Etiqueta: Gastronomía

  • Cinco experiencias gastronómicas en Londres

    Cinco experiencias gastronómicas en Londres

    Hablemos de comer. Que no comer mientras hablemos. Eso no deberíamos hacerlo. En esta web también os enseño maneras.

    Bromas a parte. Soy una real foodlover y me encanta probar sitios nuevos. Con los años me he vuelto incluso más exquisita con la comida y ya no busco solo una sensación de sabores, sino de sentidos. Apuesto por restaurantes que además son deliciosos a la vista, aquellos que ofrecen una experiencia inolvidable. Comer es un espectáculo.

    Londres es esa ciudad perfecta para explorar diferentes tipos de comidas y culturas. En los últimos meses he probado varios restaurantes perfectos para citas o quedadas con amigos que me han dejado con la boca abierta y que no puedo dejar de recomendar. Aquí va mi TOP 5 de mejores restaurantes en Londres:

    1. AMAZONICO LONDON.

    Este restaurante, localizado en Londres, compite, pero no con mucho esfuerzo, con otros resturantes de mucho nivel en el que es el barrio de más lujo de la ciudad, Mayfair. No es para cualquiera. Y lo digo muy en serio, de verdad ve dispuesto a disfrutar de la última miga de pan porque vale su peso en oro y la cuenta asciende a niveles estratosféricos.

    ¿Qué vas a encontrar aquí? Pues como su propio nombre indica, un amazonas pero sin río y sin mosquitos. La comida es fusión entre asiática, mediterránea y brasileña, sobre todo ésta última. Me declaro super fan de la comida de Brasil. Cóckteles a la orden del día.

    ¿Y qué más? Música en directo, sobre todo jazz y hasta un DJ. Zonas chill out, plantas por todas partes, una selva en el techo y un servicio excelente. Se nota cuando vas a un sitio de lujo ya que los camareros te explican que es lo qué hay en el plato, cómo se ha cocinado y como hay qué comerlo. Mis dieses señores.

    What´s on the menu?

    Pues nosotros pedimos guacamole con erizo, patacones mechados sobre base de plátano crujiente, atún laqueado, aguachile al más puro estilo mexicano con ceviche, lubina, presa ibérica y como acompañante, verduras asadas. Todo bien acompañado con vino blanco, del que no recuerdo el nombre. Pero seguro que cualquier vino que ofrezca la carta es buena elección.

    Restaurante Amazonico London
    Restaurante Amazonico London
    2. AUBAINE HYDE PARK

    De carácter francés. De lo que alardean: su afternoon tea. Postres de ensueño. Pero su menú principal está diseñado por dioses. No os engaño si os digo que hacía mucho tiempo que quería probar este restaurante, localizado junto a Hilton Hyde Park, un hotel que es todo un encanto y que está encalonado en una fachada de estilo clásico y que mira de frente a los Kensington Gardens. La localización es ya un regalo. Si hace bueno, prepárate para pelear por una mesa en la terraza. Y si eres eres un viandante que pasa por la zona, no podrás evitar cruzar tu mirada con los platos de sus comensales.

    El restaurante es de estilo clásico también pero mezclando ese rollo underground que tanto se lleva en Londres. El techo se conforma por el típico andamio industrial. Mesas de madera robusta y todo pintado de blanco. La luz que entra del exterior también es clave para una reunión diurna perfecta.

    Aproveché y fui con mis padres y mi hermano cuando vinieron a visitarme a Londres. Pedimos burrata, calamares, entrecot, ensalada de atún (de las mejores que he probado) y pasta de langosta (lobster spaghetti queda más refinado).

    ¿Qué más se puede encontrar aquí? Vinos franceses. Y no puedo irme sin mencionar el trato de su personal, especialmente, su manager Alberto, quien hizo que disfrutáramos al 110% de nuestra velada y ofreciéndonos una selección de postres de cortesía.

    Restaurante Aubaine Notting Hill
    Restaurante Aubaine Notting Hill
    3. PORTOBELLO RISTORANTE PIZZERIA

    No me matéis, pero mi primera opción cuando salgo a comer o a cenar por ahí, no son restaurantes italianos. Ahora que, con éste hago una excepción. También llevé a mi familia porque muchos amigos y conocidos me recomendaron este lugar. Su dueño, Mauro, es italiano y una bellisima persona. Este es un restaurante para comer pasta, aunque uno de los platos más recomendados por su gerente es la pizza margarita así que había que probarla.

    El restaurante también es muy bonito por dentro y en la entrada tiene un jardín privado lleno de plantas. En su interior, cuadros que transportan a la vida local italiana. Yo soy de placeres básicos y que me reciban con pan, aceite de oliva y vinagre de módena, es un camino directo a mi corazón. Acomapañado con birra Peroni para no desentonar.

    De entrantes pedimos calabacín frito, marinado 24 horas en leche. Carpaccio de atún, pizza margarita y tallarines con berengena y burrata, aunque suena mejor en italiano: tagliatelle melanzana e burrata.

    Si hay algo que no falta en Londres son restaurantes italianos y gente italiana. De éstos conozco a bastantes, de restaurantes no tantos. Sin duda, llevaría a mis amigos italianos a este restaurante y disfrutaría viendo su reacción porque este lugar no puede defraudar ni si quiera a uno de los «suyos».

    Pizza Margarita en Portobello Ristorante Pizzeria
    Pizza Margarita en Portobello Ristorante Pizzeria
    4. BELLANGER

    Vale, yo no sé por qué no peso 300 kilos, pero bueno nunca es tarde y voy en buen camino. Bellanger fue toda una sorpresa para mí, cuando por primera vez fui a hacer un brunch con unos amigos y me dije «tengo que volver». Y ya sabes, aprovechas y te sacas de la manga estas recomendaciones cuando alguien de fuera viene a visitarte. Mis amigas vinieron hace un mes y queríamos hacer el típico brunch inglés, así que no tuve dudas ni sospechas, este sitio entraba en nuestro recorrido de «72 horas con amigas en Londres».

    Está situado en el barrio de Angel, el cuál es super chulo porque tiene varias callecitas estrechas llenas de tiendas únicas y un mercado vintage donde se pueden encontrar cosas muy curiosas y también espeluznantes (lo dejo a la imaginación de cada uno).

    Siendo sincera, aunque la carta pinta de lujo y todo merece ser probado, yo solo iría para la hora del brunch. Huevos royal, florentine o benedictinos sobre un muffin-mollete tan esponjoso como crujiente. Le puedes añadir extra de todo, de huevo, de espinacas, de jamón york o de salmón. Aunque con el muffin es suficiente, seguro que pedirás pan para limpiar el plato hasta verlo blanco (un hecho muy español).

    Restaurante Bellanger en Angel, Islington
    Restaurante Bellanger en Angel, Islington
    5. EL&N CAFE

    Para otro brunch rodeado de flores (también te las comes).

    Hay varios EL&N repartidos por Londres y todos son super fotografiables. Un lugar muy de princesas donde abunda el rosa, los pasteles y las flores. Un poco como viajar a Alicia en el País de las Maravillas. Perfecto lugar para tostadas de aguacate, hummus, cafés, tés, frappés y todo lo que acaba en «-és», seguro que hasta canapés y cakes. Y ya lo dejo.

    La vida en Londres es caótica y a veces para ver a mis amigas tengo que ir a su lugar de trabajo: Harrods. Justo en frente hay un EL&N y a veces las espero allí tomándome un café hasta que salen de trabajar (y ya luego nos vamos al pub a por cerveza). También hemos comido allí alguna que otra vez.

    La tostada de aguacate con flores silvestres y huevo pochado es mi favorito. Me paso una hora fotografiándolo y cinco minutos comiéndolo. Es el típico lugar al que las influencers vienen vistiendo sus mejores marcas porque un post cae seguro en Instagram. El precio es muy asequible y la experiencia muy satisfactoria.

    EL&N London
    EL&N London
    EL&N en Harrods
    EL&N en Harrods

    La lista podría ser interminable, pues Londres ofrece infinidad de opciones culinarias. Desde restaurantes con más nivel, hasta mercados de street food. La capital inglesa no lo pone fácil a la hora de elegir el restaurante perfecto, pero con esta selección no te quedarás con hambre!

     

  • Historia y tradición en el icónico The Waldorf

    Historia y tradición en el icónico The Waldorf

    ¿Está mal que escriba sobre el hotel en el que voy a empezar a trabajar? Bueno, pues challenge accepted. Hoy vengo a hablaros de The Waldorf, un hotel de cuento de hadas.

    Podéis llamarle autopromoción o simplemente, como hago yo, podéis dedicaros a admirar la belleza de este edificio histórico que dio vida a noches de tango, fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial e incluso sirvió de escenario para la película Titanic.

    Hablo de The Waldorf Hilton, un hotel situado en pleno centro de Londres, entre Holborn y Covent Garden y en el que a partir de unos días, empezaré a trabajar como supervisora. No quepo en mí del orgullo que siento.

    The Waldorf Hotel, fuente: googe

    Este gigante histórico se levantó en 1908. William Waldorf Astor, primer vizconde Astor, fue quien mandó a construir el emblemático hotel. Se erigió con la idea de seguir la tradición estadounidense en la que el hotel sirviera no solo como lugar donde pernoctar, sino también como espacio en el que el transeúnte podía disfrutar del té de media tarde, tomar una copa, bailar tango, reunirse o comer y cenar en el lujoso restaurante.

    The Waldorf Hotel, Palm Court salon

    A día de hoy, sigue manteniendo su esencia. Unida ya a la tradición estadounidense de aquella época, hay que añadirle también la tradición inglesa de los presentes días, en los que la actividad estrella son los famosos y tradicionales ‘afternoon teas’, antaño pasatiempo de la aristocracia inglesa, hoy en dia un ‘imperdible’ con atractivo turístico para visitantes tanto de dentro, como de fuera del país.

    The Waldorf cuenta con 298 habitaciones, 19 de las cuáles son suites. Además, haciendo alarde del lujo, incluye piscina, sauna y baño turco. Especial mención, como no, a su salón Palm Court, que acogió grandes tangos y sirvió de escenario para «la última noche» del Titanic. Hoy en día sigue brillando impoluto y acoge, de vez en cuando, eventos y celebraciones.

    The Waldorf Hotel

    Justo al lado del memorable salón, está el Restaurante Homage, del cuál destaco sus columnatas y lamparas de araña o ‘chandelier’. Este restaurante imita a los grandes cafés de Europa del siglo XX. El hotel también cuenta con el bar y salón Good Godfrey´s, perfecto para una copa a media tarde. Y por último, el Parrot London, una adquisición más moderna que incluye música y cócteles tropicales.

    ¿Y cómo acabé yo en este lujoso hotel?

    Tras un año difícil de pandemia, en el que aquí, la menda, no ha parado de trabajar, decidí que ya era hora de abandonar mi antiguo trabajo en el Double Tree Hilton Hyde Park y seguir creciendo en este polivalente, cambiante, excitante y también estresante mundo de los hoteles. Decir que este hotel, ubicado en las proximidades de Hyde Park, me ha enseñado todo lo que sé sobre hoteles y servicio al cliente, así que estoy muy agradecida de la experiencia allí cosechada.

    Cabe destacar que Londres vive una buena época para el turismo, aunque éste no sea internacional. Tras año y medio de pandemia, el país y su capital, remontan. Visitantes que llegan de todas partes de Reino Unido. Ejecutivos que empiezan a escaparse a las grandes ciudades a hacer negocios. La vida normal, aunque a pequeños pasos, toma rumbo de nuevo. Este pequeño empujoncito del turismo, ha permitido a los hoteles de Londres, contratar de nuevo. Y a mi, emprenderme en esta nueva etapa-aventura.

    The Waldorf Hotel

    El cambio no puede llegar en mejor momento, pues ya desde hacía meses necesitaba un giro y una motivación en mi vida.

    Antes de conseguir el trabajo, me alojé por una noche en The Waldorf con mis amigas, Rosa y Lourdes. Precisamente fuimos a celebrar el cumpleaños de Rosa y nos dieron una habitación King Deluxe en el último piso. Pusieron una cama extra para acomodarnos a las tres. La habitación estaba cuidada al detalle, incluía mini bar, gominolas y hasta un osito de peluche adorable y por supuesto, amenities.The Waldorf Hotel

    El hotel me pareció precioso, Caminar por los pasillos era como deambular por un buque antiguo. Me sentía como en el mismísimo Titanic. Me gustó hasta la moqueta que cubre el suelo y eso que yo soy de detestar las moquetas.

    Proseco at The Waldorf Hotel

    Cenamos en el Restaurante Homage, nos hicimos fotografías en el salón Palm Court, hablamos con el personal, todos muy agradables y serviciales. Y destaco el desayuno, que fue a la carta con una parte de buffet libre donde el huésped se puede servir de bollería, cereales y zumos.

    The Waldorf Hotel

    Disfruté especialmente del desayuno, debe ser porque es mi comida favorita del día, pero sobretodo porque soy muy fan de las tostadas con aguacate. El desayuno estrella incluye también huevos revueltos y el típico ‘English breakfast’ a base de bacon, salchichas, alubias rojas y hash browns de patata.

    The Waldorf Hilton es una opción acertada para aquellos que quieren mimarse y sentirse mimados.

    The Waldorf Hotel

  • Las Obras de Nantes

    Las Obras de Nantes

    A principios de mes estuve de viaje por trabajo en Nantes, echaba de menos subirme a un avión después de casi tres meses tras regresar de Jamaica (cómo pasa el tiempo), ya tenía un monazo que me supuraba los poros, es lo que nos ocurre a los yonkis de los viajes, que sino volamos cada tres meses nos da un yuyu, a mí me estaban empezando a salir canas.

    Patologías viajeras a parte… Sí, he descubierto Nantes. Descubrir porque no tenía grandes expectativas, aunque siempre que sales de tu zona de confort te sorprendes. A decir verdad, no esperaba que esta parte de Francia tan poco afectada por el fenómeno turístico tuviera tantos atributos para atraer a viajeros, sobre todo a los culturetas y los de buen comer.

    Si es que nos mencionan Francia y no salimos del cliché parisimo y de la Côte d’Azur, bien merecido prestigio: por un lado la ciudad de l’amour y por el otro la conocida como Riviera Francesa. Pero Nantes, también ubicada en el mapa por ciertos atributos como sus viñedos o los castillos del Loira, tiene además: historia, cultura, playas, ríos y un ambientazo un lunes por la noche que no se lo cree ni Madrid. Bueno, igual exagero en esto último, pero de verdad que los nanteses son unos adictos a las terrazas, aunque caiga el diluvio universal, que es lo que nos ocurrió ese lunes del que os hablo.

    Viajé con un maravilloso grupo de españoles, agentes de viajes y organizadores de eventos con los que he compartido muy buenos momentos bajo el cobijo de un paraguas, o en el autobús cubriendo travesía entre ciudades, incluso el futbolín del hotel ha sido testigo del buen rollo del grupo.

    Volamos con Air Nostrum, compañía regional que opera para Iberia. De mis aerolíneas favoritas para viajar a Europa, comodidad, rapidez y accesibilidad las definen, calidad-precio más que aconsejable. Al llegar a Nantes nos esperaban las tan simpáticas Lucile, Sophie y Aurélie de Le Voyage à Nantes que nos hicieron sentir muy cómodos y acogidos desde el primer momento.

    Nantes, proyecto cultural

    Para poner un poco en contexto, Le Voyage à Nantes (El viaje a Nantes) es un proyecto cultural que nace para la promoción de Nantes como destino turístico. Esto es porque no se trata de una ciudad fácil de vender ya que compite contra otras metrópolis francesas que son natural o históricamente más atractivas.

    En los últimos años, Le Voyage à Nantes ha implementado una estrategia cultural en la ciudad que es asombrosa y deja resultados tan inspiradores como emocionantes si recorres “la línea verde”, aquella que atraviesa la ciudad por sus lugares más emblemáticos; o si sigues la senda del río Loira, plagada de demostraciones artísticas tanto amateur como profesionales.

    Se cumplió una de las leyes de Murphy de los viajes, como me viene sucediendo siempre que viajo, eso es algo que nunca cambia: la regla cuando voy a destinos paradisiacos o lluvias sobrecogedoras cuando viajo hacia el norte.

    La lluvia es un mal menor cuando te regala momentos tan divertidos bajo la sombrilla de un bar, con siete personas más pegadas a ti. Y aun se vuelve mejor cuando justo en frente tienes una pantalla retransmitiéndote el mundial, que yo no es que sea futbolera pero esa tensión se contagia rápido.

    Les Machines de l’Ille

    Terrazas a rebosar un lunes por la noche, su ocio es más que evidente. Pero en lo referente al plano cultural, donde toma protagonismo y se homenajea constantemente a uno de sus más excéntricos personajes locales: Julio Verne. Esta reconocida figura ha dejado un sello importante en la idiosincrasia de esta sociedad francesa.

    Les Machines de l’Ille, un museo al aire libre que a mí me transportó a la grandeza del Moulan Rouge, con sus carruseles incluidos. Esos enormes animales de metal convertidos en atracciones de feria son un motivo por el que visitar este bestiario con vistas al Loira. El Grand Éléphant, El Carrousel des Mondes Marins, o uno de sus proyectos más prometedores y desafiantes, Arbre aux Hérons, un gigantesco árbol de metal que estará listo para 2022.

    El Loira parece acoger casi todas las demostraciones artísticas de la ciudad, pero saliendo de esta ruta a orillas del río encuentras otros símbolos históricos modernamente reconvertidos en restaurantes o museos.

    La línea verde

    Se trata de una ruta dibujada en el suelo de Nantes que recorre los espacios más emblemáticos de la ciudad, atraviesa el casco antiguo, un lugar que destaca por esas chimeneas que recuerdan a los deshollinadores de Mary Poppins; El Castillo de los Duques de Bretaña que hace las veces de museo para exposiciones temporales (cuando fui yo la exposición era sobre la serie Vikings) y otras acoge grandes eventos y fiestas. O la antigua fábrica de las famosas galletas LU que todos hemos comido, ahora es un restaurante, café, sala de conciertos, exposiciones y también librería.

    Lo que más me gusta de Nantes, y solo os he hablado de estas dos rutas, en los próximos episodios os descubro más joyitas; lo mejor de todo, es la capacidad de hacer partícipe al visitante de los eventos culturales. Montar en el Grand Éléphant o tirarte en tobogán desde lo alto de un castillo aseguran experiencias que sobrepasan los límites culturales y te meten dentro de este raro mundo del imaginario de Julio Verne.

    Y como me encanta publicar mil fotos de mis viajes, me callo ya, que las fotografías hablan por sí solas.

    Hotel Château Des Tourelles, castillo, spa y está situado en frente del mar

    Uno de los postres típicos, Gateau Nantais, a base de ron, promete buenas cogorzas

    En Nantes ya van por el año 2150

    Castillo de los Duques de Bretaña

    Castillo de los Duques de Bretaña, explanada interior

    Tejados de Nantes

    Calles de Nantes

    En Nantes cada tienda lleva colgada en la fachada una identificación como ésta

    Castillo Duques de Bretaña y su tobogán para bajar desde lo alto

    Catering bienvenida de la Cité Congrès

    Tabla de quesos franceses

    El Grand Éléphant

    El Carrousel des Mondes Marins

    ¿Dónde comer?
    La Lieu Unique: antigua fábrica de las galletas LU, hoy reconvertido en bar lounge y restaurante contemporáneo.
    Restaurant L’Atlantide 1874 Maison Guého: cuenta con una estrella Michelin y está situado en un emblema de la ciudad, a orillas del Loira, con vistas extraordinarias. Cenar aquí es una regalo para los sentidos.
    ¿Dónde dormir?
    Radisson Blu: dormir en los antiguos juzgados de Nantes. Radisson Blu es un hotel con una arquitectura neoclásica que engloba tradición, historia y modernidad.
    Mercure Nantes Grand Hotel: lo que más me gustó de este lugar es el diseño sostenible que lo decora, cada mueble encierra un pragmatismo maravilloso.
  • De despedida gastronómica en Sevilla

    De despedida gastronómica en Sevilla

    En primer lugar, he titulado este repor así porque me despido de las comilonas hasta por lo menos la boda de mi prima. En poco menos de un año tengo tres bodas y un funeral. El funeral de la ropa que ya no me cabe por todos esos kilos de felicidad que me he metido entre pecho y espalda y han ido a parar directamente a mi tripa y a mis muslos. Jamaica tiene mucha culpa, pero es que Sevilla es definitivamente la responsable y el motivo: esas tapitas que tanta envidia levantan para el resto de países que por desgracia no cuentan con una gastronomía tan rica y salá como tenemos en España, y con más énfasis, en el sur.

    Hace un par de fin de semanas estuve en Sevilla haciendo un poco de turismo gastronómico. Un salmorejo o unas croquetas conquistan a cualquiera y estos suculentos platos vienen para quedarse, -en tu tripa y en tus muslos-, pero luego tienes kilómetros y kilómetros de preciosa ciudad con río incluido para patear y sentirte menos mal contigo misma. Si eres como mi familia, no recorres el río sino que te sientas en él mientras te tomas un helado o unas copas, que es un plan alternativo que tampoco está mal, oye.

    Viajar sola, pues mola, y la rima es completamente improvisada, pero una escapada con tu familia y además, solo chicas, es lo mejor que puedes regalarte. Viajar con ellas es algo parecido a un viaje de fin de carrera porque solo haces que beber, comer y comprar. El motivo de nuestra escapada de fin de semana fue la despedida de mi prima Sandra que en poco menos de un mes se casa y como Sevilla es recientemente la city break de las despedidas de soltera pues pallá que nos fuimos.

    La ciudad tiene uno de los cascos históricos más bonitos que existen, ya lo dije anteriormente y lo repito porque me llena de orgullo y satisfacción tener un amigo ruso cuya ciudad favorita del mundo es Sevilla. Pero es que este lugar es de cuento, de película o de serie muy famosa de HBO, sí hablo de Juego de Tronos que, según informaciones obtenidas desde la parte trasera de un taxi por un taxista sevillano profesor de geografía, el elenco de la serie vuelve a la ciudad para seguir rondando su última temporada.

    Castillos, grandes fortalezas, infinidad de influencias arquitectónicas, calles empedradas, el Guadalquiví’, el pincho de tortilla, el pescadito frito, las cañas y la luz. Parecerá una tontería pero el sol es elemento clave para que una ciudad se vea más o menos bonita. Aunque a nosotras nos tocó un fin de semana en el que se alinearon todos los elementos atmosféricos, frío, calor y lluvia. Nada que no se pueda solucionar con unos bailoteos y unas palmas en La Anselma.

    Hay que ser muy selectivas cuando se trata de pasar solo un fin de semana en Sevilla porque la ciudad es muy grande y hay muchas cosas que ver. Una de las mejores cosas que tiene la ciudad son sus buenas conexiones por tierra y aire.

    Ryanair opera todos los viernes a la misma hora. Desde Valencia despega a las 14:40 y el vuelo tarda poco más de una hora en llegar. El AVE también es una buena opción, el primer tren el viernes es a la ocho de la mañana y en cuatro horas te plantas allí.

    El primer día decidimos quedarnos por el centro histórico para empezar con lo realmente importante: tapas y cañas con vistas a la Giralda.

    España tiene una costumbre muy arraigada después de la comida: la siesta. Pero también tiene otra muy común: irse de copas. Otra más saludable: caminar y patear, que es la mejor forma de conocer la ciudad y sus zonas emblemáticas. Pero nosotras nos fuimos de compras, que quizá no es la mejor opción tras comer, ya que tu barriga no luce su talla real, pero sí es una de las opciones más divertidas, sobre todo teniendo en cuenta que los fines de semana en Sevilla hay mucho ambientazo por las calles y puedes ver hasta procesiones o actuaciones musicales en las plazas.

    Puerta de garaje en Las Dueñas

    También hicimos algo de turismo histórico-cultural y visitamos el Palacio de Las Dueñas de la Casa de Alba (del que ya escribí anteriormente para El Mundo). La residencia de los Duques de Alba sorprende por sus patios, jardines y habitaciones donde prima el horror vacui. Como dato curioso, en este caserón nació el poeta Antonio Machado y su huella poética reside en las instalaciones en forma de limoneros y versos que enaltecen los recuerdos de su pasado.

    “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

    Y un huerto claro donde madura el limonero;

    mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

    mi historia, algunos casos que recordar no quiero”.

    Palacio de Las Dueñas

    Sevilla enamora tanto de noche como de día. La luz del sol la convierte en una ciudad de oro durante el día; y por la noche, a la luz de la luna, se torna de un color plateado, perfecta ocasión para vestirse y salir a cenar o a tomar algo por los distintos locales de moda.

    La ciudad tiene una oferta muy amplia, desde modernos locales de restauración como El Pintón, hasta otros más antiguos como El Rinconcillo, taberna abierta en 1670 y cuyos platos se degustan con ese mismo sabor añejo. Tanto para comer o cenar en uno o en otro es necesaria previa reserva, sobre todo si se trata de un grupo tan grande como lo éramos nosotras. La carta, tanto de entrantes, segundos platos o vinos, es muy variada donde priman, como no, las tapas y donde podrás encontrar croquetas vayas donde vayas.

    Un planazo de sábado noche es ir a cenar al restaurante Victoria 8 y luego dejarse caer por La Anselma, un espectáculo de flamenco muy popular situado en el fabuloso barrio de Triana que atrae a gente de Albacete, o hasta de China o Colombia. Pero personalmente, para mí más que un espectáculo de flamenco es un espectáculo de humor cuya protagonista es La Anselma, una mujer de entrada edad que no tiene desperdicio y te dice las verdades en la cara como quien escupe fuego. Además te da consejos muy sabios sobre jabones de higiene íntima. Es una de esas mujeres auténticas que te canta, te baila y te saca más de una carcajada. El espectáculo fue muy entretenido y muy sevillano. Requiere reserva previa aunque a la hora de la verdad la Anselma lee la lista de reservas como le da la gana.

    Sevilla es una ciudad tan polifacética que atrae turismos de todo tipo, desde el más satisfactorio: la gastronomía y el ocio; hasta el más sentido: el cultural e histórico. Yo no quería caer en tópicos, pero Sevilla lo es en sí misma, así que podemos afirmar que Sevilla tiene un color especial y yo creo que es por esa luz que irradia, tanto de día, como de noche.

    Dónde comer:

    – Restaurante El Pintón: Moderno bar de tapas con ambiente joven y aire fresco, me gustó la decoración, con luz tenue y azulejos que resaltan la típica arquitectura sevillana. Su interior es un patio sevillano de estilo muy contemporáneo con árbol y cactus incluidos.

    Situado en Calle Francos 42, 41004 Sevilla. Reservas: 955 07 51 53

    – Restaurante Victoria 8: encamado dentro de un tradicional patio andaluz en pleno barrio de Triana está este restaurante que aunque tiene mucho de tradicional presenta unos platos muy innovadores.

    Calle Victoria 8, Pagés del Corro, Triana, Sevilla. Reservas: 954 343 230 | 661 677 061

    – Restaurante El Rinconcillo: Fundado en 1670, gastronomía sevillana con sabor y tradición. Grandes salones en la parte superior y un salón grande donde comer de pie y «con las manos» jamón serrano del bueno.

    Situado en Calle Gerona 40, Sevilla. Reservas: 954 223 183

  • Port Antonio, belleza natural

    Port Antonio, belleza natural

    La frase que más he escuchado desde que llegué a Jamaica, después del “Jamaica, no problem” es la de: “tienes que ir a Port Antonio”. Tras la insistencia de muchos viajeros y locales a los que he ido conociendo en mi travesía por el país, finalmente he visitado esta magnífica pequeña ciudad al este de la isla.

    Lo que iba a ser una escapada playera ha terminado siendo la más auténtica, mística, espiritual y natural experiencia que he vivido (hasta que por fin visite las Blue Montains). Iba a irme sola a Port Antonio, a disfrutar de la calma y el relax de las playas, pero en el último momento se apuntó mi amiga Janet, mi mami en este viaje. Janet es mi mejor amiga aquí, una mujer inglesa de unos 50 años que bebe ayahuasca, fuma marihuana con pipa, cocina como los mismísimos ángeles y viaja sola, como yo, haciendo Workaway.

    Lo bueno de Jamaica son las casualidades. Visitas un sitio, conoces a alguien que te habla de una fiesta en no sé dónde y en esa fiesta conoces al maravilloso Cleveland, un hombre de unos 50 años, taxista y originario de Port Antonio que nos llevó a rincones espectaculares, rodeados por la naturaleza más abrupta, alejados de la evidencia humana y desconocidos por muchos turistas.

    Port Antonio se encuentra en la parroquia de Portland, a una hora de Kingston y a dos de Ocho Ríos en coche. Nosotras cogimos el autobús local que no es muy cómodo porque viajas con tropecientas mil personas más, pero es la opción barata (500 dólares jamaicanos que son tres euros). Port Antonio es uno de los lugares más turísticos de la isla por su extraordinaria belleza. Blue Lagoon es uno de los lugares más bonitos y también más visitados, eventual escenario de películas debido al intenso azul de sus aguas y a sus misteriosos 55 metros de profundidad.

    La mayoría de las playas son gratis y con muchos bares y chiringuitos locales donde comer auténtico Jerk Chicken y gastronomía jerk en general. Una de las playas que más me gustó fue Winnifred Beach, un arenal completamente de postal, con un rincón rasta muy acogedor regentado por un par de rastafaris que venden marihuana y artesanía hecha a mano.

    Pero lo mejor fue adentrarse en la selva tropical, cruzar el río, atravesar campos de bananos, bread fruit y otros deliciosos frutos que fuimos probando por el camino.

    En Jamaica es posible sobrevivir en la selva sin morirte de hambre, ni de sed, ni por la picadura de un insecto. Lo bueno que tiene este país es que cuenta con grandes virtudes naturales: la flora y fauna es muy rica y diversa. A diferencia de otros lugares, Jamaica no tiene animales peligrosos o venenosos tales como arañas o serpientes. Bien cierto es que la cantidad de mosquitos que hay es abrumadora pero ninguno es portador de malaria. En Jamaica no es necesario vacunarse contra este mosquito, de hecho solo es aconsejable vacunarse si la estancia en la isla va a ser mayor a 30 días.

    El objetivo era llegar, caminando entre la espesa vegetación, junto a la ladera del Río Grande, hasta las Scatter Falls, unas cataratas solo conocidas por locales cuyo paisaje es una premisa de lo que puedes encontrar en las famosas Blue Mountains, situadas muy cerca de Portland.

    Solo es posible llegar hasta estas cataratas con ayuda de un local que conozca el camino. Nosotros fuimos el sábado por la mañana y allí solo había un grupo de seis locales más.

    Es un lugar tranquilo, alejado de la masificación turística, rodeado por una naturaleza asombrosa (con una gran diversidad de frutos, plantas y aves). Un lugar de esos que digo yo que reinician el alma. Compramos unas cervezas y ron Appleton, el típico jamaicano, y echamos la mañana entre aguas puras y vegetación auténtica.

    Aparte de Winnifred Beach, hay una cantidad asombrosa de playas de ambiente local y de acceso completamente gratuito, como Long Beach o Boston Beach.

    Mucha gente dice que los atardeceres en Port Antonio son diferentes al resto que puedas ver en la isla, son especiales, con otro color. No conseguí ver al sol ponerse pero es cierto que cuando la noche empieza a caer el cielo tiene otro color distinto.

    Fue un fin de semana de evasión y relax, pero también de fiesta. Entre tanto dancehall sonando las veinticuatro horas del día en cada club de Jamaica se agradece encontrar en Port Antonio locales de reggae clásico, reggae de los más puros orígenes. Otra de las cosas que me gustan del ocio nocturno en Jamaica es que no entiende de edades y puedes conocer a gente, tanto local como foránea, de cualquier rango de edad.

    Como decía al principio fue una escapada muy mística, de descubrir la auténtica Jamaica y todo gracias a Cleveland. Fue una suerte encontrar y conocer a este maravilloso hombre cuya vida no ha sido nada fácil, separado de su mujer, con un hijo fallecido a la edad de 16 años y sobreviviendo como taxista en un país que vive por y para el turismo (sobre todo en las zonas costeras).

    En la mayoría de los casos el dinero que entra en la casa de un jamaicano depende de los turistas por lo que Cleveland tuvo suerte de que nos conociéramos en esa fiesta de ‘old reggae’, pero más suerte tuvimos nosotras de toparnos con él y conocer Port Antonio en su más puro estado.

    ¿Dónde comer?
    -Restaurante Anna Bananas, situado en la carretera principal de Port Antonio. Comida local, buen ambiente y con una carta variada, sobre todo pescados.
    ¿Dónde dormir?
    -Nos alojamos en una guest house llamada Chocolate Dreams que encontramos por Airbnb, 40 euros la noche, situada en una urbanización con casas muy pintorescas. La dueña de la casa es una mujer alemana que reside actualmente en Port Antonio. La casa tiene cocina para compartir, jardín y una sala de estar con objetos e instrumentos musicales curiosos. Decorado al estilo zen, con libros sobre yoga y meditación, un lugar con muy buena vibra.
  • La Marítima de Valencia: sabor a brisa de mar y a brasa de encina

    La Marítima de Valencia: sabor a brisa de mar y a brasa de encina

    Hay dos cosas sin las que no sé vivir: sin el mar y sin poder ver las estrellas. Esta es una conclusión a la que llegué cuando viví un año en Madrid donde ni la polución ni los kilómetros de distancia me permitían disfrutar de dos de los placeres que más me conectan conmigo misma. Aun así Madrid me encanta, pero Valencia es vida.

    No, definitivamente no puedo estar lejos del mar, cuando me separan de él es como si me arrebataran mi libertad, como si sintiera una claustrofobia extraña. Para mí, mi Mediterráneo (aunque a falta de éste me sirve cualquier otro mar u océano), es como una apertura al mundo que me permite conectar y desconectar. Como una válvula de escape.

    Pues bien, el otro día fui al Puerto de Valencia, también conocido como La Marina de Valencia o La Marina Real. Y descubrí un sitio en el que no podía ser más feliz. Pista va:

    Veles e Vents Valencia

    Ese edificio del fondo es el Veles e Vents, un espacio gastronómico que encierra joyas culinarias como el Restaurante La Marítima, una suerte de cocina mediterránea a degustar platos tan exóticos como tradicionales con unas vistas que a mí me hacen la mar feliz.

    Los domingos en Valencia son de paella. Aunque ese domingo desafiamos las leyes físicas y metafísicas de la tradición valenciana y pedimos tapas para compartir. El menú está cerrado por cinco platos muy variados, con postre y cerveza Amstel de bodega, el precio es de 28 euros por persona a partir de dos comensales, las vistas por supuesto no van incluidas pero se degustan con el mismo sabor.

    El sitio, aparte de una cocina muy cuidada a base de platos Mediterráneos y de mercado, con ingredientes de la Huerta de Valencia muy presentes y arroces de todo tipo, cuenta con un diseño moderno y muy acogedor. Ni ostentoso, ni cargante. Muy digamos, mainstream, del siglo XXI. Con sofás y muchos cojines de todos los colores, maceteros, bodega propia (que no falte nunca el vino) y grandes ventanales para ver los veleros pasar.

    El salón es grande y espacioso pero mesas justas para no sentirse abarrotado. Cierto es que aunque tardaron un poco en servirnos el primer plato, los siguientes fueron saliendo uno tras otro con la puntualidad exacta del que no quiere esperar a que se enfríe el plato, o por el contrario, se caliente.

    El menú, compuesto por cinco platos y postre, inspira a brisa del mar y a brasa de la encina. Además tienen una carta especial para alérgenos e intolerancias. En definitiva, comimos mucho y muy bien:

    Steak Tartar de Vaca rubia gallega

    Menú La Marítima de Valencia

    Mejillón al vapor con salpicón acidulado

    Menú La Marítima de Valencia

    Langostinos en Kalinda y salsa chipotle

    Menú La Marítima de Valencia

    Calamar de playa con emulsión de sobrasada ibérica

    Menú La Marítima de Valencia

    Presa ibérica con jugos aromáticos y milhojas de patata

    Menú La Marítima de Valencia

    Y por supuesto, aquí me quedé yo hasta el anochecer, para disfrutar de otro de mis grandes placeres: las estrellas.

    Menú La Marítima de Valencia

    | Más información: www.veleseventsvalencia.es

    Cómo llegar

    El restaurante se encuentra en el Puerto de Valencia, ubicado en la planta baja del edificio Veles e Vents. Terraza La Marítima Marina de Valencia, Muelle de la Aduana, s/n.

    Reservas

    La reserva se puede hacer online a través de la web https://grupolasucursal.com/restaurantes/restaurante-la-maritima/ mandando un correo a reservas@veleseventsvalencia.es o llamando al teléfono 610915141.

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