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  • Hasta la cima de El Montgó

    Hasta la cima de El Montgó

    ¿Sabéis cuál es un planazo de pandemia? Subir una montaña. (Advertencia: plan no apto para perezosos y personas en poca forma). Aunque si te lo propones, subir el Montgó en Dénia es posible.

    Para una persona como yo, que todo el ejercicio que hago es subirme en mi elíptica o entrenar con videos de Instagram o YouTube, he de admitir que escalar la montaña fue tarea costosa y hoy, un día más tarde, no puedo mover ni un solo músculo de mi cuerpo. Aunque la sensación de coronar la cima es muy satisfactoria.  

    Pero para amantes de la naturaleza, no veo plan mejor, en un finde soleado como los que estamos teniendo en la Comunidad Valenciana, que escaparse a la montaña.  

    El Parque Natural del Montgó está en Dénia, que además tiene muchos otros atractivos como playas y calas espectaculares (siempre defenderé que esta zona valenciana es el Caribe español, por sus aguas turquesas y su sol brillante).

    Pero Dénia y Jávea tienen más que ofrecer: restaurantes en los que degustar paellas típicas, tapas y cervezas frías, pescaditos, arroces… Un excelente destino de sol, playa, gastronomía y por supuesto, de montaña, que de esto he venido yo a hablaros.  

    Parque Natural del Montgó

    Pero primero un poco de información: esta montaña fue declarada Parque Natural en el año 1987. Se trata de un macizo rocoso que mide 753 metros de altura y que está compuesto en su totalidad por rocas, barrancos y pequeños senderos. Muy rica en cuanto a flora y fauna se refiere. Cuenta con gran diversidad de plantas. Podemos encontrar hasta 650 especies, algunas de ellas catalogadas como endémicas o raras y que solo se pueden encontrar, aparte de en el Montgó, en otras formaciones rocosas de las Islas Baleares.  

    Existen varias rutas, algunas que empiezan desde Dénia y otras desde Jávea. Nosotras íbamos super convencidas de que la excursión duraría tres o cuatro horas y que alrededor de las tres de la tarde habríamos acabado y podríamos comer tranquilamente en la playa. 

    Bueno, pues nuestros planes cambiaron y al final nos metimos en una ruta de seis horas y media de duración. Seguimos la ruta número 6 que empieza en la Ermita del Pare Pere y va desde el Camí de la Colonia hasta la cima y Les Planes. Y después bajamos por el Camí de l’Aigua. Una ruta circular de unos 18 kilómetros, en el que, desde luego, vimos todos y cada uno de los rincones del Montgó. Esta ruta esta categorizada como las más difícil y larga por lo que se recomienda ir bien preparado.  

    Hay algunos tramos de escalada en los que tienes que ayudarte con las manos para poder avanzar. Hay que estar pendiente porque las rutas no están muy bien señalizadas, aunque sí que es cierto que no hay pérdida. Si te orientas bien en la montaña hay que seguir las sendas pisadas. Pero como decía antes, nuestra ruta fue la más difícil y en ocasiones no hay sendero que seguir, más que nada porque el sendero lo componen piedras y rocas. 

    En mi opinión, la ruta es maravillosa en cuanto a paisaje. El mar te acompaña durante todo el trayecto. Es inevitable hacer varias paradas para respirar profundamente y gozar de «momentos mindfulness». El Mediterráneo se mezcla con el horizonte, solo interrumpido por las Islas Baleares al fondo. El Peñón de Ifach también es reconocible. Te sientes diminuto. Y poderoso.  

    La bajada por el Camí de l’Aigua sin embargo no cuenta con esas vistas, tiene otras, impresionantes también, pero no protagonizadas por el mar.  

    Para acabar el día, nos desplazamos hasta la Playa de Les Rotes y nos comimos nuestro bien merecido bocadillo con una cervecita. Este momento fue protagonizado por otro paisaje idílico: un atardecer que pintó el cielo de rosa clarito. Una gran recompensa a un largo y duro día de ejercicio en plena naturaleza. 

    Recomendaciones 

    Para esta ruta en concreto se tiene que tener experiencia física. Nosotras nos lanzamos a la montaña, pero nos resultó duro y quizá para aquellos que no tengan experiencia en trekking o escalada, puede ser un reto bastante grande.  

    Nos costó seis horas y media coronar la montaña y bajar de nuevo. Es importante llevar calzado adecuado, suficiente agua, comida, gafas de sol, protección solar y ropa cómoda. En pleno enero nosotras íbamos en manga corta. Hay que tener en cuenta que hay pocos lugares de sombra donde refugiarse, incluso a veces era difícil poder sentarse a descansar. 

    Estudiarse la ruta antes de empezar. Hay muchas rutas distintas, algunas empiezan en Dénia y otras en Jávea y son de distinta dificultad.

    Como diabética, recomiendo llevar Coca-Cola, azúcar, caramelos… Productos azucarados al gusto del diabético para corregir las hipoglucemias. Yo tuve que pararme para comer algo ya que debido al esfuerzo (con el que tampoco contaba) mi glucemia empezó a bajar demasiado rápido.  

    Y por último, disfrutar del paisaje y de la experiencia del Montgó. No hay esfuerzo sin recompensa y la sensación de estar en la cima es de completa plenitud.  

    Otras rutas y planes: 

    El Montgó es tan polifacético que te permite hacer varias rutas y luego incluso te sobra tiempo para hacer otros planes. 

    La Ruta 1, Final de les Rotes – Port de Xábia: tiene una duración de tres horas y es una ruta lineal de dificultad media. Esta ruta te permite volver a tiempo para disfrutar de una rica paella en distintos restaurantes de Dénia y Jávea, como el Restaurante Mena en Les Rotes.

    La Ruta 2, desde la Ermita del Pare Pere, pasando por el Camí de la Colonia y la Cova del Camell. Es una ruta lineal de intensidad baja que se puede hacer tanto a pie (una hora) como en bici (35 minutos). La ruta en bici permite disfrutar de la subida de una manera diferente y además, después se pueden disfrutar de unas cañas bien fresquitas y de unas tapas en la Movida Denia

    La Ruta 3, desde la Ermita del Pare Pere, cruzando la Cova de l’Aigua y el Racó del Bou. Tiene una duración de tres horas, siguiendo una ruta circular y de intensidad media en la que en algunos tramos tienes que impulsar la subida con la ayuda de cuerdas. En la entrada a la cueva hay una inscripción romana del siglo 238 d.c., aunque también hay evidencia de otras civilizaciones. Tras épocas de mucha lluvia, la cueva se presenta completamente inundada.  

    La Ruta 4, desde la Ermita del Pare Pere, por el Camí de la Colonia – Jesús Pobre. De dificultad media, en una hora y cuarenta minutos se puede subir y bajar la montaña. Gracias a la corta duración de la ruta hay tiempo de sobra para visitar la Ermita del Pare Pere y luego disfrutar de una paella o de un almuerzo con tortilla de patatas incluida, a pie de montaña en el restaurante El Campus de Denia.

    La Ruta 5, desde la Ermita del Pare Pere, por el Camí de la Colonia y la Creueta. Se trata de una ruta lineal de dificultad alta y con una duración de poco más de tres horas. Cuenta con algunos tramos con desniveles que pueden dificultar la ruta y solo se recomienda a personas con experiencia o en buena forma física. Esta ruta te lleva hasta la Cruz de Denia que se instaló en la cumbre en 1999 con ayuda de un helicóptero.  

  • Dublín en 36 horas

    Dublín en 36 horas

    Dublin es una de esas ciudades a las que siempre he querido ir. Después de dos años viviendo en Londres, siempre he escuchado que la capital irlandesa es como la capital inglesa pero con mejores «vibes». Ambiente alternativo y buenrollismo que se hacen palpables desde el minuto uno, donde sus habitantes son muy agradables y acogedores.

    En un respiro de pandemia, mi amiga Rosa y yo compramos los billetes que nos costaron 30 euros ida y vuelta. Haciendo uso de mi privilegiado descuendo por trabajar en Hilton Hotels, el hotel también fue una ganga. El Hilton Garden Inn Dublin Custom House es una buena opción de alojamiento céntrico en la ciudad con vistas estupidendas al río Liffey.

    Lo que más me sorprendió, en tiempos de Covid, fueron las cautelosas medidas de higiene. No pudimos hacer uso del restaurante porque permanecía cerrado pero había un pequeño lounge en el que el huésped podía servirse de snacks, bebidas e incluso otros enseres de higiene y cuidado personal como champús, geles de baño, cepillos de dientes, etc.

    Nuestra estancia fue corta pero intentamos exprimir el viaje al máximo aún teniendo en cuenta que Irlanda seguía en cuarentena y muchos establecimientos seguían cerrados o limitando la entrada o sus actividades.

    Galería de arte en Temple Bar

    Día Uno: zona centro y fábrica Guinness

    A mi, que me encantan los colores, los graffitis y las casas de apariencia antigua, no daba a basto con las fotografías. Puedo decir que la zona centro y el distrito de Temple Bar son mis lugares favoritos, allí donde se congrega la oferta artística y cultural y el ocio nocturno, que de nuevo, por la época que vivimos, se ha visto interrumpido.

    Uno de los tantos callejones artísticos en el centro de Dublín

    Nada más llegar al aeropuerto cogimos un autobús que por tres euros y treinta céntimos te lleva al mismísimo centro de Dublín. Aquí quiero mencionar la app de Tricount que ha sido la cabeza pensante en cuanto a temas financieros se refiere. Para quien no conozca la app, es una muy buena herramienta para compartir gastos.

    En cuestión de treinta minutos, el autobús nos dejaba en la avenida principal y la más grande de Dublín y de toda Europa: O´Connel Street. Aquí se encuentra la estatua del líder que da nombre a la calle y el monumento The Spire. Éste está considerado como el más alto del mundo llegando a alcanzar los 119 metros, que el cuello te hace volteretas para poder ver el final del, vulgarmente hablando, «palo de acero».

    Una vez que llegamos al hotel y nos acomodamos, decidimos patear y buscar un garito bueno, bonito, barato, para comer y birrear. Primero hicimos un buen registro de fotos, al paisaje y a nosotras mismas. Cogimos fuerzas y seguimos la andadura hasta uno de los objetivos de cualquier viajero que pise Dublín: la Guinness Storehouse, donde nace y se produce esta rica bebida a base de agua, cebada, lúpulo y levadura de cerveza.

    Guinness o’clock

    Ésta es una atracción tan interactiva que te sentirás como un niño en un museo de ciencia. Aunque el final del tour no se recomienda para menores de edad, ni tampoco para «flojos», ya que la cata de cervezas en la azotea del edificio con vistas espectaculares a la ciudad, no es solo la guinda del pastel, sino una tarea para valientes.

    Eso sí, es muy recomendable comprar las entradas con anterioridad. Hay distintos precios, el que incluye la cata es de 30 euros y sin cata son 15 euros.

    Otras atracciones que vimos durante esa tarde fue la Iglesia Christ Church Cathedral, el barrio del Temple Bar y callejones llenos de reivindicaciones artisticas.

    Graffitis en Temple Bar

    Temple Bar: opción de noche y de día

    El cuerpo siente la llegada de la noche, sobretodo cuando estás en una ciudad nueva e inexplorada. Y si eres Español tienes dos objetivos: música y alcohol. Lo del alcohol lo conseguimos.

    No era fin de semana, sino un miércoles cualquiera y casi todo permanecía cerrado, pero nuestras ganas de ponernos nuestro vestidazo y salir de pubs eran de una fuerza inestimable.

    Así que breve paradita en el hotel, a ponerse monas y a salir en busca de música. Nuestro plan era disfrutar de un concierto de música irlandesa, y de hecho lo intentamos concienzudamente pero fue un completo fail. Aún así nos contentamos pegándonos un festín en un restaurante tex mex que no voy a recomendar porque ni es típico, ni recuerdo el nombre.

    Temple Bar es una muy recomendada opción, tanto de día por el color de sus fachadas, sus graffitis, galerías de arte y teatros; como por la noche en la que la oferta de ocio se dispara con incontable número de pubs que ofrecen comida y cervezas típicas y música en vivo.

    Edificios en el distrito Temple Bar

    Día dos: de parques y compras

    Al día siguiente nos quisimos centrar en lo importante: compras (aunque al final no compramos nada) y también recorrimos un parque atestado de patos y flores de colores.

    El parque en cuestión es St. Stephen´s Green Park localizado en la zona del centro de Dublín. No fue casualidad que llegáramos hasta allí, pues justo al lado se encuentra la zona comercial Grafton Street. Además de belleza inusual, con un lago enorme, fauna repleta y flores de mil colores, es un remanso de paz y desconexión en pleno centro. También es el parque más grande de Dublín.

    Callejones cerca del área comercial de Dublín

    Un día y medio en Dublín no fue suficiente para contemplar su belleza pero eso es lo que más nos gustó de este viaje: que queríamos más, nosotras, las insaciables.

    Entre visitas culturales, artísticas y naturales también tuvimos tiempo de degustar café y tarta de pistacho, cerveza irlandesa, charlamos con sus habitantes y nos hicimos fotos en innumerables iglesias y graffitis, que son la esencia de Dublín.

    Momento tarta y café
  • Tres libros viajeros para esta cuarentena

    Tres libros viajeros para esta cuarentena

    En plena crisis de Coronavirus y en mitad de la cuarentena, me siento en la terraza de mi casa y mi cabeza viaja hasta Bahamas, último país que estuve visitando el pasado mes de febrero y del que hablaré muy pronto en la web. Me imaginaba a mí misma paseando por el downtown, tomando un Bahama mama a pie de chiringuito en la playa del Junkanoo Beach, o buscando el imán perfecto para poner en la nevera en el mercado del puerto de Nassau.

    Ahora que viene el buen tiempo es imposible no imaginarse a una, con tanto tiempo libre, yendo a la playa, tirándose sobre la toalla y dejando que los rayos del sol bañen la piel. Pero por ahora solo serán eso: imaginaciones, recuerdos de unas vacaciones pasadas y soñar despierto. Con suerte este virus se estabiliza pronto y aunque el tema de viajar lo debemos aparcar por un tiempo, por lo menos podemos hacerlo sumergiéndonos en una profunda y placentera lectura. Los libros son un buen sustituto de los viajes.

    Con motivo del Día Internacional del Libro, que fue justo ayer, se me ha ocurrido recomendar unas cuantas lecturas que precisamente logran transportarte sino a otros lugares, también a otros mundos y a otras épocas. Estos libros que recomiendo a continuación son mis últimas lecturas, las que me han hecho evadirme de la cuarentena y volar entre historias.

    -La Tierra de las Mujeres (Sandra Barneda)

    Biblogtecarios

    Este libro me lo regaló mi padre unas Navidades y lo dejé aparcado porque la verdad, es un tocho de más de quinientas páginas y no encontraba el momento de enfrascarme en la historia. El título es arrebatadoramente poderoso y destaco la naturalidad y frescura de Barneda al escribir. Es un libro que a medida que lo lees te empodera más como mujer y te inspira a llevar a cabo aquellas cosas que siempre has querido hacer.

    Como breve sinopsis: la protagonista es una mujer americana que vive en Nueva York. Adinerada y acomodada, viaja a La Muga situada en el Alto Ampurdán, comarca de Gerona, para recibir una herencia de una familiar lejana. La protagonista llamada Gala Marlborough viaja con sus dos hijas, una de ellas adolescente que le complicará un poco las cosas estando en esa tierra alejada y desconocida. Se enfrentarán a sus fantasmas del pasado, del presente y del futuro. Todo en una localización exquisita que pone de relieve la vida campestre.

    Hace unos tres años viajé a Girona, visité varias comarcas, entre ellas El Ampurdán y hay muchos fragmentos del libro en los que me imagino a mí misma protagonizando la historia. Los paisajes se describen con una fiel exactitud que, para los que hayamos tenido el privilegio de estar en esas tierras, aparte de poder rememorar la belleza de sus paisajes, podemos incluso sentir la frescura del viento y los olores típicos. Un libro que es todo un deleite.

    -El día que el océano te mire a los ojos (Paola Calasanz, Dulcinea)

    Uli-Uli Books

    Me gustan los libros que empoderan a las mujeres. Que inspiran y quitan vendas de los ojos. Que te hacen ver más allá de lo preestablecido y que te dicen: nena, vida hay solo una. Este libro es toda una revelación (con v) que te dice: ¡Rebélate! (con b). Rebélate ante cómo quieres vivir tu vida y toma decisiones. Y la localización no puede ser más perfecta: Capitolia, un pequeño pueblo costero al sur de California. Paola su autora no ha podido hacer una historia más inspiradora.

    La prota del libro es Aurora, una mujer que de la noche a la mañana recibe dos malas noticias, una referente a su salud y otra a su vida amorosa que le lleva a dar un giro radical a su vida. Lo que más me gusta son esos detalles hippies de la prota, las descripciones de los lugares que te hacen sentir libre, e incluso esos momentos que vive Aurora, que aparte de empoderarte hace que te des cuenta de que todos tenemos nuestros puntos de flaqueza.

    Una historia que se vive a pie de mar, en la tranquilidad de este pueblo costero de California, lugar que nunca he visitado pero que ansío ver. No solo el amor y la determinación son los temas centrales de la novela, sino que se ve una perfecta y bonita simbiosis con la naturaleza.

    Este libro llegó a mis manos, otra vez gracias a mi padre, justo en un momento de mi vida en el que yo, sin saberlo, era una Aurora. Coincidió con mi aventura en Jamaica, tres meses en los que me armé de valor y me fui sola a la isla caribeña para vivir mi propia historia de determinación.

    -La ira y el amanecer (Renee Ahdieh)

    La Estación de las Letras

    Esta es una historia más dirigida hacia el público juvenil por sus tintes fantásticos, pero de vez en cuando una historia así, me llena muchísimo. Siempre me han gustado las historias fantásticas y ésta última que leí es muy intensa. Además tiene continuación así que nada más acabe la cuarentena iré a la librería a comprarla, sin falta.

    Es una historia de califas, emires, magos y sirvientes. Sorprende, que en una historia así, sea una fuerte mujer la protagonista. Ya empieza con mucho poderío: una mujer ofreciéndose voluntaria para casarse con un califa asesino, que al segundo día mata a todas sus mujeres. Sherezade es la protagonista y yo me declaro súper fan de ella. Además incluye un triángulo amoroso muy interesante. Esta historia pone de relieve como la mente humana puede cambiar de parecer. Como lo desconocido puede convertirse en algo tan atrayente que es imposible de detener. Como aquello que ignoramos puede hacernos abrir los ojos.

    No sabría ubicar con precisión la localización exacta de la novela pero se trata sin ninguna duda de algún lugar de Oriente Medio, entre ciudades amuralladas, zocos donde se desarrolla la vida de los ciudadanos, palacios donde abundan las sedas y festines, desiertos vastos bañados por un sol de justicia. Gracias a las exactas descripciones de la autora, que además incluye un diccionario árabe al final de la lectura, podemos imaginarnos las costumbres, hábitos, vestimentas, paisajes, etc. relativos al mundo árabe.

    En el caso de este último libro recuerdo que me lo compré yo misma en la famosa Feria del Libro de mi ciudad, Valencia, que se emplaza cada año en los Jardines de Viveros. Me atrajo la portada, un libro de color rojo con figuras geométricas en dorado y un título que con solo leerlo te auguraba una lectura intensa.

    Y hasta aquí mis recomendaciones, mis últimas lecturas de esta cuarentena. Mientras nuestra historia se detiene, ¿qué mejor que vivir otras? Aunque no sean las nuestras.

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