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  • Durga’s Den o inyección de vitalidad en las montañas de Jamaica

    Durga’s Den o inyección de vitalidad en las montañas de Jamaica

    Uno de los lugares en los que he sido más feliz durante mi estancia en Jamaica es Durga’s Den. Esta pequeña granja en Ocho Ríos ha destapado mis grandes habilidades de granjera, las cuáles no sabía que tenía. Y ahora quiero mandarlo todo al garete y montarme una granja con sus pollos, conejos y cabras. Y por supuesto, plantas, muchas plantas.

    A todo aquel que se sienta enamorado de la madre tierra, del ecoturismo, de la alimentación sana y sobre todo, personas con diabetes, este sitio es de gran interés para conseguir una armonía sostenible, no solo con el medio ambiente, sino también con el fuero interno de cada uno.

    Permanecí un mes en esta granja, rodeada de animales, los que me conocen saben que soy muy feliz compartiendo mi día a día entorno a animalillos -o animalazos- porque las cabras que estaban allí, no es que fueran grandes, también bastante bravas. Doy fe de ello, pues de vez en cuando me tocaba sacarlas a pasear y no sabía yo cómo de escurridizas y saltarinas podían ser.

    Vivir en este lugar me ha dado energías muy positivas y me ha cambiado por completo. Decir que la primera semana tuve que bajarme la insulina porque la comida que preparan es completamente sin azúcares, a base de plantas cosechadas en sus propios huertos y con otros alimentos de calidad. Lisa y Mike son sus propietarios, un matrimonio muy encantador, ella canadiense, él jamaicano. Entre los dos han construido un lugar digno de reproducir en todos los países.

    Estilo de vida sin azúcares

    Volviendo al tema de la alimentación, es necesario apuntar que Lisa tiene diabetes tipo 2 y gracias a su estilo de vida y a la dieta que lleva no necesita de medicamentos o tratamientos. Cabe destacar que diabetes tipo 1 (la mía) y diabetes tipo 2 no tienen el mismo tratamiento, en mi caso necesito insulina porque mi páncreas no la produce y el segundo, consta de una alimentación sana y equilibrada sin consumo de azúcares y en ocasiones ingesta de pastillas.

    Un lugar tan tranquilo, natural y con tan buen rollo no podía cosechar otro resultado que bienestar y energía. Sin duda alguna es el mejor Workaway que he encontrado hasta ahora de los tres que he hecho durante mis tres meses en Jamaica. El hecho de que Lisa sea canadiense me ha otorgado esa libertad propia de países más abiertos de mente, Jamaica aún tiene mucho que expandirse en este aspecto.

    No os he hablado antes de mi experiencia con Workaway porque siendo completamente honestos no han sido experiencias muy afortunadas, nada malo en general, pero he tenido que salir corriendo de algunos sitios por el trato abusivo de algunas personas, algo a lo que ya me exponía pues antes de mi partida, investigando por Internet, algunos de los que participan en este intercambio cultural declaraban que muchos propietarios los explotaban laboralmente, y sí, cierto es, hay gente que no entiende del todo que Workaway es un intercambio cultural y no una trata de blancas.

    Tras tener que huir de una de estas casas e irme de la otra porque el propietario me puso de patitas en la calle, encontré el SITIO, con mayúsculas. El sitio en el que he podido disfrutar de las auténticas good vibes que Jamaica lleva por eslogan.

    El trabajo en la granja me ha enseñado valores, más si cabe, de preservación y cuidado del medio ambiente, ya no solo por el hecho de mantener limpias nuestras calles, no contaminar y la importancia del reciclaje, sino otros aprovechamientos muy útiles como los váteres ecológicos y las duchas con agua de lluvia, esto último es hasta romántico.

    Modelo sostenible

    Durga’s Den lleva a cabo un proyecto ecológico muy importante por el que recibe financiación del Gobierno y con el que se propone reproducir su modelo sostenible en otros lugares.

    A menudo reciben visitas escolares en las que realizan talleres en los huertos, dan de comer a los animales y les enseñan nociones fundamentales sobre ecología y biodiversidad.

    Además, reciben voluntarios periódicamente, en el mes que yo estuve la granja contó con cuatro voluntarios y el trabajo consiste en limpiar los cultivos, regar las plantas, dar alimento a los animales y por supuesto, plantar todo tipo de frutas y verduras.

    Lo mejor de este lugar, como decía antes, aparte del entorno mágico que confiere la naturaleza, es la permisividad y claridad en cuanto al trabajo a hacer. Cuatro horas al día, de 7:30 a 11:30 de la mañana y el resto del día y los fines de semana completamente libres para disfrutar de las virtudes de la isla, aunque alguna que otra vez he preferido quedarme en la granja, disfrutando del bar-comedor chill out, de la plataforma de yoga con una vistas interminables de las montañas y el mar, o paseando entre el vecindario y respirando ese aire limpio que desgraciadamente no encontramos en muchas grandes ciudades europeas.

    Voluntariado en las montañas de Jamaica

    La estancia, en calidad de voluntario, es gratuita y pagando 33 euros semanales (o 5.000 dólares jamaicanos) tienes desayuno, comida y cena incluida de lunes a viernes. Collin, el cocinero, es un auténtico conocedor de plantas y especias, por las mañanas llega a la granja y ‘va al mercado’, cómo él suele decir, aunque en realidad se dirige a los huertos de la granja y allí empieza a recolectar lo que necesita para cocinar. Todos amamos a Collin por sus exquisitos platos a base de arroces, sopas, pizzas vegetales y sus zumos sin azúcares.

    Momentos muy enriquecedores con Latour y Sarah, dos empleados que moldean la tierra con gran facilidad y que conocen, al igual que Collin, los nombres de todas y cada una de las plantas que crecen en la propiedad.

    Y por supuesto, Lisa y Mike, cuya hospitalidad no conoce límites y con los que los grandes momentos van más allá de la granja, experiencias como acompañarles a vender los productos en el mercado de Kingston o compartiendo momentos de karaoke en uno de los locales de moda de Ochi, Ocean’s 11.

    La granja además cuenta con varias casetas de madera que pueden alquilarse para disfrutar del ecoturismo en Jamaica. Suelen realizarse con periodicidad retiros para practicar yoga en un ambiente cien por cien natural.

    Durga’s Den está situada en las colinas, en el barrio de Breadnut Hill, está solo a 15 minutos en route taxi de la ciudad, los taxis pasan frecuentemente y cada viaje son unos 0,80 céntimos de euro o 120 dólares jamaicanos. El barrio es tranquilo y acogedor, y por los alrededores se encuentran otras granjas o la conocida por los locales Lion House, una guest house al más puro estilo rastafari.

    Gracias a la permisividad de Lisa, la amabilidad de Mike y la hospitalidad de todos y cada uno de los trabajadores de la granja, he disfrutado muchísimo de mi último mes en la Jamrock. No puedo estar más agradecida y no puedo dejar de recomendar este maravilloso remanso de paz perdido en las colinas de Jamaica.

    Si te ha gustado este artículo, lee el siguiente sobre Zimbali Retreats, jardín del Edón en Negril.

    Lisa, después de casi siete horas pantando berries (bayas)

    Todos los días son Weed Morning en Durga’s Den

    Exquisita crema de calalú y pan de zanahoria

    Veggie Party con tacos! Y mi fruta preferida, breadfruit

    Viernes de recolecta para el mercado del sábado

    Tipi, el gato más charlatán que he conocido nunca

    Estas dos hermosuras no se dejan coger con facilidad

    Mi amigo Kumar de India, el día de su regreso a casa

    Momento coconut break

    Mi compañera Justine, de Canadá, y detrás, la plataforma de yoga con vistas al mar

    Estos pollos cuando comen me representan

    Yo, farmgirl. Pero no busco esposo

    Los echo de menos, mucho. Tash y Tipi

    ¡Mañana hay mercado!

    Huertos de la alegría

    Chill out en el bar-comedor

    Más animalillos

    Collin prepara su famosa pizza vegetal

    Así se limpia la arugula, y las lechugas, y las espinacas…

    Munición vegetal

    Hot Peppers o como andarte con cuidado cuando vas a comer sopa (comprobado)

    Pizza Collin, chef de primera

    La inocencia hecha perro, siempre con una sonrisa en la cara y una pata sucia en tu ropa

    Bungalow para huéspedes

    Bungalow número dos

    En esta plataforma, sino llegas al Nirvana por lo menos estás rozando el cielo

    Modelo sostenible de cabañas con váteres ecológicos

    Caseta para los voluntarios

    Y así se tiró todo el mes que estuve allí

    Casa verde

    Las pequeñas cosas, las insignificantes, son las que cuentan en esta maravillosa granja.

  • Cerrando maletas… Destino Jamaica con Workaway

    Cerrando maletas… Destino Jamaica con Workaway

    Ha llegado un momento apoteósico en mi vida.

    Me encuentro en estos mismos instantes haciendo la maleta, algo que siempre me ha resultado toda una hazaña en la que en la mayoría de las veces pierdo la batalla porque lleno la maleta de esos ‘por si acasos’ que luego jamás usaré y que no hacen más que ocupar espacio en una maleta destinada a mutar de forma y transformarse en un bulto abominable… Aun así no deja de convertirse en una hazaña, se pierda o no la batalla. Hazaña, momentazo o la proeza de cómo conseguir que “esto cierre y pese menos de 20 kilos cuando vaya a facturar”.

    El mini susto y el mini susurro que sueltas para ti misma de: “venga pequeña mete tripa» (refiriéndote a la maleta), cuando estás frente al mostrador de facturación y el/la trabajador/a que revisa tus billetes y tu equipaje te observa concienzudamente como si fueras sospechoso de llevar el sable de Napoleón, un jamón pata negra, un alijo de coca y hasta un ave de corral. Todos tus esfuerzos se transforman en aparentar la armonía propia de quien no carga una maleta sino una grácil y liviana bolsita de equipaje con dos bragas, dos pantalones y dos camisetas para tres meses.

    ¡JÁ! Y no hay quien se lo crea, por eso yo lleno la maleta de ‘por si acasos’, porque nunca se sabe si te va a tocar vivir la nevada monumental, ‘por si acaso’ la segunda extinción cretácica, la invasión alienígena o si el sol caerá sobre la Tierra. Así que ropa para todo.

    Bueno y todo este rollazo sobre maletas y límites de kg (del que ya me extenderé más en profundidad en próximos episodios) para decir que por fin ha llegado la hora de mi primera y gran aventura en solitario: Jamaica, here we go! 

    Tres meses de aventura en Jamaica

    En menos de 48 horas estaré volando rumbo a las Grandes Antillas y yo todavía no sé qué ponerme, ni que llevarme, ni donde dormiré la primera noche, por no saber no sé ni inglés. Aunque allí se habla una mezcla rara entre inglés y patois que es como si un Latinoamericano se fuera tres meses al pueblo más catalán de Cataluña. Pero bueno, alegría y muchos por si acasos en la maleta, siempre te salvarán de cualquier encrucijada (y el sable de Napoleón también).

    Por delante me esperan unos casi tres meses de aventura por Jamaica y espero que también por Cuba y alguna que otra islilla caribeña, en las que espero descubrir ya no solo las tradiciones y estilo de vida locales, sino también paisajes, la gastronomía y gente buena que me abra las puertas de su casa y me ofrezca momentos inolvidables en esta, mi primera experiencia viajando sola.

    Desde que fui a Jamaica, el pasado mes de septiembre (amor a primera vista), empecé a planear mi regreso. Hacía bastantes años que quería ir a Jamaica porque soy adepta al reggae, de hecho mi festival favorito es el Rototom que se hace al ladito de mi casa, en la playa de Benicàssim (Castellón) y ya este festi es una premisa importante del buen rollo, el ritmo y el sabor del ‘one love’ y ‘one respect’ que encuentras en la isla. En Jamaica esta sensación se eleva al infinito y más allá si cabe.

    El tema es que fue pisar la isla y ya saber de primeras que yo iba a volver tarde o temprano, aunque nadie se esperaba que fuera tan temprano la verdad. Lo cierto es que en cuanto volví a España empecé a informarme y me topé de bruces con una página que iba a cambiar mi concepción de viajar. A ver… no encontré América pero la verdad es que me abrió los ojos y vi en esta aplicación una forma muy eficaz para pasar largos periodos de tiempo sin gastarte mucho dinero en un país extranjero.

    ¿Cómo me voy a alojar?

    La página en cuestión, aunque existen muchas más de este estilo, es Workaway. Por el momento no puedo hacer una crítica o recomendación sustentada bajo los cimientos de la experiencia personal, porque todavía no he llegado a Jamaica, pero sí, esta es la forma en la que me voy a alojar allí en la isla. De Workaway en Workaway y tiro porque me toca.

    Explico por encima en qué consiste: es una página web en la que para acceder a las ofertas de voluntariado debes hacer una contribución económica anual de 30 euros. Esta pequeña cantidad monetaria sirve como ‘seguro’ y te garantiza que los hosters (anfitriones o huéspedes) son fiables, buenas personas y te van a dar una cama en condiciones para que tu experiencia sea gratificante y confortable.

    Si por el contrario, no es una experiencia gratificante, tú, como has pagado 30 euros, te pones en contacto con el equipo de Workaway quien te ofrece una asistencia legal y jurídica y emprenden asuntos legales contra la persona que te ha fastidiado el voluntariado, bien porque te ha dejado tirado en el último momento, bien porque la cama que te prometía resultaba ser un tablón de madera en el suelo, o tal vez porque en vez de tres comidas diarias al final solo te daban una y un plátano para antes de dormir.

    Cabe decir que cada host tiene sus condiciones de voluntariado, generalmente muchos de ellos establecen un horario de trabajo que pocas veces supera las cinco horas diarias y fines de semana libres para que el voluntario pueda hacer turismo y descubrir el país. A cambio de estas tareas de voluntariado que van desde limpieza, jardinería, construcción, pintura o cuidado de niños o animales, los huéspedes te ofrecen alojamiento y en algunas ocasiones hasta comida.

    La verdad, como decía antes, no tengo la experiencia en primera persona pero he estado investigando en Internet sobre «workaway opiniones«. Desde la misma página web puedes leer comentarios, tanto de huéspedes como de anfitriones, pero también los puedes encontrar en otras páginas de Internet y en términos generales parece una buena opción para personas como yo que desean viajar durante largas estancias de tiempo sin gastarse un euro. No es que sea rata, es que quiero viajar mucho.

    Aunque esto es como todo, he podido leer opiniones en las que  se critica a la página debido a la explotación llevada a cabo por algunos huéspedes a voluntarios, aunque ahí ya entra la capacidad de reacción de cada cuál y si en un momento se hace evidente esta explotación laboral o no se están cumpliendo las condiciones previamente establecidas lo lógico es denunciarlo a la página de Workaway y marcharse de ese lugar cuanto antes.

    Muchas aplicaciones tienen la opción de que los usuarios valoren y puntúen el servicio que ofrecen personas particulares a través de este tipo de aplicaciones (como BlablaCar o Couchsurfing),  en la que el criterio de selección puede basarse en estos comentarios ya que se trata de un indicador muy fiable a la hora de saber si estas tratando con una persona de confianza o no. Workaway tiene el mismo concepto y puedes leer las opiniones de las personas que ya se han alojado previamente en estos hostales, hoteles, albergues, granjas, etc.y conocer a través de la experiencia de otros viajeros el nivel de hospitalidad del huésped.

    Yo por lo que he leído en los comentarios hay que tener mucho cuidado, sí, pero porque esto del Workaway vicia y ¡MUCHO!

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