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  • Varsovia express con amigos

    Varsovia express con amigos

    He ido a Polonia. A su capital, Varsovia. Desde hacía ya un tiempo que la Europa del Este me estaba llamando bastante la atención. Debe ser porque mi periplo de seis años en Londres me ha permitido conocer a gente de esta parte del globo y su cultura me genera curiosidad. Si nunca has estado en la capital polaca, quédate y descubre Varsovia express con amigos.

    No era la primera vez que visitaba esta parte del este de Europa, aunque sí la primera en Polonia. Ya de niña había viajado con mi familia a Praga, Viena y Budapest. Tres destinos a los que me encantaría volver y disfrutar desde otra perspectiva, ya que cuando fui era una adolescente que aborrecía los museos y las óperas, pero en cambio recuerdo que lo más emocionante de aquel viaje fue comerme un perrito caliente. No me juzguéis, ya he dicho que era una adolescente a la que le gustaba Orlando Bloom, Avril Lavigne, las galletas oreo y como es obvio, los perritos calientes.

    Dejando a un lado este lapsus (todos tenemos un pasado), destacar que, aunque me siguen fascinando las salchichas, lo de Polonia fue un fin de semana pasadísimo por agua. Pero también por cervezas y por un descubrimiento absoluto por esta parte europea que definitivamente quiero seguir conociendo.

    Polonia en un fin de semana

    Lo de ir a Polonia así porque sí no fue casualidad, sino la ruleta rusa de Skyscanner de “a ver qué vuelo sale más barato”. Iba con una amiga con la que ya tengo una tradición de viajar en febrero. El año pasado tocó Oporto y éste Varsovia.

    Yo volaba desde Madrid y mis vuelos fueron €120 ida y vuelta. Lourdes venía de Londres y ella consiguió vuelos más económicos (la mitad para ser sinceros, €60 pagó ella). Sigo reivindicando mi frustración con el aeropuerto Madrid-Barajas y sus elevadísimos precios.

    Llegamos un jueves por la noche y nos dirigimos al hotel, ya sabéis cuál supongo… Sí, Hilton VarsoviaUn imponente edificio en la zona financiera de la ciudad, rodeada por otros skyscrapers en los que es difícil acertar dónde terminan  y no porque sean altísimos, sino más bien por esa niebla crónica que envuelve la ciudad y que le otorga su encanto.

    En mi cabeza Varsovia se presentaba como una ciudad de muchos parques, calles con edificios pintorescos con toques germánicos donde predominan las maderas y colores vivos y el río surcando la ciudad. Pero lo cierto es que no podemos obviar la historia de este país sacudido por la guerra y cuyos cimientos fueron derribados hasta dejar la ciudad en ruinas. Varsovia es una ciudad completamente nueva, reinventada y moderna.

    Día 1 en Varsovia.

    Nos despertamos después de un reponedor sueño de unas cinco horas. Acto seguido fuimos a por el también reponedor desayuno. Los buffets del hotel son mi más absoluta perdición. Y tienen salchichas.

    Con el estómago lleno y contento, pusimos rumbo a descubrir la ciudad cubierta en esa niebla de la que os hablaba. Mi amiga, que necesitaba un finde de relax, reservó un masaje thai en un lugar llamado Chok Dee. Yo tras mi experiencia en Tailandia, puedo decir que las expectativas no eran altas, pero me lo gocé y me crujieron hasta los dedos de los pies.

    Pusimos rumbo al Stare Miasto, que es como se conoce al centro histórico. Pequeñito, pero el único lugar donde aún se percibe la esencia de la vieja Varsovia. Visita imperdible al Palacio Real que cuenta con innumerables estancias, a cada cual más bonita que la anterior y con una decoración sublime que ríete tú de mi estudio en Madrid de 50 metros cuadrados (y siendo muy generosa con los m2).

    Nosotras teníamos un cometido, o bueno dos. Quizá tres: comer pierogi, beber cerveza non stop y visitar todas y cada una de las tiendas de cosméticos que encontráramos a nuestro paso. Si ves mi extracto bancario el 50% lo gasté en comida y bebida y el otro 50% en cremas y maquillaje. Es lo que ocurre cuando viajas con Lourdes, tu asesora de belleza personal.

    Hacía muy mal tiempo y bastante frío. Necesitábamos comida tradicional y calentita. Nos dirigimos al restaurante Zapiecek, al que ya le habíamos echado el ojo por redes. Obviamente pedimos pierogi, que es como un dumpling -empanadilla- típica. En este sitio tenían de todos los rellenos posibles, con carne, sin carne, con legumbres, patata, verduras… Para acompañar pedimos una especie de gnocchis de patata con salsa y una especie de croquetones, unos de queso y otros de carne. Cerveza y a volar.

    No llevábamos ni 24 horas en la ciudad y ya habíamos engordado lo menos 3 kilos. Las horas posteriores las dedicamos a pasear, visitar galerías de arte, las ya mencionadas tiendas de cosméticos y acabamos en un coqueto café inspirado en Harry Potter llamado Espresso Patronum. Me encanta la originalidad del nombre. Pero para original sus bebidas y sus dulces. Desde la típica cerveza de mantequilla y mockteles con purpurina, hasta pasteles con forma del sobrero seleccionador, tartas de calabaza y cookies. Yo me pedí una manzanilla. Sí, pa’original yo.

    Como llovía de lo lindo, decidimos refugiarnos en el hotel y tomarnos un par de vinos en el executive lounge. Ya más hacia la noche, quisimos descubrir la oferta de nightlife y regresamos al Stare Miasto donde terminamos la noche tomado una cerveza tras otra en un garito con mesa de villar y conciertos en directo.

    Día 2 en Varsovia

    Empezamos el día cortándonos con el buffet del desayuno y con una buena caminata desde el hotel hasta el barrio judío de Varsovia. Nuestro objetivo: llegar al Palacio de la Cultura y las Ciencias o cómo nosotras lo bautizamos cariñosamente “La Giralda de Varsovia”. Ojú, como se parecía, a la foto me remito.

    En nuestra andadura, encontramos edificios modernos y otros más clásicos. El tranvía que cruza la ciudad, graffitis, y esa niebla que vayas a donde vayas está siempre presente. Hicimos un coffee break en un bistró situado en la calle Prozna. Este sitio se llama Charlotte Tea y ahí probamos el Chalka, un bollito kosher delicioso.

    Visitamos también la zona universitaria y terminamos en Elektrowniaun mercado ubicado cerca del río Vistula y que nos encantó. Contaba con una planta entera dedicada al “beauty” y tiendas vintage donde yo casi me compro una bomber clásica, de éstas de forro naranja.

    Como nos apetecía comer algo tradicional, tiramos para otro barrio llamado Srodmiescie. Nos sentamos en un restaurante llamado U Szwejka porque Lourdes tenía antojo de schnitzel y sopa. El schnitzel no es polish, más bien de Viena o Alemania, pero también se ha convertido en plato estrella en la capital polaca. La camarera incluso nos invitó a un par de licores polacos que definitivamente nos hicieron entrar en calor.

    En Varsovia hay muchos mercados de carácter industrial, como el mencionado antes o al que fuimos también después del schnitzel, Fabryka Norblina. Aquí puedes encontrar un montón de opciones de restauración y un pub especializado en cervezas (tienen muchísimas opciones).

    Por último, para acabar nuestro segundo día en Varsovia, quisimos deleitarnos con las vistas infinitas de la ciudad de noche desde unas de sus azoteas. Elegimos The Roof SkyBar del hotel Crown Plaza Warsaw the Hub. Un lugar bastante de postureo con tapitas muy selectas y DJ en directo.

    Otras cosas qué hacer en Varsovia

    La verdad es que el finde se nos pasó volando. La sensación fue de estar comiendo y bebiendo casi todo el rato. El tiempo no acompañaba, por lo que las visitas culturales tuvieron que ser canceladas. Nos quedamos con las ganas de visitar el Roof Garden de la universidad. Un impresionante espacio verde donde predominan los callejones cubiertos por enredaderas, laderas que recuerdan a Hobbitown y vistas al río. En un día soleado es visita imperdible.

    Lazienki Palace es otro lugar al que teníamos pensado ir pues sus jardines son también dignos de ver. La visita la tuvimos que cancelar no solo por la lluvia, sino porque cerraban muy pronto (a las cinco de la tarde) y fue un detalle que no tuvimos en cuenta. El interior de sus palacios son lo que yo llamo un caos armonioso. Todas las estancias se encuentran plagadas de arte, tapices, cuadros y estatuas. Es evidente esa majestuosidad digna de los grandes palacios europeos. Éste en especial me recordaba al de la emperatriz Sisi de Viena.

    Otros parques que hay por la ciudad son Park Praski y Saxon Garden.

    Por último, si se cuenta con un poco más de tiempo, se podría considerar la excursión de un día a la ciudad de Cracovia, Se tarda unas dos horas y media en tren y cuesta 13 euros. Cracovia es una ciudad bastante alternativa y con muchas opciones de ocio.

    Otra excursión típica, aunque no de mi interés, ya que en esta ocasión nosotras buscábamos algo de ambiente relajado y disfrutar del ocio, sería la visita del campo de concentración de Auschwitz que se encuentra muy cerca de Cracovia, pero eso sí, hay que ir bastante preparado pues su historia como bien sabéis, es sobrecogedora.

    Polonia es un país fascinante con personalidad propia y se plantean innumerables rutas e itinerarios. Aquí te propongo el mío, perfecto para un fin de semana con amigas o incluso un viaje que también se puede hacer en pareja o familia . Un desino para todos los públicos según el enfoque que le des. Seguro que no te decepciona.

     

  • Road Trip de cinco días por Marruecos

    Road Trip de cinco días por Marruecos

    Hoy vengo a contaros una escapada perfecta a hora y media de avión y solo por 60 euros. Más barato incluso que algunos AVEs.

    Hablo de Marruecos. Un destino, que tonta de mí, excluía continuamente de mi top list por precisamente la proximidad a España. Pero es que no te imaginas qué inspirador y diverso es este país y como decía, a tan solo hora y media de vuelo.

    Viajé con una amiga hace varias semanas y queríamos algo completamente distinto a lo que estábamos acostumbradas. Un choque cultural, vaya.

    Road Trip por Marruecos

    Lo que iba a ser una aventura solo en Marrakech terminó siendo un road trip en toda regla por todo el país. Marrakech, Aït Ben Haddou, El Sahara, Fez y finalmente Rabat, y casi nos quedamos ya que estuvimos apunto de perder el avión.

    Volamos con Ryanair a las siete de la mañana y a las nueve ya estábamos allí plantadas. Con un fajo de billetes, porque no son amigos de las tarjetas. O llevas efectivo o no eres nadie en este país. Nos montamos en el taxi y primera parada: nuestro Riad. Ubicado justo en la Medina.

    Riad Vis ta Vie, que significa “Vive la Vida”, es un pequeño alojamiento con azotea con vistas a la medina y con una localización gozosa en pleno caos de la ciudad. Nos salió por €75 la noche, lo cual más tarde pudimos comprobar que era un precio elevado si lo comparas con otros riads que salen a 20-30 euros la noche.

    El alojamiento no estaba mal aunque tuvimos que cancelar una noche (a pesar de tramitar la cancelacion por booking.com no se nos devolvió el dinero), todo esto se debió a que nuestros planes cambiaron y decidimos partir al desierto, por lo que al final nuestra estancia en Marrakech se acortó más de lo previsto.

     

    Primera parada: Marrakech

    Esta ciudad es probablemente uno de los lugares más turísticos del país. Un núcleo vivo y vibrante, donde confluyen aromas, colores y sonidos. Lo mejor que puedes hacer es sumergirte en el ambiente local. Perderte entre callejuelas y las tiendas del zoco. A engullirte un buen tagine y a sumirte en un relajante hamman.

    Nos unimos al free tour de Civitatis que dura cuatro horas y te cuentan lo más importante de la ciudad. Cuidado, porque es típico en este país que te lleven a comercios con los que los tours operadores están compinchados para que el turista se gaste el dinero. Nos pasó que terminamos en una farmacia/herbolario y salimos de allí desplumadas, pero con cremas que prometen una eterna juventud, tés que te adelgazan y pintalabios mágicos.

    En la plaza más grande de Marrakech llamada Jeema el-Fnaa consigues lo que quieras y así nos los demostró nuestro amigo Navarro, marroquí-español (precisamente de Navarra como bien indica su nombre), que bien te consigue compresas y a la vez te organiza un viaje de 72 horas al desierto del Sahara. Contratamos la excursión y nos volvimos al riad, compresas incluidas (ya sabéis que en cada viaje que hago se cumple la ley de Murphy de los viajes por excelencia de bajarme la regla). Al día siguiente partíamos a las siete de la mañana a Merzouga, un lugar indescriptible, que recomiendo ver con ojos propios.

    De camino al desierto de Merzouga

    72 horas de tour y varias paradas, una de ellas en la histórica ciudad de Aït Ben Haddou, Patrimonio de la UNESCO y escenario de múltiples películas como La Pasión de Cristo, Gladiator, Jesús de Nazaret, La Momia o Juego de Tronos, entre otras. De hecho, cuando fuimos justo acababan de finalizar un rodaje y estaban desmontando los decorados.

    Proseguimos nuestro camino entre carreteras serpenteantes que se perdían en la cordillera del Atlas, sistema montañoso que da ese carácter rudo y bereber al paisaje de la zona.  Llegamos a un pequeño pueblo llamado Ait Sedrate Jbel El Oulia y pasamos la noche en un albergue llamado Le Vieux Chateau Du Dades. Llegamos cansadísimas del madrugón y de las largas horas de carretera, pero nos dieron la bienvenida con un té, una habitación calentita, cena típica y un paisaje increíble entre montañas con un cielo salpicado por miles de estrellas. Jamás he visto cielos como los de Marruecos.

    No sé el precio del alojamiento porque estaba incluido dentro de la excursión al desierto, que por cierto nos costó €150 por persona la opción “Deluxe”, lo cual nos garantizaba todas las comidas, habitaciones con baños privados y calefacción. La verdad es que no podemos quejarnos porque estuvimos muy cómodas todo el tiempo comparándolo con otros viajeros que pagaron menos (€80) pero comieron peor y pasaron mucho frío y tuvieron que compartir baño.

     

    Tinghir, ciudad bereber

    A la mañana siguiente fuimos a la ciudad bereber de Tinghir. Es impresionante como el paisaje se va tornando cada vez más desértico, apareciendo a menudo palmerales que te sorprenden y te hacen entender el verdadero significado de “Oasis en el desierto”.

    Aquí en Tinghir nos enseñaron el arte de tejer alfombras bereberes: piezas únicas, de buenísima calidad y económicas. Alfombras de lana, todas con colores vivísimos y diseños únicos, algunos de los cuáles se hacen a mano alzada y sorprende la simetría (sobre todo teniendo en cuenta que no siguen ningún patrón). Predominan los colores rojos y naranjas, que proceden de la flor de la amapola y el azafrán.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    El “oro rojo” -como le llaman aquí-, el azafrán es la especia más cara del mundo: en Europa el kilo cuesta entre €5000 y €10,000 pero en Marruecos se puede obtener bastante más económico. Lo mismo ocurre con el aceite de Argán. Cosas que no deberías dejar de comprar en este territorio inhóspito: alfombras, azafrán y aceite de Argán.

    Desierto y estrellas

    Tras la visita totalmente recomendable de esta ciudad, llegamos por fin al desierto. No habrán dudas de que has llegado pues el paisaje se torna cálido, desolado y con nubes de arena que se levantan a tu alrededor. Al fondo, las dunas. Ésas en las que te perderás en una aventura inolvidable.

    Paseos a camello, recorrido en todoterreno y carreras en quads. Sand surfing si eres valiente y no te importa «comer el polvo» y nunca mejor dicho. Yo me rebocé en arena cual croqueta y llegué a casa con los bolsillos como para montar mi propia playa.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Pero lo más emocionante estaba aún por llegar: cuando cae la noche en el campamento y tras una super saciante cena bereber, el fuego de la hoguera brilla y bailas entorno a un hoguera que te calienta en la fría noche del desierto. Tocas el tambor y cantas al ritmo bereber, bailas para paliar el frío. Y en un momento dado eres consciente de que el espectáculo no está en tierra, sino en lo alto: un cielo estrellado que te recordará lo diminuta que eres en un universo titánico. En ese momento jamás quise ser encontrada y perderme en el desierto ha sido la experiencia más asombrosa que he vivido.

    Fez, la última joya del viaje

    Aunque lo del desierto era difícil de superar, proseguimos nuestro viaje hacia Fez. Habíamos conocido a un grupo de españoles y viajamos juntos hasta esta ciudad de Marruecos que nos gustó mucho.

    Fez es el centro cultural y religioso del país, que se caracteriza también por sus curtidurías donde tratan el cuero. La ciudad tiene mucha vida y su zoco nos encantó. También disfrutamos de comida auténtica y probamos la pastela que es un plato típico (dulce y salado) así como hummus y otros dips a base de pasta de berenjena. Por supuesto tangine, brochetas y los tan sabrosos y apetecibles dulces marroquíes que no podían faltar.

    Nos encandiló tanto la cultura de esta ciudad y estábamos tan a gusto con nuestros nuevos amigos, que no solo perdimos la noción del tiempo, sino también el tren que nos llevaba a Rabat para coger nuestro vuelo de regreso a Madrid. No sé si fue cosa del destino o que los astros se alinearon, pero nuestro vuelo se retrasó una hora, lo que permitió que consiguiéramos llegar al aeropuerto a tiempo y volver a casa sanas y salvas. Aunque ay te digo, no me hubiera importado vivir una vida nómada o al más puro estilo bereber entre las dunas del desierto del Sáhara.

    Algunos tips:

    -Marruecos cuenta con distancias larguísimas y cambios bruscos de temperatura, sobre todo en invierno. Si se pretende recorrer el país es recomendable hacerlo mínimo en cinco días para que dé tiempo a saborear un poquito cada sitio que se visita.

    -Para ir al desierto mejor llevarse capas y comparar tour operadores ya que no existe un precio estándar para los tours. Si que es cierto, que recomiendo pagar el “plus” para tener más comodidad, ya que hablando con otros viajeros comprobaos que algunos ni si quiera tuvieron desayuno y pasaron bastante frío.

    -Los marroquís dominan el arte del regateo y tienen mucha labia para engatusarte. En Fez nos pasó que preguntando a un hombre por direcciones terminamos metidos en un tour privado, cuando le dijimos que teníamos que irnos empezó a pedirnos dinero. Así nos dimos cuenta en la trampa en la que habíamos caído.

    -No se acepta tarjeta ni en las estaciones de tren. Mucho menos en taxis o tiendas. Recomiendo llevarse todo el efectivo que sea posible. Obtener efectivo allí es difícil y cobran comisiones bastante altas.

    -En Marruecos se puede comer perfectamente por €7 en cualquier restaurante. Una vez más hay que prestar atención para no caer en las tan tipicas «tourist traps».

    Por último, no tengas miedo de disfrutar al máximo de este país lleno de contrastes: no dejes de probar toda la comida, los dulces, el café especiado con canela, cúrcuma y nuez moscada. Disfruta de todos los atardeceres que puedas. Relaciónate con los locales, la gran mayoría hablan español y son bastante agradables (no todos quieren engatusarte) y por último, no te vayas sin probar un buen hamman, bastante típico en Marruecos y es una experiencia super relajante.

  • Phuket, templo turístico de Tailandia

    Phuket, templo turístico de Tailandia

    He cumplido un sueño. Sí queridos lectores (si hay alguno por ahí), este año después de mucho tiempo (desde la pandemia) que me prometí a mí misma que volvería a cruzar el charco. Y lo he hecho a lo grande descubriendo un continente completamente desconocido e inexplorado para mí: Asia.

    Llevaba mucho tiempo tras la pista de un viaje así, multidestino y a lo mochilera. Acostumbrada a Europa, y ya con un poco de terreno recorrido en América Latina, Asia se mostraba como un destino desafiante para mí teniendo en cuenta mi condición diabética (aunque los que me conocen saben que esto nunca será un impedimento para mí).

    Si es cierto que, por ignorante, siempre he pensado que era un destino con ciertos riesgos. El primero, por ser un continente muy remoto, con acceso menos directo (cogí tropecientos vuelos), por ser culturalmente tan diferente y por poseer una barrera lingüística tan limitada si lo comparo con, como he dicho, destinos europeos y latinoamericanos. No mucha gente habla inglés y los que lo hablan tienen un acento tan marcado que a menudo es difícil la comunicación.

    Con los años he aprendido que la organización lo es todo. Y es por eso que, cada vez que cruzo el charco lo hago siempre con un seguro de viaje contratado. No un seguro cualquiera, sino uno que vele por mi seguridad diabética. Ya he hablado anteriormente de este seguro para diabéticos, Barchilon, en este artículo.

    A parte de eso, llevé conmigo medicinas de sobra para todo el viaje, consulté con mi médico, vi muchísimos videos del destino y me informé, además de ser muy consciente de la comida y de las actividades que realizaba para evitar hipoglucemias o hiperglucemias. Ir preparada te libra de muchos inconvenientes.

    Una vez dicho esto, he de decir que el viaje fue de 10 y no se me planteó ningún reto.

    Fueron 12 días de mucha intensidad, puro ajetreo (sobre todo con el tráfico), ciudades repletas de color, algún que otro dolor de barriga, olores comprometidos, lluvias monzónicas, sabores orgásmicos y mucho espectáculo natural. Asia es una caja de sorpresas.

    Mi viaje comenzó en Kuala Lumpur, capital de Malasia y terminó en Bangkok, capital de Tailandia. No me detendré aquí ya que escribiré otros artículos para extenderme más. En este reportaje os hablaré de los imperdibles de Phuket, Tailandia.

    Cómo llegar:

    Existen numerosas conexiones entre Malasia y Phuket. Pagamos 45 libras por un vuelo operado por AirAsia que incluía maleta de cabina (10 kilos) y maleta facturada (20 kilos). Para este tipo de viajes recomiendo viajar a lo mochilero ya que la mochila pesa menos que una maleta normal. Salí desde España con 9 kilos a mis espaldas (mi cara de sorpresa en el mostrador de facturación de Iberia no tenía desperdicio) y regresé a España, después de 6 vuelos, 3 destinos y 12 días de viaje y la maleta llegó a pesar 12 kilos.

    En territorio tailandés, cogimos un segundo vuelo desde Phuket hasta Bangkok con la aerolínea Thai que nos costó €33, nuevamente con maletas incluidas. Tanto el primer vuelo como el segundo tuvieron una duración de hora – hora y media.

    Me fascinó lo eficientes que son los aeropuertos en Asia. Casi no había colas y todo se puede gestionar online o en los mostradores de self check in. Solo tenías que llegar, con el check in previamente hecho online, y desde el mostrador de self check in adquirir la etiqueta para la maleta y dejarla en la cinta. Aún así recomiendo estar en el aeropuerto al menos 2-3 horas antes por cualquier imprevisto que pueda ocurrir, dícese tráfico, que en Asia es muy común y los aeropuertos están todos ubicados a una hora de las grandes ciudades.

    Dónde alojarse:

    Nosotras, haciendo uso de nuestro maravilloso descuento por trabajar con Hilton, nos alojamos en Double Tree by Hilton Phuket y Conrad Hilton Bangkok. Ambos dos con localizaciones excelentes y con oferta de servicios super completa: desde desayuno, hasta acceso al executive lounge (que incluye bebidas y snacks), así como piscina.

    Pero bien es sabido que en estos destinos los alojamientos son bastante baratos y fácilmente se puede reservar un resort decente por unos 50-70 euros la noche.

    En Phuket nos alojamos 3 noches en Hilton y otra noche quisimos adentrarnos en lo local, así que reservamos una noche en Book a Bed Poshtel que salió a menos de 15 libras la noche. El “poshtel” era ideal, con una piscina infinity, habitaciones compartidas con litera y baño privado, cocina común y café con galletas y frutas para desayunar que se ofrecía al viajero sin coste extra.

    La opción de hostel es la más acertada si se quiere conocer a otros backpackers con los que hacer planes y viajar juntos.

    Qué hacer en Phuket:

    Phuket es masivamente turístico por sus playas idílicas salpicadas por montañas con formas singulares, aguas cristalinas y fauna salvaje. Snorkel, parapente, buceo y otras actividades acuáticas atraen a los turistas de todas partes del mundo.

    No solo las playas son su atractivo. Fiesta, con afición por los géneros de música house y tecno. La discoteca Iluzion fue todo un descubrimiento, llegamos a ir dos noches seguidas. Y el chiringuito Nomad también imperdible por su espectáculo con fuego.

    Los masajes tailandeses merecen especial mención. Nosotras nos dimos un masaje por día. Acabé de aceite hasta las orejas y parecía una ensalada andante. Tailandia está llena de locales y spas de masaje a precios muy diversos. Los precios oscilan entre los 7 euros hasta los 30.

    Playas en Phuket:

    El primer día nos quedamos en Patong Beach ya que estaba al lado de nuestro resort. Es una playa bastante larga, con un montón de chiringuitos y a tiro de piedra del centro de Patong donde priman los mercados, restaurantes y locales nocturnos.

    El segundo día contratamos un tour con Get Your Guide para descubrir la típica estampa de esta zona: Phi Phi Island y sus atractivos más próximos: Maya Beach, Monkey Beah, Viking Cave, Pileh Lagoon, Ko Phi Phi Le, Ko Phi Phi Don, Nui Bay y Bamboo Island. Es un tour completo en barco con distintas paradas e incluye snorkel y comida local. Probamos todo tipo de frutas y un buffet de comida típica. Pagamos unas 45 libras.

    El último día queríamos deleitarnos con el atardecer y fuimos a la playa de Surin Beach. Un arenal muy extenso, repleto de zonas para comer. Tiene su parte posh, con muchísimos chiringuitos con piscinas, hamacas en la arena, zonas chill out y DJ, perfectos para comer o cenar y ver el anochecer.

    Con más tiempo, recomendaría ir a otras playas como Banana Beach, Freedom Beach, Kata Beach y la famosa James Bond Island.

    Si te quieres alejar de lo turístico, recomiendo adentrarse en Phuket Old Town ubicada a 30 minutos en grab (servicio de taxis similar a Uber) desde Patong Beach, que es la zona más turística que mencionaba antes.

    Restauración:

    Siam Thai Restaurante: he comido muchos Pad Thai en Tailandia pero ninguno como en este local. Además nos atendieron super rápido y el servicio nos dio muy buenas recomendaciones de qué lugares visitar.

    Baan Laimai Beach Resort tiene un restaurante muy bonito, decorado con farolillos y con un ambiente muy playero, tienen música en directo, cócteles súper ricos y comida típica. El servicio también fue excelente.

    Tropical Restaurant, ubicado en primera línea de playa ofrece platos típicos, pero también hamburguesas, sándwiches y pizzas. Yo pedí curry al más puro estilo tailandés y estaba buenísimo. Banana frita de postre, aún sueño con este plato.

    Recomendaciones:

    Phuket ofrece muchas actividades y si tienes poco tiempo recomiendo contratarlas con tour operadores como Get Your Guide ya que planearlas por sí mismo lleva tiempo e igual costes extras no previstos. Con los tours te puedes olvidar de la planificación y de las sorpresas con los precios.

    Grab para trasladarse de un lugar a otro. Es como el Uber europeo, pero con precios baratísimos. No ha habido trayecto que costara más de 5 euros.

    Cambiar dinero, ya que muchos sitios no aceptan tarjeta. Yo llevé dinero en efectivo, pero perfectamente se puede sacar dinero en los ATM si tienes una tarjeta libre de comisiones como Monzo o Revolut.

    Spray anti mosquitos, nunca viene mal, así como paraguas y chubasqueros si viajas en época de monzón como nosotras.

    Siempre consultar en internet sobre las actividades a realizar para evitar lo que nos ocurrió a nosotras que quisimos ver el Big Buddha y éste estaba cerrado debido a que por un monzón se había desnivelado el terreno y suponía un riesgo para el visitante por posible desprendimiento.    

    Pero lo mejor de Tailandia es dejarse llevar y estar abiertos a los cambios de planes, puesto que el tráfico, las lluvias u otros acontecimientos pueden hacer que tu itinerario se vea afectado y dé un giro. Hay tantas cosas por ver, por hacer y por probar que recomendaría llevar una guía básica de imperdibles en Tailandia y el resto dejar que la magia actúe y dar rienda suelta a la espontaneidad.

  • París la escapada perfecta

    París la escapada perfecta

    Bonjour queridos lectores. Aunque tarde, aquí llega mi experiencia en París en fin de año.

    Este año quería empezarlo con un viaje y después de tantear varios destinos decidimos irnos a la capital francesa. No queríamos coger avión y desde London St Pancras hasta Paris Gare du Nord con el Eurostar se tarda dos horas y quince minutos y el tren deja en pleno centro de la ciudad sin tener que desplazarnos desde el aeropuerto.

    Moulan Rouge

    Eurostar es una maravilla si vives en Londres y quieres viajar a ciudades europeas como Ámsterdam, Bruselas o París. Precio es bastante asequible si lo comparas con el de un billete de avión que en nuestros días se ha disparado como si fuera petróleo. Donde hace un par de años era muy posible encontrar billetes ida y vuelta por menos de 100 euros, ahora esto es algo muy difícil de conseguir y a mí personalmente que Ryanair me cobre más de 200 pavos por vuelo sin maleta y que la calidad sea la misma o peor, pues me parece una broma de mal gusto.

    Dejando este tema a un lado, prosigo con mi voyage a París (no tengo ni idea de francés, pero voy a ir metiendo palabras para hacerme la interesante). Llegamos hacia las nueve de la noche a la capi, cenamos algo rapidito en uno de los innumerables cafés parisinos que se sitúan por la zona de la estación y cogimos un taxi al hotel (Uber funciona perfectamente así que es una buena opción).

    Nos alojamos en Hampton by Hilton Paris Clichy, que gracias al descuento de trabajador nos salió la estancia por menos de 200 euros por tres noches. Hampton, aunque es una basiquito de Hilton, ofrece muy buenos precios y es un hotel que se encuentra en todas las principales ciudades así que es una buena opción de alojamiento.

    La última noche la pasamos en Hotel Camille Paris Gare du Lyon Tapestry Collection by Hilton, éste más íntimo y céntrico, es un hotel boutique ideal para cortas estancias.

    Notre Dame Paris

    Qué hacer en un día gris en París

    Enero no es que sea un mes donde los fenómenos meteorológicos sean muy favorables – de hecho, la ciudad estaba envuelta en un color grisáceo un poco feo que me decepcionó. Lejos del colorido reluciente que puedes encontrar en París en otras estaciones del año como en primavera o verano, el invierno lo tiñe todo de oscuro y hay como una neblina que esconde todo el atractivo de la ciudad.

    Conclusión: hace frío, viento y llueve.

    Y es por eso que París es el destino perfecto para ir de museos y de compras. O al menos, sino de compras, a deleitarse con edificios espectaculares como las Galerías Lafayette y su rooftop panorámico desde el que se ve la Basílica del Sacre Coeur y la Torre Eiffel y es todo un deleite. Mirad que foto más de revista nos sacaron:


    Musee de Louvre y Musee D´Orsay, otras dos opciones imperdibles en París y perfectas para días miserablemente grises.

    Nosotros sacamos los billetes como un mes antes porque tienden a agotarse. Las colas son kilométricas, así que merece la pena pagar un poco más por el “fast track” y evitarse la cola. Nosotros no lo hicimos porque no nos esperábamos que las colas fueran de horas y horas de espera como si estuviéramos en el mismísimo Vaticano pero, vimos un video en Tik Tok que hablaba de una puerta un poco secreta que nos llevaría directos a la entrada. Digo poco secreta porque claramente otros muchos listos como nosotros habían visto el video y la cola seguía siendo considerable. Bueno, al final nos hicimos nuestro “fast track” casero y nos colamos.

    Musee de Orsay Paris

    Musee Louvre y Musee D’Orsay pueden ocuparte por horas, así que recomiendo investigar antes de ir, seleccionar aquellas secciones que quieres visitar e ir directos al grano.

    Apunte: si quieres ver a La Mona Lisa de cerca tendrás que pagar un coste adicional y hacer otra cola. Ni se te ocurra acercarte a ella porque hay como diez seguridades alrededor y te gritarán y asaltarán como si fueras un criminal.

    Dónde comer en París

    Esta es mi parte favorita de siempre. Pero yo que soy un poco ignorante, no sabía que la cocina francesa tenía tanto que ofrecer.

    Si algo he aprendido de mi novio que ha sido chef por mucho tiempo, es que las bases de todas las cocinas del mundo (o la mayoría) fueron asentadas por los franceses. Grandes disputas he tenido yo porque me sale mi orgullo español y cuando le digo que la tortilla española es única me suelta que la tortilla española existe por la tortilla francesa. Y cuando le menciono las croquetas va y me sale con que tienen bechamel que fue elaborada por primera vez en Francia.

    Discutir sobre cocina con mi novio no es una conversación fácil y llevadera y él es italiano, así que no entiendo que obsesión tiene con los franceses.

    Pasando página. Probé unos crepes que madredelamorhermoso.

    El lugar se llamaba Abbesses Breizh Café, ubicado en pleno Montmatre, cerquísima de Moulan Rouge y a distancia aceptable de la Basílica del Sacre Coeur. Yo tenía antojo de crepe desde noviembre cuando empezamos a planear el viaje. El barrio es de mis favoritos, todo super bohemio, con un montón de cafés con sus típicas terrazas parisinas encaladas en aceras estrechas y calles empedradas.

    Crepe en Paris

    Breizh Café es una franquicia de crepes y vinos ubicados en varios puntos de la capital, por lo que es una buena opción para una parada rápida y deliciosa.

    Por supuesto, otro de los clásicos: Croque Monsieur y Croque Madame. Con french fries. Absolutamente reponedor, sobre todo después de Noche Vieja, que fue nuestro caso. Encontramos este agradable café llamado Le Quartier Général en el barrio Latino. Estábamos un poco destrozados por la noche anterior pero la verdad que la comida nos dio bastantes energías para continuar visitando la ciudad.

    Sopa de cebolla, otro plato típico que se puede probar aquí. A mí no me llama, pero dicen que es exquisita.

    Croque Madame Paris

    La ubicación es muy acertada ya que se encuentra muy cerca de Notre Dame y la Sainte-Chapelle. Nosotros reservamos un free tour por la zona que, a pesar de la lluvia, fue muy interesante y recomendable. Sea cual sea la ciudad que visito, siempre reservo un free tour. En el caso de París, lo hicimos a través de Walkative.

    Y cómo venir a Francia y no comer queso. Raclette, fondue, tartiflette, tabla de quesos, camembert, roquefort, brie… Esto sí que es una aportación francesa al mundo importante señores.

    ¿Dónde probar fondue o raclette? Nosotros nos pegamos el festin en Le Bistrot du 20, una brasserie ubicado en Les Halles. Otro restaurante cercano y que son de los mismos dueños (y es más famoso) es Le Bistrot Les Halles. Cualquiera de los dos es perfecto para probar estos dos platos típicos y te aseguro que saldrás rodando.

    ¿Qué más comer? Croissants. Y repostería de cualquier forma y color. Qué gusto da visitar un horno en esta ciudad. Es todo tan colorido y bonito. Baguette. Mi novio se propuso el objetivo de encontrar el croissant perfecto. No estamos seguros de haberlo encontrado así que habrá que volver.

    El croissant perfecto en Paris

    La Noche de París

    Por último, pero no menos importante, hablar de la oferta de ocio nocturna.

    Como he mencionado antes, viajamos a París en Noche Vieja. Lo malo de viajar en 31 de Diciembre es que no sabes dónde salir de fiesta o dónde comer. Quieres que la noche sea perfecta y te da miedo cagarla y terminar en un garito de mala muerte.

    Pues nosotros decidimos no planear la noche e improvisamos. Cenamos en el restaurante Chez Loulou en Le Marais que es una zona para salir a cenar y de copas de moda en París. El precio por la cena fue bastante razonable y comimos entrante, principal, postre, pan, café, vino y champagne. O sea que no nos podemos quejar.

    Después nos quisimos adherir a todo el gentío agolpado en la Avenida des Champs-Élysées y en frente del Arch de Triomphe para dar la entrada al año con el espectáculo de fuegos artificiales. El error fue no planearlo bien y no llevar algo de bebida porque estaba todo cerrado y encontrar un bar o pub fue tarea imposible.

    París no deja de ser una ciudad mágica, aunque no hayan bares cerca, aunque sea un día gris y frío y aunque no vayas a comerte un buen queso. Una ciudad a la que volver e intentar encontrar el croissant perfecto.

    Tour Eiffel Paris

  • Cinco experiencias gastronómicas en Londres

    Cinco experiencias gastronómicas en Londres

    Hablemos de comer. Que no comer mientras hablemos. Eso no deberíamos hacerlo. En esta web también os enseño maneras.

    Bromas a parte. Soy una real foodlover y me encanta probar sitios nuevos. Con los años me he vuelto incluso más exquisita con la comida y ya no busco solo una sensación de sabores, sino de sentidos. Apuesto por restaurantes que además son deliciosos a la vista, aquellos que ofrecen una experiencia inolvidable. Comer es un espectáculo.

    Londres es esa ciudad perfecta para explorar diferentes tipos de comidas y culturas. En los últimos meses he probado varios restaurantes perfectos para citas o quedadas con amigos que me han dejado con la boca abierta y que no puedo dejar de recomendar. Aquí va mi TOP 5 de mejores restaurantes en Londres:

    1. AMAZONICO LONDON.

    Este restaurante, localizado en Londres, compite, pero no con mucho esfuerzo, con otros resturantes de mucho nivel en el que es el barrio de más lujo de la ciudad, Mayfair. No es para cualquiera. Y lo digo muy en serio, de verdad ve dispuesto a disfrutar de la última miga de pan porque vale su peso en oro y la cuenta asciende a niveles estratosféricos.

    ¿Qué vas a encontrar aquí? Pues como su propio nombre indica, un amazonas pero sin río y sin mosquitos. La comida es fusión entre asiática, mediterránea y brasileña, sobre todo ésta última. Me declaro super fan de la comida de Brasil. Cóckteles a la orden del día.

    ¿Y qué más? Música en directo, sobre todo jazz y hasta un DJ. Zonas chill out, plantas por todas partes, una selva en el techo y un servicio excelente. Se nota cuando vas a un sitio de lujo ya que los camareros te explican que es lo qué hay en el plato, cómo se ha cocinado y como hay qué comerlo. Mis dieses señores.

    What´s on the menu?

    Pues nosotros pedimos guacamole con erizo, patacones mechados sobre base de plátano crujiente, atún laqueado, aguachile al más puro estilo mexicano con ceviche, lubina, presa ibérica y como acompañante, verduras asadas. Todo bien acompañado con vino blanco, del que no recuerdo el nombre. Pero seguro que cualquier vino que ofrezca la carta es buena elección.

    Restaurante Amazonico London
    Restaurante Amazonico London
    2. AUBAINE HYDE PARK

    De carácter francés. De lo que alardean: su afternoon tea. Postres de ensueño. Pero su menú principal está diseñado por dioses. No os engaño si os digo que hacía mucho tiempo que quería probar este restaurante, localizado junto a Hilton Hyde Park, un hotel que es todo un encanto y que está encalonado en una fachada de estilo clásico y que mira de frente a los Kensington Gardens. La localización es ya un regalo. Si hace bueno, prepárate para pelear por una mesa en la terraza. Y si eres eres un viandante que pasa por la zona, no podrás evitar cruzar tu mirada con los platos de sus comensales.

    El restaurante es de estilo clásico también pero mezclando ese rollo underground que tanto se lleva en Londres. El techo se conforma por el típico andamio industrial. Mesas de madera robusta y todo pintado de blanco. La luz que entra del exterior también es clave para una reunión diurna perfecta.

    Aproveché y fui con mis padres y mi hermano cuando vinieron a visitarme a Londres. Pedimos burrata, calamares, entrecot, ensalada de atún (de las mejores que he probado) y pasta de langosta (lobster spaghetti queda más refinado).

    ¿Qué más se puede encontrar aquí? Vinos franceses. Y no puedo irme sin mencionar el trato de su personal, especialmente, su manager Alberto, quien hizo que disfrutáramos al 110% de nuestra velada y ofreciéndonos una selección de postres de cortesía.

    Restaurante Aubaine Notting Hill
    Restaurante Aubaine Notting Hill
    3. PORTOBELLO RISTORANTE PIZZERIA

    No me matéis, pero mi primera opción cuando salgo a comer o a cenar por ahí, no son restaurantes italianos. Ahora que, con éste hago una excepción. También llevé a mi familia porque muchos amigos y conocidos me recomendaron este lugar. Su dueño, Mauro, es italiano y una bellisima persona. Este es un restaurante para comer pasta, aunque uno de los platos más recomendados por su gerente es la pizza margarita así que había que probarla.

    El restaurante también es muy bonito por dentro y en la entrada tiene un jardín privado lleno de plantas. En su interior, cuadros que transportan a la vida local italiana. Yo soy de placeres básicos y que me reciban con pan, aceite de oliva y vinagre de módena, es un camino directo a mi corazón. Acomapañado con birra Peroni para no desentonar.

    De entrantes pedimos calabacín frito, marinado 24 horas en leche. Carpaccio de atún, pizza margarita y tallarines con berengena y burrata, aunque suena mejor en italiano: tagliatelle melanzana e burrata.

    Si hay algo que no falta en Londres son restaurantes italianos y gente italiana. De éstos conozco a bastantes, de restaurantes no tantos. Sin duda, llevaría a mis amigos italianos a este restaurante y disfrutaría viendo su reacción porque este lugar no puede defraudar ni si quiera a uno de los «suyos».

    Pizza Margarita en Portobello Ristorante Pizzeria
    Pizza Margarita en Portobello Ristorante Pizzeria
    4. BELLANGER

    Vale, yo no sé por qué no peso 300 kilos, pero bueno nunca es tarde y voy en buen camino. Bellanger fue toda una sorpresa para mí, cuando por primera vez fui a hacer un brunch con unos amigos y me dije «tengo que volver». Y ya sabes, aprovechas y te sacas de la manga estas recomendaciones cuando alguien de fuera viene a visitarte. Mis amigas vinieron hace un mes y queríamos hacer el típico brunch inglés, así que no tuve dudas ni sospechas, este sitio entraba en nuestro recorrido de «72 horas con amigas en Londres».

    Está situado en el barrio de Angel, el cuál es super chulo porque tiene varias callecitas estrechas llenas de tiendas únicas y un mercado vintage donde se pueden encontrar cosas muy curiosas y también espeluznantes (lo dejo a la imaginación de cada uno).

    Siendo sincera, aunque la carta pinta de lujo y todo merece ser probado, yo solo iría para la hora del brunch. Huevos royal, florentine o benedictinos sobre un muffin-mollete tan esponjoso como crujiente. Le puedes añadir extra de todo, de huevo, de espinacas, de jamón york o de salmón. Aunque con el muffin es suficiente, seguro que pedirás pan para limpiar el plato hasta verlo blanco (un hecho muy español).

    Restaurante Bellanger en Angel, Islington
    Restaurante Bellanger en Angel, Islington
    5. EL&N CAFE

    Para otro brunch rodeado de flores (también te las comes).

    Hay varios EL&N repartidos por Londres y todos son super fotografiables. Un lugar muy de princesas donde abunda el rosa, los pasteles y las flores. Un poco como viajar a Alicia en el País de las Maravillas. Perfecto lugar para tostadas de aguacate, hummus, cafés, tés, frappés y todo lo que acaba en «-és», seguro que hasta canapés y cakes. Y ya lo dejo.

    La vida en Londres es caótica y a veces para ver a mis amigas tengo que ir a su lugar de trabajo: Harrods. Justo en frente hay un EL&N y a veces las espero allí tomándome un café hasta que salen de trabajar (y ya luego nos vamos al pub a por cerveza). También hemos comido allí alguna que otra vez.

    La tostada de aguacate con flores silvestres y huevo pochado es mi favorito. Me paso una hora fotografiándolo y cinco minutos comiéndolo. Es el típico lugar al que las influencers vienen vistiendo sus mejores marcas porque un post cae seguro en Instagram. El precio es muy asequible y la experiencia muy satisfactoria.

    EL&N London
    EL&N London
    EL&N en Harrods
    EL&N en Harrods

    La lista podría ser interminable, pues Londres ofrece infinidad de opciones culinarias. Desde restaurantes con más nivel, hasta mercados de street food. La capital inglesa no lo pone fácil a la hora de elegir el restaurante perfecto, pero con esta selección no te quedarás con hambre!

     

  • Historia y tradición en el icónico The Waldorf

    Historia y tradición en el icónico The Waldorf

    ¿Está mal que escriba sobre el hotel en el que voy a empezar a trabajar? Bueno, pues challenge accepted. Hoy vengo a hablaros de The Waldorf, un hotel de cuento de hadas.

    Podéis llamarle autopromoción o simplemente, como hago yo, podéis dedicaros a admirar la belleza de este edificio histórico que dio vida a noches de tango, fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial e incluso sirvió de escenario para la película Titanic.

    Hablo de The Waldorf Hilton, un hotel situado en pleno centro de Londres, entre Holborn y Covent Garden y en el que a partir de unos días, empezaré a trabajar como supervisora. No quepo en mí del orgullo que siento.

    The Waldorf Hotel, fuente: googe

    Este gigante histórico se levantó en 1908. William Waldorf Astor, primer vizconde Astor, fue quien mandó a construir el emblemático hotel. Se erigió con la idea de seguir la tradición estadounidense en la que el hotel sirviera no solo como lugar donde pernoctar, sino también como espacio en el que el transeúnte podía disfrutar del té de media tarde, tomar una copa, bailar tango, reunirse o comer y cenar en el lujoso restaurante.

    The Waldorf Hotel, Palm Court salon

    A día de hoy, sigue manteniendo su esencia. Unida ya a la tradición estadounidense de aquella época, hay que añadirle también la tradición inglesa de los presentes días, en los que la actividad estrella son los famosos y tradicionales ‘afternoon teas’, antaño pasatiempo de la aristocracia inglesa, hoy en dia un ‘imperdible’ con atractivo turístico para visitantes tanto de dentro, como de fuera del país.

    The Waldorf cuenta con 298 habitaciones, 19 de las cuáles son suites. Además, haciendo alarde del lujo, incluye piscina, sauna y baño turco. Especial mención, como no, a su salón Palm Court, que acogió grandes tangos y sirvió de escenario para «la última noche» del Titanic. Hoy en día sigue brillando impoluto y acoge, de vez en cuando, eventos y celebraciones.

    The Waldorf Hotel

    Justo al lado del memorable salón, está el Restaurante Homage, del cuál destaco sus columnatas y lamparas de araña o ‘chandelier’. Este restaurante imita a los grandes cafés de Europa del siglo XX. El hotel también cuenta con el bar y salón Good Godfrey´s, perfecto para una copa a media tarde. Y por último, el Parrot London, una adquisición más moderna que incluye música y cócteles tropicales.

    ¿Y cómo acabé yo en este lujoso hotel?

    Tras un año difícil de pandemia, en el que aquí, la menda, no ha parado de trabajar, decidí que ya era hora de abandonar mi antiguo trabajo en el Double Tree Hilton Hyde Park y seguir creciendo en este polivalente, cambiante, excitante y también estresante mundo de los hoteles. Decir que este hotel, ubicado en las proximidades de Hyde Park, me ha enseñado todo lo que sé sobre hoteles y servicio al cliente, así que estoy muy agradecida de la experiencia allí cosechada.

    Cabe destacar que Londres vive una buena época para el turismo, aunque éste no sea internacional. Tras año y medio de pandemia, el país y su capital, remontan. Visitantes que llegan de todas partes de Reino Unido. Ejecutivos que empiezan a escaparse a las grandes ciudades a hacer negocios. La vida normal, aunque a pequeños pasos, toma rumbo de nuevo. Este pequeño empujoncito del turismo, ha permitido a los hoteles de Londres, contratar de nuevo. Y a mi, emprenderme en esta nueva etapa-aventura.

    The Waldorf Hotel

    El cambio no puede llegar en mejor momento, pues ya desde hacía meses necesitaba un giro y una motivación en mi vida.

    Antes de conseguir el trabajo, me alojé por una noche en The Waldorf con mis amigas, Rosa y Lourdes. Precisamente fuimos a celebrar el cumpleaños de Rosa y nos dieron una habitación King Deluxe en el último piso. Pusieron una cama extra para acomodarnos a las tres. La habitación estaba cuidada al detalle, incluía mini bar, gominolas y hasta un osito de peluche adorable y por supuesto, amenities.The Waldorf Hotel

    El hotel me pareció precioso, Caminar por los pasillos era como deambular por un buque antiguo. Me sentía como en el mismísimo Titanic. Me gustó hasta la moqueta que cubre el suelo y eso que yo soy de detestar las moquetas.

    Proseco at The Waldorf Hotel

    Cenamos en el Restaurante Homage, nos hicimos fotografías en el salón Palm Court, hablamos con el personal, todos muy agradables y serviciales. Y destaco el desayuno, que fue a la carta con una parte de buffet libre donde el huésped se puede servir de bollería, cereales y zumos.

    The Waldorf Hotel

    Disfruté especialmente del desayuno, debe ser porque es mi comida favorita del día, pero sobretodo porque soy muy fan de las tostadas con aguacate. El desayuno estrella incluye también huevos revueltos y el típico ‘English breakfast’ a base de bacon, salchichas, alubias rojas y hash browns de patata.

    The Waldorf Hilton es una opción acertada para aquellos que quieren mimarse y sentirse mimados.

    The Waldorf Hotel

  • Playas y flamenco en la Costa de la Luz

    Playas y flamenco en la Costa de la Luz

    Tengo un nuevo lugar favorito en el mundo y se llama Costa de la Luz, en Andalucía. Los amantes de la playas y de los pueblitos bonitos no pueden perderse este road trip que incluyen paradas obligatorias en Tarifa, Vejer de la Frontera y Zahara de los Atunes.

    Primer viaje oficial post-pandemia.

    Cuatro amigas vacunadas (o semi vacunadas) con ganas de playa y de exiliarse al sur en un recorrido de ocho horas por carretera. Sumamos más de 2000 km en un Ford Fiesta de alquiler, con seguro a todo riesgo, por si las moscas.
    Bikinis y mascarillas que no falten en una maleta de viaje que al final se llena de «por si acasos». Nuestra maleta de la vida también se ha llenado de risas y de paciencia, porque no siempre es fácil ponerse de acuerdo. El móvil a reventar de fotos, porque somos «influmierders» y nos gusta posar, aunque no sepamos.

    Castillo de Colomares, Benalmádena

    Hemos comido atún y ensaladas del Lidl. Cambios drásticos de última hora. Zapatos rotos. Arena de playa por todas partes. Flamenco en vivo. Imanes de nevera. Chicos guapos. Bizums a tutiplén. Esto solo son algunas pinceladas de nuestro viaje de seis días que empezó en Valencia, siguió por Benalmádena, Tarifa, Vejer de la Frontera, Zahara de los Atunes y Marbella. Para hacer bien el amor hay que venir al sur.

    Benalmádena – Málaga

    Empezamos a planear nuestro viaje y como adhesión de última hora entró en ruta Benalmádena. Un pueblo que nos sonaba, pero que jamás se hubiera cruzado en nuestro camino si mi amiga Lourdes, gaditana de nacimiento y corazón, no nos hubiera recomendado.

    Salimos bien prontito de Valencia, después de repostar, a nosotras con tostadas y café cargado, y al coche, con gasolina y no gasoil. Seis horas de carretera con La Rosalía cantándonos al oído.

    Nos alojamos en el Hotel Serramar, ubicado en Arroyo de la Miel, en Benalmádena. Siempre buscamos opciones económicas y este hotel fue un acierto tanto por su ubicación (muy cerca de la playa), como por el precio: una noche 130 euros entre cuatro personas.

    Visitamos el Puerto de Benalmádena donde barcos, restaurantes y tiendecitas captan la atención del visitante. Por fin, la tan ansiada cervecita que anunciaba el principio de la aventura.

      Playas en Benalmádena Puerto de Benalmádena Castillo de Colomares
    La cerveza abrió el apetito pero antes quisimos curiosear y andamos por el paseo, a orillas del mar, hasta topar con un restaurante que jamás olvidaré por sus patatas bravas rancias pero su sandwich mixto de categoría superior. No se puede tenerlo todo en esta vida.

    Al día siguiente proseguimos nuestra ruta, no sin antes parar obligatoriamente en el pueblo de Benalmádena, un lugar lleno de de macetas floreadas. Su castillo de Colomares, tributo a Cristobal Colón, también es digno de mención por su arquitectura que mezcla diferentes influencias y que incluye una pagoda china que representaba la ambición de Colón por alcanzar las costas de Asia.

    Tarifa

    No sé si fue por el hambre o porque un taxista muy majete de Benalmádena nos lo recomendó. Pero el bocadillo de atún que nos comimos en el Mirador del Estrecho, o Mirador de Palomares, entre Algecidas y Tarifa, nos supo a gloria bendita. Este mirador, ubicado en una carretera sin fin, tiene vistas a África que te hacen sentir entre dos mundos.

    En Tarifa nos alojamos en el Hostal Alameda, ubicado en todo el meollo del pueblo. A un lado, el mar y sus chiringuitos; al otro, el puerto y sus ferrys a Tánger; al otro, el centro urbano plagado de restaurantes exquisitos y tiendas bohemias donde pecamos varias veces. El hotel salió a 800 euros cuatro noches, o sea, 200 euros por persona.

    Topamos con una tienda-galería que nos encandiló. Pinturas hechas con un surrealismo abismal de la mano de la artista Neila Pascual que trasporta a la vida andaluza, a su costa y costumbres flamencas. Versos de Neruda y apuntes literarios complementan el arte en las acuarelas, óleos y postales.

    Arte de Neila Pascual Tiendas en Tarifa Tiendas en Tarifa Arte de Neila Pascual

    Pero para arte, el de El Lola. Un restaurante con hora y media de espera para sentarse a cenar. No nos sorprendió tras probar esa tortilla de patata, que sin lugar a dudas necesitaba más pan y así se lo pedimos al camarero. Un poco de jamón serrano, mini hamburguesas y tartar de atún para empezar a ganar cuerpo y kilitos viajeros. Vino blanco fresquito aunque terminamos poniéndonos la chaqueta, porque en esta costa el viento de Levante a veces refresca.

    La Playa Chica, con vista a las ruinas del Castillo de Santa Catalina, fue testigo de nuestras ganas de playa. Agua cristalina y arena brillante. En la Playa de los Lances, inmensa, también nos detuvimos a tomar una cerveza bien fría en el chiringuito Waikiki, de ambiente surfero. Recomendada también la Playa de Valdevaqueros, donde se encuentra el famoso chiringuito El Tumbao y es una playa excelente para la práctica del kitesurf.

    Playas en Tarifa, playa Chica

    Tarifa y Covid plantean un reto a la hora de encontrar reservas en restaurantes, por lo que las colas de espera eran de más de una hora y había lugares por los que no nos atrevíamos a meternos debido a la masificación. Pero disfrutamos de veladas fantásticas en otros restaurantes como La Caracola o Mesón Siglo XIX.

    Playas en Tarifa, playa de Valdevaqueros

    Chiringuito el Tumbao
    Vejer de la Frontera

    Este lugar es obligadísimo si se visita la Costa de la Luz. Nos gustó tanto, que fuimos dos veces.

    Se trata de uno de esos pueblos bonitos en los que te sientes en la obligación de fotografiarlo todo. Su plaza, la Plaza de España, es una de las más impresionantes y que parece un oasis en el mismísimo desierto.

    Desde la carretera, el pueblo parece una montaña blanca que te deja boquiabierto. Sus habitantes tienen la obligación y responsabilidad de mantener ese blanco impoluto de las casas. Nuestro Forfi se las vio canutas para subir las cuestas del pueblo, y para qué engañarnos, nosotras también, sobre todo los zapatos de mi amiga Yas, los cuáles se rompieron y tuvimos que patearnos el pueblo entero bajo un sol de justicia para encontrar una zapatería y comprar unos nuevos.

    Especial recomendación El Jardín del Califa y La Casa del Califa, restaurante y hotel, ubicados uno al lado del otro. Un lugar exquisito con vistas panorámicas e infinitas, tanto al pueblo de Vejer, como a su lejanía. Sabores y olores del Oriente Medio. Jardines de las Mil y Una Noches. Inspirado en la época en la que gobernaron los árabes hace más de 700 años.


    La Playa del Palmar, en Vejer, también tiene innumerables chiringuitos a los que trasladarse cuando uno ya se ha cansado de tanta playa. Aunque es cierto, que estos lugares requieren de outfits no tan playeros, pero más elegantes. El Dorado, mi favorito, en el que cada día de la semana ofrecen un espectáculo flamenco. El Manzanita, el Capuyo de Jerez o Funk You, entre otros. No aceptan reservas. Nosotras para asegurarnos una mesa pagamos un reservado que cuesta 150 euros, la mejor opción si no se quiere hacer la cola o quedarse sin espectáculo flamenco.

    Para concluir nuestro viaje de seis días, decidimos pasar un día de playa en la Playa de los Alemanes en Zahara de los Atunes. Un inmenso arenal de aguas bravas. Sorprendida me quedé de las pedazo de olas en todas y cada una de las playas que pisamos. La fiereza del Atlántico.

    En nuestra vuelta a casa, también nos detuvimos en Puerto Banús, un sitio perfecto si lo que quieres es ver Ferraris, yates de importantes jeques árabes, famoseo y tiendas de marca. Nosotras, que somos muy del postureo, fuimos a ver el puerto, a pasearnos por las tiendas, a hacernos un par de fotos y para acabar nuestro viaje con estilo, nos comimos un delicioso McMenú en el McDonalds.

  • Hasta la cima de El Montgó

    Hasta la cima de El Montgó

    ¿Sabéis cuál es un planazo de pandemia? Subir una montaña. (Advertencia: plan no apto para perezosos y personas en poca forma). Aunque si te lo propones, subir el Montgó en Dénia es posible.

    Para una persona como yo, que todo el ejercicio que hago es subirme en mi elíptica o entrenar con videos de Instagram o YouTube, he de admitir que escalar la montaña fue tarea costosa y hoy, un día más tarde, no puedo mover ni un solo músculo de mi cuerpo. Aunque la sensación de coronar la cima es muy satisfactoria.  

    Pero para amantes de la naturaleza, no veo plan mejor, en un finde soleado como los que estamos teniendo en la Comunidad Valenciana, que escaparse a la montaña.  

    El Parque Natural del Montgó está en Dénia, que además tiene muchos otros atractivos como playas y calas espectaculares (siempre defenderé que esta zona valenciana es el Caribe español, por sus aguas turquesas y su sol brillante).

    Pero Dénia y Jávea tienen más que ofrecer: restaurantes en los que degustar paellas típicas, tapas y cervezas frías, pescaditos, arroces… Un excelente destino de sol, playa, gastronomía y por supuesto, de montaña, que de esto he venido yo a hablaros.  

    Parque Natural del Montgó

    Pero primero un poco de información: esta montaña fue declarada Parque Natural en el año 1987. Se trata de un macizo rocoso que mide 753 metros de altura y que está compuesto en su totalidad por rocas, barrancos y pequeños senderos. Muy rica en cuanto a flora y fauna se refiere. Cuenta con gran diversidad de plantas. Podemos encontrar hasta 650 especies, algunas de ellas catalogadas como endémicas o raras y que solo se pueden encontrar, aparte de en el Montgó, en otras formaciones rocosas de las Islas Baleares.  

    Existen varias rutas, algunas que empiezan desde Dénia y otras desde Jávea. Nosotras íbamos super convencidas de que la excursión duraría tres o cuatro horas y que alrededor de las tres de la tarde habríamos acabado y podríamos comer tranquilamente en la playa. 

    Bueno, pues nuestros planes cambiaron y al final nos metimos en una ruta de seis horas y media de duración. Seguimos la ruta número 6 que empieza en la Ermita del Pare Pere y va desde el Camí de la Colonia hasta la cima y Les Planes. Y después bajamos por el Camí de l’Aigua. Una ruta circular de unos 18 kilómetros, en el que, desde luego, vimos todos y cada uno de los rincones del Montgó. Esta ruta esta categorizada como las más difícil y larga por lo que se recomienda ir bien preparado.  

    Hay algunos tramos de escalada en los que tienes que ayudarte con las manos para poder avanzar. Hay que estar pendiente porque las rutas no están muy bien señalizadas, aunque sí que es cierto que no hay pérdida. Si te orientas bien en la montaña hay que seguir las sendas pisadas. Pero como decía antes, nuestra ruta fue la más difícil y en ocasiones no hay sendero que seguir, más que nada porque el sendero lo componen piedras y rocas. 

    En mi opinión, la ruta es maravillosa en cuanto a paisaje. El mar te acompaña durante todo el trayecto. Es inevitable hacer varias paradas para respirar profundamente y gozar de «momentos mindfulness». El Mediterráneo se mezcla con el horizonte, solo interrumpido por las Islas Baleares al fondo. El Peñón de Ifach también es reconocible. Te sientes diminuto. Y poderoso.  

    La bajada por el Camí de l’Aigua sin embargo no cuenta con esas vistas, tiene otras, impresionantes también, pero no protagonizadas por el mar.  

    Para acabar el día, nos desplazamos hasta la Playa de Les Rotes y nos comimos nuestro bien merecido bocadillo con una cervecita. Este momento fue protagonizado por otro paisaje idílico: un atardecer que pintó el cielo de rosa clarito. Una gran recompensa a un largo y duro día de ejercicio en plena naturaleza. 

    Recomendaciones 

    Para esta ruta en concreto se tiene que tener experiencia física. Nosotras nos lanzamos a la montaña, pero nos resultó duro y quizá para aquellos que no tengan experiencia en trekking o escalada, puede ser un reto bastante grande.  

    Nos costó seis horas y media coronar la montaña y bajar de nuevo. Es importante llevar calzado adecuado, suficiente agua, comida, gafas de sol, protección solar y ropa cómoda. En pleno enero nosotras íbamos en manga corta. Hay que tener en cuenta que hay pocos lugares de sombra donde refugiarse, incluso a veces era difícil poder sentarse a descansar. 

    Estudiarse la ruta antes de empezar. Hay muchas rutas distintas, algunas empiezan en Dénia y otras en Jávea y son de distinta dificultad.

    Como diabética, recomiendo llevar Coca-Cola, azúcar, caramelos… Productos azucarados al gusto del diabético para corregir las hipoglucemias. Yo tuve que pararme para comer algo ya que debido al esfuerzo (con el que tampoco contaba) mi glucemia empezó a bajar demasiado rápido.  

    Y por último, disfrutar del paisaje y de la experiencia del Montgó. No hay esfuerzo sin recompensa y la sensación de estar en la cima es de completa plenitud.  

    Otras rutas y planes: 

    El Montgó es tan polifacético que te permite hacer varias rutas y luego incluso te sobra tiempo para hacer otros planes. 

    La Ruta 1, Final de les Rotes – Port de Xábia: tiene una duración de tres horas y es una ruta lineal de dificultad media. Esta ruta te permite volver a tiempo para disfrutar de una rica paella en distintos restaurantes de Dénia y Jávea, como el Restaurante Mena en Les Rotes.

    La Ruta 2, desde la Ermita del Pare Pere, pasando por el Camí de la Colonia y la Cova del Camell. Es una ruta lineal de intensidad baja que se puede hacer tanto a pie (una hora) como en bici (35 minutos). La ruta en bici permite disfrutar de la subida de una manera diferente y además, después se pueden disfrutar de unas cañas bien fresquitas y de unas tapas en la Movida Denia

    La Ruta 3, desde la Ermita del Pare Pere, cruzando la Cova de l’Aigua y el Racó del Bou. Tiene una duración de tres horas, siguiendo una ruta circular y de intensidad media en la que en algunos tramos tienes que impulsar la subida con la ayuda de cuerdas. En la entrada a la cueva hay una inscripción romana del siglo 238 d.c., aunque también hay evidencia de otras civilizaciones. Tras épocas de mucha lluvia, la cueva se presenta completamente inundada.  

    La Ruta 4, desde la Ermita del Pare Pere, por el Camí de la Colonia – Jesús Pobre. De dificultad media, en una hora y cuarenta minutos se puede subir y bajar la montaña. Gracias a la corta duración de la ruta hay tiempo de sobra para visitar la Ermita del Pare Pere y luego disfrutar de una paella o de un almuerzo con tortilla de patatas incluida, a pie de montaña en el restaurante El Campus de Denia.

    La Ruta 5, desde la Ermita del Pare Pere, por el Camí de la Colonia y la Creueta. Se trata de una ruta lineal de dificultad alta y con una duración de poco más de tres horas. Cuenta con algunos tramos con desniveles que pueden dificultar la ruta y solo se recomienda a personas con experiencia o en buena forma física. Esta ruta te lleva hasta la Cruz de Denia que se instaló en la cumbre en 1999 con ayuda de un helicóptero.  

  • Resacón en Bahamas

    Resacón en Bahamas

    Las islas de las Bahamas son un paraíso tropical para amantes de la flora y fauna marina. Una naturaleza muy rica y asombrosa que se extiende en esas más de setecientas islas que componen el archipiélago. También, conocido como un lugar de lujo y exclusividad, donde muchos famosos multimillonarios se retiran a descansar en sus residencias: David Copperfield, Donald Trump, Johnny Deep, Mick Jagger, Eddie Murphy, Oprah… Famosos que no es que posean lujosas mansiones, sino que además son dueños de islas privadas.  

    No puedo recomendar este destino si no tienes la fortuna de alguno de esos famosos. De no ser así, solo se puede disfrutar de las playas públicas y locales y de los chiringuitos a pie de playa, con Bahama Mama y Coco-Locos, bailes y karaokes incluidos. Algo que yo personalmente disfruté mucho, ya que me encanta sumergirme en el estilo de vida local.  

    Viajé a Nassau, capital de Bahamas, en el mes de febrero del año pasado con dos de mis mejores amigas, lo que prometía que iba a ser un viaje lleno de experiencias y risas. Una buena y acertada compañía a la hora de viajar supone el 90% del éxito del viaje.  

    En realidad, no empezamos el viaje con buen pie porque casi nos quedamos en Madrid debido al overbooking del avión. Por suerte, llegamos a Nassau, aunque mi maleta se quedó en Londres y no llegó hasta tres días más tarde a Bahamas (no os podéis imaginar la aventura de compartir ropa con mis amigas y la incertidumbre de si mi maleta llegaría a tiempo para poder ponerme mis “modelitos” de playa). Tuvimos un comienzo muy emocionante, pero ahora no son más que meras anécdotas o como me gusta llamarlo a mi “Ley de Murphy de los Viajes”.  

    Cruceristas y resorts

    ¿Por qué elegimos destino Bahamas si es un lugar tan caro? Esta pregunta tiene fácil respuesta. Skyscanner, nos ofrecía billetes de ida y vuelta a muy buen precio (Unos 500 euros ida y vuelta) y los compramos sin informarnos previamente del turismo que Bahamas ofrecía, cómo de asequible era turistear las islas y si era un lugar que podía ofrecer algún valor añadido más allá del turismo de sol y playa. Así que casi que elegimos un destino a ciegas. Teníamos tantas ganas de viajar y de playa que casi nos dio igual el destino.

    El hotel nos salió bastante asequible también teniendo en cuenta que hablamos de Bahamas (400 euros por persona diez días). Nos alojamos en el Courtyard by Marriott ubicado en frente de la playa más popular de Nassau: Junkanoo Beach, llena de ambiente local, puestecitos de comida, artesanía y chiringuitos donde probar cócteles típicos. El hotel también estaba muy cerca del centro de la ciudad, a unos cinco minutos andando.  

    Bahamas no es un destino de mochileros, ni si quiera un destino para disfrutar de lo local. Este archipiélago vive de los cruceristas que desembarcan diariamente en el puerto de Nassau y que vienen a pasar un día a las islas vírgenes. Bahamas también es un lugar de segundas residencias de adinerados americanos que se retiran a las aguas del Caribe a descansar.  

    Grandes resorts all inclusive se levantan a pie de playa. Resorts como el Gran Hyatt Baha Mar, un ostentoso hotel lleno de lujos en el que nosotras, gracias a algunos contactos que hicimos, pudimos “colarnos” e irnos de fiesta. O el The Royal Atlantis Resort ubicado en Paradise Island, escenario de películas como James Bond. Se trata de un mega complejo turístico con torres, suites, casinos, restaurantes finos y parque acuático incluido.  

    El Royal Atlantis abre algunas zonas para visitantes mientras que otras están restringidas solo para clientes que pueden llegar a pagar entre 400 y 600 euros por noche. Es una excursión interesante porque el complejo hotelero es precioso ya que la arquitectura simula la ciudad sumergida de Atlantis. Para llegar es necesario coger un ferry, y aunque las playas del hotel están cerradas para el uso exclusivo de clientes, las playas adyacentes están abiertas al público y hay posibilidad de reservar hamacas y sombrillas y de tomarse algún que otro cóctel.   

    Paraíso Exumas

    Si Bahamas cuenta con 700 islas, las Exumas, también pertenecientes a Bahamas, cuentan con un total de 360 islas más bien conocidas como «los cayos» y que deslumbran por sus arenales brillantes, aguas cálidas y turquesas. También por su flora marina y su fauna: desde tiburones, hasta mantarrayas, iguanas y cerdos nadadores.  

    George Town es la ciudad principal y se encuentra en Gran Exuma. Es un enclave único para la práctica de innumerables actividades como la vela. En estas aguas se pueden ver lujosos yates. Curioso es surcar el Caribe y ver a lo lejos la silueta de las islas vírgenes o de algunas de las mansiones que se levantan en ellas. Seguro que este paisaje le recuerda a más de uno a las escenas protagonizadas por Johnny Deep y Orlando Bloom en Piratas del Caribe. O alguna que otra heroica hazaña de James Bond.  

    Probablemente, las Exumas, son la actividad estrella en Bahamas. Y tan estrella, que una excursión a un cayo cuesta cerca de unos trescientos euros el paquete más básico. Otras opciones más exclusivas pueden superar los seiscientos euros (y ya ni te digo lo que vale nadar con tiburones o alquilar un barco).

    Nosotras pagamos un total de 285 euros por una excursión completa de ocho horas que incluía desplazamientos en bote, bebidas frías, almuerzo completo (buffet), alimentar a iguanas, tiburones y mantarrayas, snorkel y por último también nadar con cerdos.  

    Investigamos bastante a la hora de reservar esta excursión porque habíamos leído en Internet muchas críticas, sobre todo en lo referente a los cerdos. Los chicos de la agencia con la que realizamos la excursión, criaban y cuidaban a los cerdos en una granja situada en la Exuma.

    Nos sorprendimos muchísimo del tamaño de los cerdos (eran gigantes) y nos divertimos mucho alimentándolos con manzanas. En ningún momento sentí que se acosara a los cerdos, que al mismo tiempo estaban acostumbrados a la presencia humana y ellos mismos se acercaban sin ningún tipo de miedo.

    Los cuidadores estaban pendientes de que todos estuviéramos a salvo y disfrutáramos, tanto visitantes como animales. Pero es responsable por mi parte advertir de que no siempre es así y que hay muchas agencias que pueden aprovecharse de la situación y someter a los animales a un trato injusto, por ello es importante informarnos bien.  

    Un poco de vida local

    Ya sabéis que para mí un viaje no está completo si no me involucro en la vida local. Interaccionar con los bahameños y conocer sus costumbres típicas es mi pasión. Y aunque para conocer lo local hay que irse a las zonas más rurales y alejarse de las playas, aún pudimos conocer algo de la esencia bahameña.  

    Nuestro hotel se encontraba en pleno epicentro de una de las playas más locales y concurridas de la zona: Junkanoo Beach. Los fines de semana la música suena sin parar y la gente local se reúne para bailar, jugar al volley ball, bañarse en el mar o vender artesanías. 

    Nos pasamos las noches probando distintos cócteles en los chiringuitos de la playa y conversamos con algunos bahameños. Hubo noches de karaoke, algo que por mi experiencia viajando alrededor del Caribe, se lleva mucho.  

    El Downtown de Nassau está lleno de arquitectura colonial donde priman los colores vivos. Supermercados, restaurantes de comida caribeña y otros más internacionales como McDonalds o KFC. Tiendas de souvenirs u otras como la de Harley Davidson o Hard Rock Cafe. El local de moda Margaritaville, casinos y bares con “Happy Hour” que anuncian que Nassau es un sitio construido por y para el turismo. 

    Bahamas

    Segura estoy de que en Bahamas se puede encontrar mucha diversión si se viaja con bastantes ahorros y en una época del año más «turística». Dio la casualidad de que viajamos en febrero, un mes de baja ocupación hotelera y crucerista. También la situación del Coronavirus empezaba a emerger en muchos países occidentales y supongo que en menor o mayor medida impactó en nuestro viaje.

    Desde luego, hay muchas islas del Caribe como Cuba o Jamaica que merecen más atención que Bahamas. Este archipiélago no deja de ser un «Resacón en Las Vegas» en mitad del Caribe. Destino estrella para cruceristas, resorts, lunas de miel y despedidas de solter@s.

  • Dublín en 36 horas

    Dublín en 36 horas

    Dublin es una de esas ciudades a las que siempre he querido ir. Después de dos años viviendo en Londres, siempre he escuchado que la capital irlandesa es como la capital inglesa pero con mejores «vibes». Ambiente alternativo y buenrollismo que se hacen palpables desde el minuto uno, donde sus habitantes son muy agradables y acogedores.

    En un respiro de pandemia, mi amiga Rosa y yo compramos los billetes que nos costaron 30 euros ida y vuelta. Haciendo uso de mi privilegiado descuendo por trabajar en Hilton Hotels, el hotel también fue una ganga. El Hilton Garden Inn Dublin Custom House es una buena opción de alojamiento céntrico en la ciudad con vistas estupidendas al río Liffey.

    Lo que más me sorprendió, en tiempos de Covid, fueron las cautelosas medidas de higiene. No pudimos hacer uso del restaurante porque permanecía cerrado pero había un pequeño lounge en el que el huésped podía servirse de snacks, bebidas e incluso otros enseres de higiene y cuidado personal como champús, geles de baño, cepillos de dientes, etc.

    Nuestra estancia fue corta pero intentamos exprimir el viaje al máximo aún teniendo en cuenta que Irlanda seguía en cuarentena y muchos establecimientos seguían cerrados o limitando la entrada o sus actividades.

    Galería de arte en Temple Bar

    Día Uno: zona centro y fábrica Guinness

    A mi, que me encantan los colores, los graffitis y las casas de apariencia antigua, no daba a basto con las fotografías. Puedo decir que la zona centro y el distrito de Temple Bar son mis lugares favoritos, allí donde se congrega la oferta artística y cultural y el ocio nocturno, que de nuevo, por la época que vivimos, se ha visto interrumpido.

    Uno de los tantos callejones artísticos en el centro de Dublín

    Nada más llegar al aeropuerto cogimos un autobús que por tres euros y treinta céntimos te lleva al mismísimo centro de Dublín. Aquí quiero mencionar la app de Tricount que ha sido la cabeza pensante en cuanto a temas financieros se refiere. Para quien no conozca la app, es una muy buena herramienta para compartir gastos.

    En cuestión de treinta minutos, el autobús nos dejaba en la avenida principal y la más grande de Dublín y de toda Europa: O´Connel Street. Aquí se encuentra la estatua del líder que da nombre a la calle y el monumento The Spire. Éste está considerado como el más alto del mundo llegando a alcanzar los 119 metros, que el cuello te hace volteretas para poder ver el final del, vulgarmente hablando, «palo de acero».

    Una vez que llegamos al hotel y nos acomodamos, decidimos patear y buscar un garito bueno, bonito, barato, para comer y birrear. Primero hicimos un buen registro de fotos, al paisaje y a nosotras mismas. Cogimos fuerzas y seguimos la andadura hasta uno de los objetivos de cualquier viajero que pise Dublín: la Guinness Storehouse, donde nace y se produce esta rica bebida a base de agua, cebada, lúpulo y levadura de cerveza.

    Guinness o’clock

    Ésta es una atracción tan interactiva que te sentirás como un niño en un museo de ciencia. Aunque el final del tour no se recomienda para menores de edad, ni tampoco para «flojos», ya que la cata de cervezas en la azotea del edificio con vistas espectaculares a la ciudad, no es solo la guinda del pastel, sino una tarea para valientes.

    Eso sí, es muy recomendable comprar las entradas con anterioridad. Hay distintos precios, el que incluye la cata es de 30 euros y sin cata son 15 euros.

    Otras atracciones que vimos durante esa tarde fue la Iglesia Christ Church Cathedral, el barrio del Temple Bar y callejones llenos de reivindicaciones artisticas.

    Graffitis en Temple Bar

    Temple Bar: opción de noche y de día

    El cuerpo siente la llegada de la noche, sobretodo cuando estás en una ciudad nueva e inexplorada. Y si eres Español tienes dos objetivos: música y alcohol. Lo del alcohol lo conseguimos.

    No era fin de semana, sino un miércoles cualquiera y casi todo permanecía cerrado, pero nuestras ganas de ponernos nuestro vestidazo y salir de pubs eran de una fuerza inestimable.

    Así que breve paradita en el hotel, a ponerse monas y a salir en busca de música. Nuestro plan era disfrutar de un concierto de música irlandesa, y de hecho lo intentamos concienzudamente pero fue un completo fail. Aún así nos contentamos pegándonos un festín en un restaurante tex mex que no voy a recomendar porque ni es típico, ni recuerdo el nombre.

    Temple Bar es una muy recomendada opción, tanto de día por el color de sus fachadas, sus graffitis, galerías de arte y teatros; como por la noche en la que la oferta de ocio se dispara con incontable número de pubs que ofrecen comida y cervezas típicas y música en vivo.

    Edificios en el distrito Temple Bar

    Día dos: de parques y compras

    Al día siguiente nos quisimos centrar en lo importante: compras (aunque al final no compramos nada) y también recorrimos un parque atestado de patos y flores de colores.

    El parque en cuestión es St. Stephen´s Green Park localizado en la zona del centro de Dublín. No fue casualidad que llegáramos hasta allí, pues justo al lado se encuentra la zona comercial Grafton Street. Además de belleza inusual, con un lago enorme, fauna repleta y flores de mil colores, es un remanso de paz y desconexión en pleno centro. También es el parque más grande de Dublín.

    Callejones cerca del área comercial de Dublín

    Un día y medio en Dublín no fue suficiente para contemplar su belleza pero eso es lo que más nos gustó de este viaje: que queríamos más, nosotras, las insaciables.

    Entre visitas culturales, artísticas y naturales también tuvimos tiempo de degustar café y tarta de pistacho, cerveza irlandesa, charlamos con sus habitantes y nos hicimos fotos en innumerables iglesias y graffitis, que son la esencia de Dublín.

    Momento tarta y café
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