Categoría: Europa

  • Varsovia express con amigos

    Varsovia express con amigos

    He ido a Polonia. A su capital, Varsovia. Desde hacía ya un tiempo que la Europa del Este me estaba llamando bastante la atención. Debe ser porque mi periplo de seis años en Londres me ha permitido conocer a gente de esta parte del globo y su cultura me genera curiosidad. Si nunca has estado en la capital polaca, quédate y descubre Varsovia express con amigos.

    No era la primera vez que visitaba esta parte del este de Europa, aunque sí la primera en Polonia. Ya de niña había viajado con mi familia a Praga, Viena y Budapest. Tres destinos a los que me encantaría volver y disfrutar desde otra perspectiva, ya que cuando fui era una adolescente que aborrecía los museos y las óperas, pero en cambio recuerdo que lo más emocionante de aquel viaje fue comerme un perrito caliente. No me juzguéis, ya he dicho que era una adolescente a la que le gustaba Orlando Bloom, Avril Lavigne, las galletas oreo y como es obvio, los perritos calientes.

    Dejando a un lado este lapsus (todos tenemos un pasado), destacar que, aunque me siguen fascinando las salchichas, lo de Polonia fue un fin de semana pasadísimo por agua. Pero también por cervezas y por un descubrimiento absoluto por esta parte europea que definitivamente quiero seguir conociendo.

    Polonia en un fin de semana

    Lo de ir a Polonia así porque sí no fue casualidad, sino la ruleta rusa de Skyscanner de “a ver qué vuelo sale más barato”. Iba con una amiga con la que ya tengo una tradición de viajar en febrero. El año pasado tocó Oporto y éste Varsovia.

    Yo volaba desde Madrid y mis vuelos fueron €120 ida y vuelta. Lourdes venía de Londres y ella consiguió vuelos más económicos (la mitad para ser sinceros, €60 pagó ella). Sigo reivindicando mi frustración con el aeropuerto Madrid-Barajas y sus elevadísimos precios.

    Llegamos un jueves por la noche y nos dirigimos al hotel, ya sabéis cuál supongo… Sí, Hilton VarsoviaUn imponente edificio en la zona financiera de la ciudad, rodeada por otros skyscrapers en los que es difícil acertar dónde terminan  y no porque sean altísimos, sino más bien por esa niebla crónica que envuelve la ciudad y que le otorga su encanto.

    En mi cabeza Varsovia se presentaba como una ciudad de muchos parques, calles con edificios pintorescos con toques germánicos donde predominan las maderas y colores vivos y el río surcando la ciudad. Pero lo cierto es que no podemos obviar la historia de este país sacudido por la guerra y cuyos cimientos fueron derribados hasta dejar la ciudad en ruinas. Varsovia es una ciudad completamente nueva, reinventada y moderna.

    Día 1 en Varsovia.

    Nos despertamos después de un reponedor sueño de unas cinco horas. Acto seguido fuimos a por el también reponedor desayuno. Los buffets del hotel son mi más absoluta perdición. Y tienen salchichas.

    Con el estómago lleno y contento, pusimos rumbo a descubrir la ciudad cubierta en esa niebla de la que os hablaba. Mi amiga, que necesitaba un finde de relax, reservó un masaje thai en un lugar llamado Chok Dee. Yo tras mi experiencia en Tailandia, puedo decir que las expectativas no eran altas, pero me lo gocé y me crujieron hasta los dedos de los pies.

    Pusimos rumbo al Stare Miasto, que es como se conoce al centro histórico. Pequeñito, pero el único lugar donde aún se percibe la esencia de la vieja Varsovia. Visita imperdible al Palacio Real que cuenta con innumerables estancias, a cada cual más bonita que la anterior y con una decoración sublime que ríete tú de mi estudio en Madrid de 50 metros cuadrados (y siendo muy generosa con los m2).

    Nosotras teníamos un cometido, o bueno dos. Quizá tres: comer pierogi, beber cerveza non stop y visitar todas y cada una de las tiendas de cosméticos que encontráramos a nuestro paso. Si ves mi extracto bancario el 50% lo gasté en comida y bebida y el otro 50% en cremas y maquillaje. Es lo que ocurre cuando viajas con Lourdes, tu asesora de belleza personal.

    Hacía muy mal tiempo y bastante frío. Necesitábamos comida tradicional y calentita. Nos dirigimos al restaurante Zapiecek, al que ya le habíamos echado el ojo por redes. Obviamente pedimos pierogi, que es como un dumpling -empanadilla- típica. En este sitio tenían de todos los rellenos posibles, con carne, sin carne, con legumbres, patata, verduras… Para acompañar pedimos una especie de gnocchis de patata con salsa y una especie de croquetones, unos de queso y otros de carne. Cerveza y a volar.

    No llevábamos ni 24 horas en la ciudad y ya habíamos engordado lo menos 3 kilos. Las horas posteriores las dedicamos a pasear, visitar galerías de arte, las ya mencionadas tiendas de cosméticos y acabamos en un coqueto café inspirado en Harry Potter llamado Espresso Patronum. Me encanta la originalidad del nombre. Pero para original sus bebidas y sus dulces. Desde la típica cerveza de mantequilla y mockteles con purpurina, hasta pasteles con forma del sobrero seleccionador, tartas de calabaza y cookies. Yo me pedí una manzanilla. Sí, pa’original yo.

    Como llovía de lo lindo, decidimos refugiarnos en el hotel y tomarnos un par de vinos en el executive lounge. Ya más hacia la noche, quisimos descubrir la oferta de nightlife y regresamos al Stare Miasto donde terminamos la noche tomado una cerveza tras otra en un garito con mesa de villar y conciertos en directo.

    Día 2 en Varsovia

    Empezamos el día cortándonos con el buffet del desayuno y con una buena caminata desde el hotel hasta el barrio judío de Varsovia. Nuestro objetivo: llegar al Palacio de la Cultura y las Ciencias o cómo nosotras lo bautizamos cariñosamente “La Giralda de Varsovia”. Ojú, como se parecía, a la foto me remito.

    En nuestra andadura, encontramos edificios modernos y otros más clásicos. El tranvía que cruza la ciudad, graffitis, y esa niebla que vayas a donde vayas está siempre presente. Hicimos un coffee break en un bistró situado en la calle Prozna. Este sitio se llama Charlotte Tea y ahí probamos el Chalka, un bollito kosher delicioso.

    Visitamos también la zona universitaria y terminamos en Elektrowniaun mercado ubicado cerca del río Vistula y que nos encantó. Contaba con una planta entera dedicada al “beauty” y tiendas vintage donde yo casi me compro una bomber clásica, de éstas de forro naranja.

    Como nos apetecía comer algo tradicional, tiramos para otro barrio llamado Srodmiescie. Nos sentamos en un restaurante llamado U Szwejka porque Lourdes tenía antojo de schnitzel y sopa. El schnitzel no es polish, más bien de Viena o Alemania, pero también se ha convertido en plato estrella en la capital polaca. La camarera incluso nos invitó a un par de licores polacos que definitivamente nos hicieron entrar en calor.

    En Varsovia hay muchos mercados de carácter industrial, como el mencionado antes o al que fuimos también después del schnitzel, Fabryka Norblina. Aquí puedes encontrar un montón de opciones de restauración y un pub especializado en cervezas (tienen muchísimas opciones).

    Por último, para acabar nuestro segundo día en Varsovia, quisimos deleitarnos con las vistas infinitas de la ciudad de noche desde unas de sus azoteas. Elegimos The Roof SkyBar del hotel Crown Plaza Warsaw the Hub. Un lugar bastante de postureo con tapitas muy selectas y DJ en directo.

    Otras cosas qué hacer en Varsovia

    La verdad es que el finde se nos pasó volando. La sensación fue de estar comiendo y bebiendo casi todo el rato. El tiempo no acompañaba, por lo que las visitas culturales tuvieron que ser canceladas. Nos quedamos con las ganas de visitar el Roof Garden de la universidad. Un impresionante espacio verde donde predominan los callejones cubiertos por enredaderas, laderas que recuerdan a Hobbitown y vistas al río. En un día soleado es visita imperdible.

    Lazienki Palace es otro lugar al que teníamos pensado ir pues sus jardines son también dignos de ver. La visita la tuvimos que cancelar no solo por la lluvia, sino porque cerraban muy pronto (a las cinco de la tarde) y fue un detalle que no tuvimos en cuenta. El interior de sus palacios son lo que yo llamo un caos armonioso. Todas las estancias se encuentran plagadas de arte, tapices, cuadros y estatuas. Es evidente esa majestuosidad digna de los grandes palacios europeos. Éste en especial me recordaba al de la emperatriz Sisi de Viena.

    Otros parques que hay por la ciudad son Park Praski y Saxon Garden.

    Por último, si se cuenta con un poco más de tiempo, se podría considerar la excursión de un día a la ciudad de Cracovia, Se tarda unas dos horas y media en tren y cuesta 13 euros. Cracovia es una ciudad bastante alternativa y con muchas opciones de ocio.

    Otra excursión típica, aunque no de mi interés, ya que en esta ocasión nosotras buscábamos algo de ambiente relajado y disfrutar del ocio, sería la visita del campo de concentración de Auschwitz que se encuentra muy cerca de Cracovia, pero eso sí, hay que ir bastante preparado pues su historia como bien sabéis, es sobrecogedora.

    Polonia es un país fascinante con personalidad propia y se plantean innumerables rutas e itinerarios. Aquí te propongo el mío, perfecto para un fin de semana con amigas o incluso un viaje que también se puede hacer en pareja o familia . Un desino para todos los públicos según el enfoque que le des. Seguro que no te decepciona.

     

  • París la escapada perfecta

    París la escapada perfecta

    Bonjour queridos lectores. Aunque tarde, aquí llega mi experiencia en París en fin de año.

    Este año quería empezarlo con un viaje y después de tantear varios destinos decidimos irnos a la capital francesa. No queríamos coger avión y desde London St Pancras hasta Paris Gare du Nord con el Eurostar se tarda dos horas y quince minutos y el tren deja en pleno centro de la ciudad sin tener que desplazarnos desde el aeropuerto.

    Moulan Rouge

    Eurostar es una maravilla si vives en Londres y quieres viajar a ciudades europeas como Ámsterdam, Bruselas o París. Precio es bastante asequible si lo comparas con el de un billete de avión que en nuestros días se ha disparado como si fuera petróleo. Donde hace un par de años era muy posible encontrar billetes ida y vuelta por menos de 100 euros, ahora esto es algo muy difícil de conseguir y a mí personalmente que Ryanair me cobre más de 200 pavos por vuelo sin maleta y que la calidad sea la misma o peor, pues me parece una broma de mal gusto.

    Dejando este tema a un lado, prosigo con mi voyage a París (no tengo ni idea de francés, pero voy a ir metiendo palabras para hacerme la interesante). Llegamos hacia las nueve de la noche a la capi, cenamos algo rapidito en uno de los innumerables cafés parisinos que se sitúan por la zona de la estación y cogimos un taxi al hotel (Uber funciona perfectamente así que es una buena opción).

    Nos alojamos en Hampton by Hilton Paris Clichy, que gracias al descuento de trabajador nos salió la estancia por menos de 200 euros por tres noches. Hampton, aunque es una basiquito de Hilton, ofrece muy buenos precios y es un hotel que se encuentra en todas las principales ciudades así que es una buena opción de alojamiento.

    La última noche la pasamos en Hotel Camille Paris Gare du Lyon Tapestry Collection by Hilton, éste más íntimo y céntrico, es un hotel boutique ideal para cortas estancias.

    Notre Dame Paris

    Qué hacer en un día gris en París

    Enero no es que sea un mes donde los fenómenos meteorológicos sean muy favorables – de hecho, la ciudad estaba envuelta en un color grisáceo un poco feo que me decepcionó. Lejos del colorido reluciente que puedes encontrar en París en otras estaciones del año como en primavera o verano, el invierno lo tiñe todo de oscuro y hay como una neblina que esconde todo el atractivo de la ciudad.

    Conclusión: hace frío, viento y llueve.

    Y es por eso que París es el destino perfecto para ir de museos y de compras. O al menos, sino de compras, a deleitarse con edificios espectaculares como las Galerías Lafayette y su rooftop panorámico desde el que se ve la Basílica del Sacre Coeur y la Torre Eiffel y es todo un deleite. Mirad que foto más de revista nos sacaron:


    Musee de Louvre y Musee D´Orsay, otras dos opciones imperdibles en París y perfectas para días miserablemente grises.

    Nosotros sacamos los billetes como un mes antes porque tienden a agotarse. Las colas son kilométricas, así que merece la pena pagar un poco más por el “fast track” y evitarse la cola. Nosotros no lo hicimos porque no nos esperábamos que las colas fueran de horas y horas de espera como si estuviéramos en el mismísimo Vaticano pero, vimos un video en Tik Tok que hablaba de una puerta un poco secreta que nos llevaría directos a la entrada. Digo poco secreta porque claramente otros muchos listos como nosotros habían visto el video y la cola seguía siendo considerable. Bueno, al final nos hicimos nuestro “fast track” casero y nos colamos.

    Musee de Orsay Paris

    Musee Louvre y Musee D’Orsay pueden ocuparte por horas, así que recomiendo investigar antes de ir, seleccionar aquellas secciones que quieres visitar e ir directos al grano.

    Apunte: si quieres ver a La Mona Lisa de cerca tendrás que pagar un coste adicional y hacer otra cola. Ni se te ocurra acercarte a ella porque hay como diez seguridades alrededor y te gritarán y asaltarán como si fueras un criminal.

    Dónde comer en París

    Esta es mi parte favorita de siempre. Pero yo que soy un poco ignorante, no sabía que la cocina francesa tenía tanto que ofrecer.

    Si algo he aprendido de mi novio que ha sido chef por mucho tiempo, es que las bases de todas las cocinas del mundo (o la mayoría) fueron asentadas por los franceses. Grandes disputas he tenido yo porque me sale mi orgullo español y cuando le digo que la tortilla española es única me suelta que la tortilla española existe por la tortilla francesa. Y cuando le menciono las croquetas va y me sale con que tienen bechamel que fue elaborada por primera vez en Francia.

    Discutir sobre cocina con mi novio no es una conversación fácil y llevadera y él es italiano, así que no entiendo que obsesión tiene con los franceses.

    Pasando página. Probé unos crepes que madredelamorhermoso.

    El lugar se llamaba Abbesses Breizh Café, ubicado en pleno Montmatre, cerquísima de Moulan Rouge y a distancia aceptable de la Basílica del Sacre Coeur. Yo tenía antojo de crepe desde noviembre cuando empezamos a planear el viaje. El barrio es de mis favoritos, todo super bohemio, con un montón de cafés con sus típicas terrazas parisinas encaladas en aceras estrechas y calles empedradas.

    Crepe en Paris

    Breizh Café es una franquicia de crepes y vinos ubicados en varios puntos de la capital, por lo que es una buena opción para una parada rápida y deliciosa.

    Por supuesto, otro de los clásicos: Croque Monsieur y Croque Madame. Con french fries. Absolutamente reponedor, sobre todo después de Noche Vieja, que fue nuestro caso. Encontramos este agradable café llamado Le Quartier Général en el barrio Latino. Estábamos un poco destrozados por la noche anterior pero la verdad que la comida nos dio bastantes energías para continuar visitando la ciudad.

    Sopa de cebolla, otro plato típico que se puede probar aquí. A mí no me llama, pero dicen que es exquisita.

    Croque Madame Paris

    La ubicación es muy acertada ya que se encuentra muy cerca de Notre Dame y la Sainte-Chapelle. Nosotros reservamos un free tour por la zona que, a pesar de la lluvia, fue muy interesante y recomendable. Sea cual sea la ciudad que visito, siempre reservo un free tour. En el caso de París, lo hicimos a través de Walkative.

    Y cómo venir a Francia y no comer queso. Raclette, fondue, tartiflette, tabla de quesos, camembert, roquefort, brie… Esto sí que es una aportación francesa al mundo importante señores.

    ¿Dónde probar fondue o raclette? Nosotros nos pegamos el festin en Le Bistrot du 20, una brasserie ubicado en Les Halles. Otro restaurante cercano y que son de los mismos dueños (y es más famoso) es Le Bistrot Les Halles. Cualquiera de los dos es perfecto para probar estos dos platos típicos y te aseguro que saldrás rodando.

    ¿Qué más comer? Croissants. Y repostería de cualquier forma y color. Qué gusto da visitar un horno en esta ciudad. Es todo tan colorido y bonito. Baguette. Mi novio se propuso el objetivo de encontrar el croissant perfecto. No estamos seguros de haberlo encontrado así que habrá que volver.

    El croissant perfecto en Paris

    La Noche de París

    Por último, pero no menos importante, hablar de la oferta de ocio nocturna.

    Como he mencionado antes, viajamos a París en Noche Vieja. Lo malo de viajar en 31 de Diciembre es que no sabes dónde salir de fiesta o dónde comer. Quieres que la noche sea perfecta y te da miedo cagarla y terminar en un garito de mala muerte.

    Pues nosotros decidimos no planear la noche e improvisamos. Cenamos en el restaurante Chez Loulou en Le Marais que es una zona para salir a cenar y de copas de moda en París. El precio por la cena fue bastante razonable y comimos entrante, principal, postre, pan, café, vino y champagne. O sea que no nos podemos quejar.

    Después nos quisimos adherir a todo el gentío agolpado en la Avenida des Champs-Élysées y en frente del Arch de Triomphe para dar la entrada al año con el espectáculo de fuegos artificiales. El error fue no planearlo bien y no llevar algo de bebida porque estaba todo cerrado y encontrar un bar o pub fue tarea imposible.

    París no deja de ser una ciudad mágica, aunque no hayan bares cerca, aunque sea un día gris y frío y aunque no vayas a comerte un buen queso. Una ciudad a la que volver e intentar encontrar el croissant perfecto.

    Tour Eiffel Paris

  • Cinco experiencias gastronómicas en Londres

    Cinco experiencias gastronómicas en Londres

    Hablemos de comer. Que no comer mientras hablemos. Eso no deberíamos hacerlo. En esta web también os enseño maneras.

    Bromas a parte. Soy una real foodlover y me encanta probar sitios nuevos. Con los años me he vuelto incluso más exquisita con la comida y ya no busco solo una sensación de sabores, sino de sentidos. Apuesto por restaurantes que además son deliciosos a la vista, aquellos que ofrecen una experiencia inolvidable. Comer es un espectáculo.

    Londres es esa ciudad perfecta para explorar diferentes tipos de comidas y culturas. En los últimos meses he probado varios restaurantes perfectos para citas o quedadas con amigos que me han dejado con la boca abierta y que no puedo dejar de recomendar. Aquí va mi TOP 5 de mejores restaurantes en Londres:

    1. AMAZONICO LONDON.

    Este restaurante, localizado en Londres, compite, pero no con mucho esfuerzo, con otros resturantes de mucho nivel en el que es el barrio de más lujo de la ciudad, Mayfair. No es para cualquiera. Y lo digo muy en serio, de verdad ve dispuesto a disfrutar de la última miga de pan porque vale su peso en oro y la cuenta asciende a niveles estratosféricos.

    ¿Qué vas a encontrar aquí? Pues como su propio nombre indica, un amazonas pero sin río y sin mosquitos. La comida es fusión entre asiática, mediterránea y brasileña, sobre todo ésta última. Me declaro super fan de la comida de Brasil. Cóckteles a la orden del día.

    ¿Y qué más? Música en directo, sobre todo jazz y hasta un DJ. Zonas chill out, plantas por todas partes, una selva en el techo y un servicio excelente. Se nota cuando vas a un sitio de lujo ya que los camareros te explican que es lo qué hay en el plato, cómo se ha cocinado y como hay qué comerlo. Mis dieses señores.

    What´s on the menu?

    Pues nosotros pedimos guacamole con erizo, patacones mechados sobre base de plátano crujiente, atún laqueado, aguachile al más puro estilo mexicano con ceviche, lubina, presa ibérica y como acompañante, verduras asadas. Todo bien acompañado con vino blanco, del que no recuerdo el nombre. Pero seguro que cualquier vino que ofrezca la carta es buena elección.

    Restaurante Amazonico London
    Restaurante Amazonico London
    2. AUBAINE HYDE PARK

    De carácter francés. De lo que alardean: su afternoon tea. Postres de ensueño. Pero su menú principal está diseñado por dioses. No os engaño si os digo que hacía mucho tiempo que quería probar este restaurante, localizado junto a Hilton Hyde Park, un hotel que es todo un encanto y que está encalonado en una fachada de estilo clásico y que mira de frente a los Kensington Gardens. La localización es ya un regalo. Si hace bueno, prepárate para pelear por una mesa en la terraza. Y si eres eres un viandante que pasa por la zona, no podrás evitar cruzar tu mirada con los platos de sus comensales.

    El restaurante es de estilo clásico también pero mezclando ese rollo underground que tanto se lleva en Londres. El techo se conforma por el típico andamio industrial. Mesas de madera robusta y todo pintado de blanco. La luz que entra del exterior también es clave para una reunión diurna perfecta.

    Aproveché y fui con mis padres y mi hermano cuando vinieron a visitarme a Londres. Pedimos burrata, calamares, entrecot, ensalada de atún (de las mejores que he probado) y pasta de langosta (lobster spaghetti queda más refinado).

    ¿Qué más se puede encontrar aquí? Vinos franceses. Y no puedo irme sin mencionar el trato de su personal, especialmente, su manager Alberto, quien hizo que disfrutáramos al 110% de nuestra velada y ofreciéndonos una selección de postres de cortesía.

    Restaurante Aubaine Notting Hill
    Restaurante Aubaine Notting Hill
    3. PORTOBELLO RISTORANTE PIZZERIA

    No me matéis, pero mi primera opción cuando salgo a comer o a cenar por ahí, no son restaurantes italianos. Ahora que, con éste hago una excepción. También llevé a mi familia porque muchos amigos y conocidos me recomendaron este lugar. Su dueño, Mauro, es italiano y una bellisima persona. Este es un restaurante para comer pasta, aunque uno de los platos más recomendados por su gerente es la pizza margarita así que había que probarla.

    El restaurante también es muy bonito por dentro y en la entrada tiene un jardín privado lleno de plantas. En su interior, cuadros que transportan a la vida local italiana. Yo soy de placeres básicos y que me reciban con pan, aceite de oliva y vinagre de módena, es un camino directo a mi corazón. Acomapañado con birra Peroni para no desentonar.

    De entrantes pedimos calabacín frito, marinado 24 horas en leche. Carpaccio de atún, pizza margarita y tallarines con berengena y burrata, aunque suena mejor en italiano: tagliatelle melanzana e burrata.

    Si hay algo que no falta en Londres son restaurantes italianos y gente italiana. De éstos conozco a bastantes, de restaurantes no tantos. Sin duda, llevaría a mis amigos italianos a este restaurante y disfrutaría viendo su reacción porque este lugar no puede defraudar ni si quiera a uno de los «suyos».

    Pizza Margarita en Portobello Ristorante Pizzeria
    Pizza Margarita en Portobello Ristorante Pizzeria
    4. BELLANGER

    Vale, yo no sé por qué no peso 300 kilos, pero bueno nunca es tarde y voy en buen camino. Bellanger fue toda una sorpresa para mí, cuando por primera vez fui a hacer un brunch con unos amigos y me dije «tengo que volver». Y ya sabes, aprovechas y te sacas de la manga estas recomendaciones cuando alguien de fuera viene a visitarte. Mis amigas vinieron hace un mes y queríamos hacer el típico brunch inglés, así que no tuve dudas ni sospechas, este sitio entraba en nuestro recorrido de «72 horas con amigas en Londres».

    Está situado en el barrio de Angel, el cuál es super chulo porque tiene varias callecitas estrechas llenas de tiendas únicas y un mercado vintage donde se pueden encontrar cosas muy curiosas y también espeluznantes (lo dejo a la imaginación de cada uno).

    Siendo sincera, aunque la carta pinta de lujo y todo merece ser probado, yo solo iría para la hora del brunch. Huevos royal, florentine o benedictinos sobre un muffin-mollete tan esponjoso como crujiente. Le puedes añadir extra de todo, de huevo, de espinacas, de jamón york o de salmón. Aunque con el muffin es suficiente, seguro que pedirás pan para limpiar el plato hasta verlo blanco (un hecho muy español).

    Restaurante Bellanger en Angel, Islington
    Restaurante Bellanger en Angel, Islington
    5. EL&N CAFE

    Para otro brunch rodeado de flores (también te las comes).

    Hay varios EL&N repartidos por Londres y todos son super fotografiables. Un lugar muy de princesas donde abunda el rosa, los pasteles y las flores. Un poco como viajar a Alicia en el País de las Maravillas. Perfecto lugar para tostadas de aguacate, hummus, cafés, tés, frappés y todo lo que acaba en «-és», seguro que hasta canapés y cakes. Y ya lo dejo.

    La vida en Londres es caótica y a veces para ver a mis amigas tengo que ir a su lugar de trabajo: Harrods. Justo en frente hay un EL&N y a veces las espero allí tomándome un café hasta que salen de trabajar (y ya luego nos vamos al pub a por cerveza). También hemos comido allí alguna que otra vez.

    La tostada de aguacate con flores silvestres y huevo pochado es mi favorito. Me paso una hora fotografiándolo y cinco minutos comiéndolo. Es el típico lugar al que las influencers vienen vistiendo sus mejores marcas porque un post cae seguro en Instagram. El precio es muy asequible y la experiencia muy satisfactoria.

    EL&N London
    EL&N London
    EL&N en Harrods
    EL&N en Harrods

    La lista podría ser interminable, pues Londres ofrece infinidad de opciones culinarias. Desde restaurantes con más nivel, hasta mercados de street food. La capital inglesa no lo pone fácil a la hora de elegir el restaurante perfecto, pero con esta selección no te quedarás con hambre!

     

  • Historia y tradición en el icónico The Waldorf

    Historia y tradición en el icónico The Waldorf

    ¿Está mal que escriba sobre el hotel en el que voy a empezar a trabajar? Bueno, pues challenge accepted. Hoy vengo a hablaros de The Waldorf, un hotel de cuento de hadas.

    Podéis llamarle autopromoción o simplemente, como hago yo, podéis dedicaros a admirar la belleza de este edificio histórico que dio vida a noches de tango, fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial e incluso sirvió de escenario para la película Titanic.

    Hablo de The Waldorf Hilton, un hotel situado en pleno centro de Londres, entre Holborn y Covent Garden y en el que a partir de unos días, empezaré a trabajar como supervisora. No quepo en mí del orgullo que siento.

    The Waldorf Hotel, fuente: googe

    Este gigante histórico se levantó en 1908. William Waldorf Astor, primer vizconde Astor, fue quien mandó a construir el emblemático hotel. Se erigió con la idea de seguir la tradición estadounidense en la que el hotel sirviera no solo como lugar donde pernoctar, sino también como espacio en el que el transeúnte podía disfrutar del té de media tarde, tomar una copa, bailar tango, reunirse o comer y cenar en el lujoso restaurante.

    The Waldorf Hotel, Palm Court salon

    A día de hoy, sigue manteniendo su esencia. Unida ya a la tradición estadounidense de aquella época, hay que añadirle también la tradición inglesa de los presentes días, en los que la actividad estrella son los famosos y tradicionales ‘afternoon teas’, antaño pasatiempo de la aristocracia inglesa, hoy en dia un ‘imperdible’ con atractivo turístico para visitantes tanto de dentro, como de fuera del país.

    The Waldorf cuenta con 298 habitaciones, 19 de las cuáles son suites. Además, haciendo alarde del lujo, incluye piscina, sauna y baño turco. Especial mención, como no, a su salón Palm Court, que acogió grandes tangos y sirvió de escenario para «la última noche» del Titanic. Hoy en día sigue brillando impoluto y acoge, de vez en cuando, eventos y celebraciones.

    The Waldorf Hotel

    Justo al lado del memorable salón, está el Restaurante Homage, del cuál destaco sus columnatas y lamparas de araña o ‘chandelier’. Este restaurante imita a los grandes cafés de Europa del siglo XX. El hotel también cuenta con el bar y salón Good Godfrey´s, perfecto para una copa a media tarde. Y por último, el Parrot London, una adquisición más moderna que incluye música y cócteles tropicales.

    ¿Y cómo acabé yo en este lujoso hotel?

    Tras un año difícil de pandemia, en el que aquí, la menda, no ha parado de trabajar, decidí que ya era hora de abandonar mi antiguo trabajo en el Double Tree Hilton Hyde Park y seguir creciendo en este polivalente, cambiante, excitante y también estresante mundo de los hoteles. Decir que este hotel, ubicado en las proximidades de Hyde Park, me ha enseñado todo lo que sé sobre hoteles y servicio al cliente, así que estoy muy agradecida de la experiencia allí cosechada.

    Cabe destacar que Londres vive una buena época para el turismo, aunque éste no sea internacional. Tras año y medio de pandemia, el país y su capital, remontan. Visitantes que llegan de todas partes de Reino Unido. Ejecutivos que empiezan a escaparse a las grandes ciudades a hacer negocios. La vida normal, aunque a pequeños pasos, toma rumbo de nuevo. Este pequeño empujoncito del turismo, ha permitido a los hoteles de Londres, contratar de nuevo. Y a mi, emprenderme en esta nueva etapa-aventura.

    The Waldorf Hotel

    El cambio no puede llegar en mejor momento, pues ya desde hacía meses necesitaba un giro y una motivación en mi vida.

    Antes de conseguir el trabajo, me alojé por una noche en The Waldorf con mis amigas, Rosa y Lourdes. Precisamente fuimos a celebrar el cumpleaños de Rosa y nos dieron una habitación King Deluxe en el último piso. Pusieron una cama extra para acomodarnos a las tres. La habitación estaba cuidada al detalle, incluía mini bar, gominolas y hasta un osito de peluche adorable y por supuesto, amenities.The Waldorf Hotel

    El hotel me pareció precioso, Caminar por los pasillos era como deambular por un buque antiguo. Me sentía como en el mismísimo Titanic. Me gustó hasta la moqueta que cubre el suelo y eso que yo soy de detestar las moquetas.

    Proseco at The Waldorf Hotel

    Cenamos en el Restaurante Homage, nos hicimos fotografías en el salón Palm Court, hablamos con el personal, todos muy agradables y serviciales. Y destaco el desayuno, que fue a la carta con una parte de buffet libre donde el huésped se puede servir de bollería, cereales y zumos.

    The Waldorf Hotel

    Disfruté especialmente del desayuno, debe ser porque es mi comida favorita del día, pero sobretodo porque soy muy fan de las tostadas con aguacate. El desayuno estrella incluye también huevos revueltos y el típico ‘English breakfast’ a base de bacon, salchichas, alubias rojas y hash browns de patata.

    The Waldorf Hilton es una opción acertada para aquellos que quieren mimarse y sentirse mimados.

    The Waldorf Hotel

  • Dublín en 36 horas

    Dublín en 36 horas

    Dublin es una de esas ciudades a las que siempre he querido ir. Después de dos años viviendo en Londres, siempre he escuchado que la capital irlandesa es como la capital inglesa pero con mejores «vibes». Ambiente alternativo y buenrollismo que se hacen palpables desde el minuto uno, donde sus habitantes son muy agradables y acogedores.

    En un respiro de pandemia, mi amiga Rosa y yo compramos los billetes que nos costaron 30 euros ida y vuelta. Haciendo uso de mi privilegiado descuendo por trabajar en Hilton Hotels, el hotel también fue una ganga. El Hilton Garden Inn Dublin Custom House es una buena opción de alojamiento céntrico en la ciudad con vistas estupidendas al río Liffey.

    Lo que más me sorprendió, en tiempos de Covid, fueron las cautelosas medidas de higiene. No pudimos hacer uso del restaurante porque permanecía cerrado pero había un pequeño lounge en el que el huésped podía servirse de snacks, bebidas e incluso otros enseres de higiene y cuidado personal como champús, geles de baño, cepillos de dientes, etc.

    Nuestra estancia fue corta pero intentamos exprimir el viaje al máximo aún teniendo en cuenta que Irlanda seguía en cuarentena y muchos establecimientos seguían cerrados o limitando la entrada o sus actividades.

    Galería de arte en Temple Bar

    Día Uno: zona centro y fábrica Guinness

    A mi, que me encantan los colores, los graffitis y las casas de apariencia antigua, no daba a basto con las fotografías. Puedo decir que la zona centro y el distrito de Temple Bar son mis lugares favoritos, allí donde se congrega la oferta artística y cultural y el ocio nocturno, que de nuevo, por la época que vivimos, se ha visto interrumpido.

    Uno de los tantos callejones artísticos en el centro de Dublín

    Nada más llegar al aeropuerto cogimos un autobús que por tres euros y treinta céntimos te lleva al mismísimo centro de Dublín. Aquí quiero mencionar la app de Tricount que ha sido la cabeza pensante en cuanto a temas financieros se refiere. Para quien no conozca la app, es una muy buena herramienta para compartir gastos.

    En cuestión de treinta minutos, el autobús nos dejaba en la avenida principal y la más grande de Dublín y de toda Europa: O´Connel Street. Aquí se encuentra la estatua del líder que da nombre a la calle y el monumento The Spire. Éste está considerado como el más alto del mundo llegando a alcanzar los 119 metros, que el cuello te hace volteretas para poder ver el final del, vulgarmente hablando, «palo de acero».

    Una vez que llegamos al hotel y nos acomodamos, decidimos patear y buscar un garito bueno, bonito, barato, para comer y birrear. Primero hicimos un buen registro de fotos, al paisaje y a nosotras mismas. Cogimos fuerzas y seguimos la andadura hasta uno de los objetivos de cualquier viajero que pise Dublín: la Guinness Storehouse, donde nace y se produce esta rica bebida a base de agua, cebada, lúpulo y levadura de cerveza.

    Guinness o’clock

    Ésta es una atracción tan interactiva que te sentirás como un niño en un museo de ciencia. Aunque el final del tour no se recomienda para menores de edad, ni tampoco para «flojos», ya que la cata de cervezas en la azotea del edificio con vistas espectaculares a la ciudad, no es solo la guinda del pastel, sino una tarea para valientes.

    Eso sí, es muy recomendable comprar las entradas con anterioridad. Hay distintos precios, el que incluye la cata es de 30 euros y sin cata son 15 euros.

    Otras atracciones que vimos durante esa tarde fue la Iglesia Christ Church Cathedral, el barrio del Temple Bar y callejones llenos de reivindicaciones artisticas.

    Graffitis en Temple Bar

    Temple Bar: opción de noche y de día

    El cuerpo siente la llegada de la noche, sobretodo cuando estás en una ciudad nueva e inexplorada. Y si eres Español tienes dos objetivos: música y alcohol. Lo del alcohol lo conseguimos.

    No era fin de semana, sino un miércoles cualquiera y casi todo permanecía cerrado, pero nuestras ganas de ponernos nuestro vestidazo y salir de pubs eran de una fuerza inestimable.

    Así que breve paradita en el hotel, a ponerse monas y a salir en busca de música. Nuestro plan era disfrutar de un concierto de música irlandesa, y de hecho lo intentamos concienzudamente pero fue un completo fail. Aún así nos contentamos pegándonos un festín en un restaurante tex mex que no voy a recomendar porque ni es típico, ni recuerdo el nombre.

    Temple Bar es una muy recomendada opción, tanto de día por el color de sus fachadas, sus graffitis, galerías de arte y teatros; como por la noche en la que la oferta de ocio se dispara con incontable número de pubs que ofrecen comida y cervezas típicas y música en vivo.

    Edificios en el distrito Temple Bar

    Día dos: de parques y compras

    Al día siguiente nos quisimos centrar en lo importante: compras (aunque al final no compramos nada) y también recorrimos un parque atestado de patos y flores de colores.

    El parque en cuestión es St. Stephen´s Green Park localizado en la zona del centro de Dublín. No fue casualidad que llegáramos hasta allí, pues justo al lado se encuentra la zona comercial Grafton Street. Además de belleza inusual, con un lago enorme, fauna repleta y flores de mil colores, es un remanso de paz y desconexión en pleno centro. También es el parque más grande de Dublín.

    Callejones cerca del área comercial de Dublín

    Un día y medio en Dublín no fue suficiente para contemplar su belleza pero eso es lo que más nos gustó de este viaje: que queríamos más, nosotras, las insaciables.

    Entre visitas culturales, artísticas y naturales también tuvimos tiempo de degustar café y tarta de pistacho, cerveza irlandesa, charlamos con sus habitantes y nos hicimos fotos en innumerables iglesias y graffitis, que son la esencia de Dublín.

    Momento tarta y café
  • Las Obras de Nantes

    Las Obras de Nantes

    A principios de mes estuve de viaje por trabajo en Nantes, echaba de menos subirme a un avión después de casi tres meses tras regresar de Jamaica (cómo pasa el tiempo), ya tenía un monazo que me supuraba los poros, es lo que nos ocurre a los yonkis de los viajes, que sino volamos cada tres meses nos da un yuyu, a mí me estaban empezando a salir canas.

    Patologías viajeras a parte… Sí, he descubierto Nantes. Descubrir porque no tenía grandes expectativas, aunque siempre que sales de tu zona de confort te sorprendes. A decir verdad, no esperaba que esta parte de Francia tan poco afectada por el fenómeno turístico tuviera tantos atributos para atraer a viajeros, sobre todo a los culturetas y los de buen comer.

    Si es que nos mencionan Francia y no salimos del cliché parisimo y de la Côte d’Azur, bien merecido prestigio: por un lado la ciudad de l’amour y por el otro la conocida como Riviera Francesa. Pero Nantes, también ubicada en el mapa por ciertos atributos como sus viñedos o los castillos del Loira, tiene además: historia, cultura, playas, ríos y un ambientazo un lunes por la noche que no se lo cree ni Madrid. Bueno, igual exagero en esto último, pero de verdad que los nanteses son unos adictos a las terrazas, aunque caiga el diluvio universal, que es lo que nos ocurrió ese lunes del que os hablo.

    Viajé con un maravilloso grupo de españoles, agentes de viajes y organizadores de eventos con los que he compartido muy buenos momentos bajo el cobijo de un paraguas, o en el autobús cubriendo travesía entre ciudades, incluso el futbolín del hotel ha sido testigo del buen rollo del grupo.

    Volamos con Air Nostrum, compañía regional que opera para Iberia. De mis aerolíneas favoritas para viajar a Europa, comodidad, rapidez y accesibilidad las definen, calidad-precio más que aconsejable. Al llegar a Nantes nos esperaban las tan simpáticas Lucile, Sophie y Aurélie de Le Voyage à Nantes que nos hicieron sentir muy cómodos y acogidos desde el primer momento.

    Nantes, proyecto cultural

    Para poner un poco en contexto, Le Voyage à Nantes (El viaje a Nantes) es un proyecto cultural que nace para la promoción de Nantes como destino turístico. Esto es porque no se trata de una ciudad fácil de vender ya que compite contra otras metrópolis francesas que son natural o históricamente más atractivas.

    En los últimos años, Le Voyage à Nantes ha implementado una estrategia cultural en la ciudad que es asombrosa y deja resultados tan inspiradores como emocionantes si recorres “la línea verde”, aquella que atraviesa la ciudad por sus lugares más emblemáticos; o si sigues la senda del río Loira, plagada de demostraciones artísticas tanto amateur como profesionales.

    Se cumplió una de las leyes de Murphy de los viajes, como me viene sucediendo siempre que viajo, eso es algo que nunca cambia: la regla cuando voy a destinos paradisiacos o lluvias sobrecogedoras cuando viajo hacia el norte.

    La lluvia es un mal menor cuando te regala momentos tan divertidos bajo la sombrilla de un bar, con siete personas más pegadas a ti. Y aun se vuelve mejor cuando justo en frente tienes una pantalla retransmitiéndote el mundial, que yo no es que sea futbolera pero esa tensión se contagia rápido.

    Les Machines de l’Ille

    Terrazas a rebosar un lunes por la noche, su ocio es más que evidente. Pero en lo referente al plano cultural, donde toma protagonismo y se homenajea constantemente a uno de sus más excéntricos personajes locales: Julio Verne. Esta reconocida figura ha dejado un sello importante en la idiosincrasia de esta sociedad francesa.

    Les Machines de l’Ille, un museo al aire libre que a mí me transportó a la grandeza del Moulan Rouge, con sus carruseles incluidos. Esos enormes animales de metal convertidos en atracciones de feria son un motivo por el que visitar este bestiario con vistas al Loira. El Grand Éléphant, El Carrousel des Mondes Marins, o uno de sus proyectos más prometedores y desafiantes, Arbre aux Hérons, un gigantesco árbol de metal que estará listo para 2022.

    El Loira parece acoger casi todas las demostraciones artísticas de la ciudad, pero saliendo de esta ruta a orillas del río encuentras otros símbolos históricos modernamente reconvertidos en restaurantes o museos.

    La línea verde

    Se trata de una ruta dibujada en el suelo de Nantes que recorre los espacios más emblemáticos de la ciudad, atraviesa el casco antiguo, un lugar que destaca por esas chimeneas que recuerdan a los deshollinadores de Mary Poppins; El Castillo de los Duques de Bretaña que hace las veces de museo para exposiciones temporales (cuando fui yo la exposición era sobre la serie Vikings) y otras acoge grandes eventos y fiestas. O la antigua fábrica de las famosas galletas LU que todos hemos comido, ahora es un restaurante, café, sala de conciertos, exposiciones y también librería.

    Lo que más me gusta de Nantes, y solo os he hablado de estas dos rutas, en los próximos episodios os descubro más joyitas; lo mejor de todo, es la capacidad de hacer partícipe al visitante de los eventos culturales. Montar en el Grand Éléphant o tirarte en tobogán desde lo alto de un castillo aseguran experiencias que sobrepasan los límites culturales y te meten dentro de este raro mundo del imaginario de Julio Verne.

    Y como me encanta publicar mil fotos de mis viajes, me callo ya, que las fotografías hablan por sí solas.

    Hotel Château Des Tourelles, castillo, spa y está situado en frente del mar

    Uno de los postres típicos, Gateau Nantais, a base de ron, promete buenas cogorzas

    En Nantes ya van por el año 2150

    Castillo de los Duques de Bretaña

    Castillo de los Duques de Bretaña, explanada interior

    Tejados de Nantes

    Calles de Nantes

    En Nantes cada tienda lleva colgada en la fachada una identificación como ésta

    Castillo Duques de Bretaña y su tobogán para bajar desde lo alto

    Catering bienvenida de la Cité Congrès

    Tabla de quesos franceses

    El Grand Éléphant

    El Carrousel des Mondes Marins

    ¿Dónde comer?
    La Lieu Unique: antigua fábrica de las galletas LU, hoy reconvertido en bar lounge y restaurante contemporáneo.
    Restaurant L’Atlantide 1874 Maison Guého: cuenta con una estrella Michelin y está situado en un emblema de la ciudad, a orillas del Loira, con vistas extraordinarias. Cenar aquí es una regalo para los sentidos.
    ¿Dónde dormir?
    Radisson Blu: dormir en los antiguos juzgados de Nantes. Radisson Blu es un hotel con una arquitectura neoclásica que engloba tradición, historia y modernidad.
    Mercure Nantes Grand Hotel: lo que más me gustó de este lugar es el diseño sostenible que lo decora, cada mueble encierra un pragmatismo maravilloso.
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