun así hay varias playas muy bonitas y que cumplen con los requisitos de playa “de ensueño”.

    Cayo Jutías superó nuestras expectativas, una hermosa playa, no muy larga, interrumpida por un manglar por lo que el paisaje se enrudece a medida que recorres el arenal. El agua cristalina se torna azul turquesa en el horizonte. Chiringuitos, posibilidad de practicar actividades acuáticas y cocos por doquier. La típica playa Caribeña pero no masificada por el turismo de Varadero. Muy recomendable.

    Viñales merece la pena por esa dosis de aventura y naturaleza que no encontramos en La Habana o en otras ciudades de Cuba. Aun así es un lugar muy turístico por lo que es muy habitual ver a extranjeros y la población local puede aprovecharse de esta situación exagerando los precios de algunos productos o actividades, esta es una lacra que se vive en todo el Caribe.

    Los cubanos se muestran muy sociables y hospitalarios y en ningún caso sentirás que te están estafando. Lo bueno de Cuba es que la sensación de seguridad se extiende hacia todo el territorio, es un país relajado y amable que trata bien a los turistas.

  • Port Antonio, belleza natural

    Port Antonio, belleza natural

    La frase que más he escuchado desde que llegué a Jamaica, después del “Jamaica, no problem” es la de: “tienes que ir a Port Antonio”. Tras la insistencia de muchos viajeros y locales a los que he ido conociendo en mi travesía por el país, finalmente he visitado esta magnífica pequeña ciudad al este de la isla.

    Lo que iba a ser una escapada playera ha terminado siendo la más auténtica, mística, espiritual y natural experiencia que he vivido (hasta que por fin visite las Blue Montains). Iba a irme sola a Port Antonio, a disfrutar de la calma y el relax de las playas, pero en el último momento se apuntó mi amiga Janet, mi mami en este viaje. Janet es mi mejor amiga aquí, una mujer inglesa de unos 50 años que bebe ayahuasca, fuma marihuana con pipa, cocina como los mismísimos ángeles y viaja sola, como yo, haciendo Workaway.

    Lo bueno de Jamaica son las casualidades. Visitas un sitio, conoces a alguien que te habla de una fiesta en no sé dónde y en esa fiesta conoces al maravilloso Cleveland, un hombre de unos 50 años, taxista y originario de Port Antonio que nos llevó a rincones espectaculares, rodeados por la naturaleza más abrupta, alejados de la evidencia humana y desconocidos por muchos turistas.

    Port Antonio se encuentra en la parroquia de Portland, a una hora de Kingston y a dos de Ocho Ríos en coche. Nosotras cogimos el autobús local que no es muy cómodo porque viajas con tropecientas mil personas más, pero es la opción barata (500 dólares jamaicanos que son tres euros). Port Antonio es uno de los lugares más turísticos de la isla por su extraordinaria belleza. Blue Lagoon es uno de los lugares más bonitos y también más visitados, eventual escenario de películas debido al intenso azul de sus aguas y a sus misteriosos 55 metros de profundidad.

    La mayoría de las playas son gratis y con muchos bares y chiringuitos locales donde comer auténtico Jerk Chicken y gastronomía jerk en general. Una de las playas que más me gustó fue Winnifred Beach, un arenal completamente de postal, con un rincón rasta muy acogedor regentado por un par de rastafaris que venden marihuana y artesanía hecha a mano.

    Pero lo mejor fue adentrarse en la selva tropical, cruzar el río, atravesar campos de bananos, bread fruit y otros deliciosos frutos que fuimos probando por el camino.

    En Jamaica es posible sobrevivir en la selva sin morirte de hambre, ni de sed, ni por la picadura de un insecto. Lo bueno que tiene este país es que cuenta con grandes virtudes naturales: la flora y fauna es muy rica y diversa. A diferencia de otros lugares, Jamaica no tiene animales peligrosos o venenosos tales como arañas o serpientes. Bien cierto es que la cantidad de mosquitos que hay es abrumadora pero ninguno es portador de malaria. En Jamaica no es necesario vacunarse contra este mosquito, de hecho solo es aconsejable vacunarse si la estancia en la isla va a ser mayor a 30 días.

    El objetivo era llegar, caminando entre la espesa vegetación, junto a la ladera del Río Grande, hasta las Scatter Falls, unas cataratas solo conocidas por locales cuyo paisaje es una premisa de lo que puedes encontrar en las famosas Blue Mountains, situadas muy cerca de Portland.

    Solo es posible llegar hasta estas cataratas con ayuda de un local que conozca el camino. Nosotros fuimos el sábado por la mañana y allí solo había un grupo de seis locales más.

    Es un lugar tranquilo, alejado de la masificación turística, rodeado por una naturaleza asombrosa (con una gran diversidad de frutos, plantas y aves). Un lugar de esos que digo yo que reinician el alma. Compramos unas cervezas y ron Appleton, el típico jamaicano, y echamos la mañana entre aguas puras y vegetación auténtica.

    Aparte de Winnifred Beach, hay una cantidad asombrosa de playas de ambiente local y de acceso completamente gratuito, como Long Beach o Boston Beach.

    Mucha gente dice que los atardeceres en Port Antonio son diferentes al resto que puedas ver en la isla, son especiales, con otro color. No conseguí ver al sol ponerse pero es cierto que cuando la noche empieza a caer el cielo tiene otro color distinto.

    Fue un fin de semana de evasión y relax, pero también de fiesta. Entre tanto dancehall sonando las veinticuatro horas del día en cada club de Jamaica se agradece encontrar en Port Antonio locales de reggae clásico, reggae de los más puros orígenes. Otra de las cosas que me gustan del ocio nocturno en Jamaica es que no entiende de edades y puedes conocer a gente, tanto local como foránea, de cualquier rango de edad.

    Como decía al principio fue una escapada muy mística, de descubrir la auténtica Jamaica y todo gracias a Cleveland. Fue una suerte encontrar y conocer a este maravilloso hombre cuya vida no ha sido nada fácil, separado de su mujer, con un hijo fallecido a la edad de 16 años y sobreviviendo como taxista en un país que vive por y para el turismo (sobre todo en las zonas costeras).

    En la mayoría de los casos el dinero que entra en la casa de un jamaicano depende de los turistas por lo que Cleveland tuvo suerte de que nos conociéramos en esa fiesta de ‘old reggae’, pero más suerte tuvimos nosotras de toparnos con él y conocer Port Antonio en su más puro estado.

    ¿Dónde comer?
    -Restaurante Anna Bananas, situado en la carretera principal de Port Antonio. Comida local, buen ambiente y con una carta variada, sobre todo pescados.
    ¿Dónde dormir?
    -Nos alojamos en una guest house llamada Chocolate Dreams que encontramos por Airbnb, 40 euros la noche, situada en una urbanización con casas muy pintorescas. La dueña de la casa es una mujer alemana que reside actualmente en Port Antonio. La casa tiene cocina para compartir, jardín y una sala de estar con objetos e instrumentos musicales curiosos. Decorado al estilo zen, con libros sobre yoga y meditación, un lugar con muy buena vibra.
  • Blue Hole en Ocho Ríos, una excursión que reinicia el alma

    Blue Hole en Ocho Ríos, una excursión que reinicia el alma

    Lo que más me gusta de Jamaica, salvaje como ella sola, es su combinación de playa y naturaleza. Escarbando entre caminos a veces demasiado hostiles (aquí lo de asfaltar carreteras no se estila mucho), de pronto puedes encontrarte pequeños paraísos sumidos en la calma y quietud de una isla que lo tiene todo. Todo menos carreteras asfaltadas, pero no problem, esto es Jamaica (para todo aquello inusual o extraordinario, ya sea bueno o malo, los jamaicanos se excusan siempre con “no problem, this is Jamaica”).

    No todo el lujo jamaiquino se encuentra en los resorts, sino en el don de transformar una experiencia en un momento único. Los paisajes conceden esta oportunidad de pararse a respirar y resetear la mente. Ocho Ríos está plagada de rincones para reiniciar el alma.

    La pequeña ciudad, ubicada en la parroquia de Sant Ant, es para algunos la ciudad más cultural de la isla, además resulta ser un lugar de antalogía histórica, no solo por ser ciudad de tradición pesquera, sino también porque se cree que este fue el primer territorio que pisó Cristóbal Colón cuando llegó a la isla. Su mercado es exquisito, en el que puedes pasear y evadirte por horas. Los jamaiquinos son gente muy charlatana y todos tratarán de conversar contigo, a menudo para venderte algún producto y otras veces solo interesados en saber acerca de tus experiencias en la isla.

    Rincones para reiniciar el alma hay muchos en la ciudad, de esos que embelesan y enamoran. Quizá las playas no son las más largas ni las más azules pero también ofrecen esos momentos de ensimismamiento dignos de recordar. La fuerza del agua en Ocho Ríos ha dibujado un paisaje extraordinario en los albores de la ciudad, tal como las atracciones de Blue Hole o Konoko Falls de Dunn’s River. Lo mejor de todo es que se pueden disfrutar de la manera más saludable y divertida: escalándolas, bañándose en sus aguas e incluso saltando desde las rocas. Una excursión para disfrutar como niños.

    Por decantarme elijo Blue Hole ya que es una excursión más larga y más intensa cuyo punto clave culmina en un pequeño agujero de aguas más azules que el mismo Caribe. Blue Hole es una sucesión de cascadas, caminos, cuestas y vegetación espesa que se multiplica a ambas laderas del río. Hay dos formas de hacer el recorrido, contratando un guía conocedor sumun del terreno que presta su ayuda para subir, trepar y bajar entre las rocas y caminos (es asombroso observar a los guías trepar las cascadas y lanzándose en picado desde lo más alto), o bien, si eres aventurera como yo, puedes hacerlo por libre (aunque yo no escalo cascadas, todo hay que decirlo).

    Realmente me aventuré a hacer la excursión sola porque iba acompañada por dos amigos, mi amigo Omar de Australia y Akeel de Trinidad y Tobago. Admito que en algunos tramos es necesaria ayuda de una mano ajena, no es que sea un trayecto duro pero en ocasiones debes usar una cuerda o mojarte de pies a cabeza para ascender de nivel. Si se realiza esta excursión con niños es conveniente contratar a un guía, como decía son excelentes escaladores y además ofrecen chaleco salvavidas y zapatos adecuados para no resbalar.

    Con sus subidas y bajadas, sus terrenos resbaladizos y las corrientes de agua, es una escapada que merece completamente la pena si te gusta el ejercicio y los parajes naturales. La naturaleza allí es asombrosa, con animales campando a sus anchas y se pueden avistar especies de pájaros, insectos y plantas tropicales.

    Para llegar a Blue Hole hay que coger un taxi, está a unos veinte minutos conduciendo desde la ciudad de Ocho Ríos y el trayecto sube entre montañas y caminos nuevamente no asfaltados. Nosotros cogimos route taxi porque es la opción barata, unos 400 dólares jamaicanos que es el equivalente, más o menos a tres euros o dólares americanos. Coger otro taxi cualquiera puede fácilmente costar unos 20 dólares americanos así que merece la pena compartir un route taxi.

    Una vez en Blue Hole la entrada cuesta 15 dólares americanos y contratar un guía ronda entre 50 y 70 dólares. Personalmente me gustó hacer la excursión por libre, puedes tomártelo con calma ya que no hay un limite de tiempo para permanecer en el lugar y es magnífico sentarse en una roca a observar las cascadas y el flujo del río sin prisas y saltar desde las rocas, nadar tranquilamente, tomarte una cerveza bien fría o pasear, perderse y comprar regalos. Muy recomendable el uso de escarpines para poder recorrer con más facilidad algunos tramos. Allí mismo pueden alquilarse por 500 dólares jamaicanos.

    Lo que más me gusta de este enclave es su poco arraigo comercial, apenas hay un bar donde hacer un pequeño break para degustar cócteles y cervezas típicas de la isla (Red Stripe y Dragon) y un par de pequeñas tiendas artesanales en las que comprar recuerdos, cuadros y artesanía hechos y pintados a mano. Además es muy agradable conversar con los tenderos. A pesar de ser una de las atracciones más demandadas en la ciudad no está a rebosar de turistas, esto es porque Ocho Ríos no es una ciudad turística en sí, lo es por el hecho de que es parada de cruceros, los cruceristas llegan por la mañana y regresan al barco a medio día, pero en días en los que los cruceros no atracan es posible no avistar a esa extraña especie colonizadora denominada turista (yo formo parte de ese clan). Por lo que depende de la época del año Blue Hole no está masificado como otras atracciones turísticas, tales como las playas.

    ¿Qué necesitas para visitar Blue Hole?

    Bañador, zapatos adecuados que puedan mojarse (allí se pueden alquilar), toalla y cámara.

    ¿Cómo llegar?

    Puedes tomar route taxi desde la ciudad de Ocho Ríos (2,5 euros) o bien contratar un taxi personal (unos 20 o 30 euros). Desde Ocho Ríos hasta Blue Hole son 20 minutos, desde Falmouth una hora y desde Montego Bay dos horas aproximadamente.

    ¿Dónde comer?

    Dentro del enclave natural no es posible comer, solo hay un bar que sirve snacks y bebidas frías, pero saliendo a la carretera hay restaurantes típicos jamaicanos y puestos a pie de calle donde comer el plato estrella: Jerk Chicken.

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