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  • De despedida gastronómica en Sevilla

    De despedida gastronómica en Sevilla

    En primer lugar, he titulado este repor así porque me despido de las comilonas hasta por lo menos la boda de mi prima. En poco menos de un año tengo tres bodas y un funeral. El funeral de la ropa que ya no me cabe por todos esos kilos de felicidad que me he metido entre pecho y espalda y han ido a parar directamente a mi tripa y a mis muslos. Jamaica tiene mucha culpa, pero es que Sevilla es definitivamente la responsable y el motivo: esas tapitas que tanta envidia levantan para el resto de países que por desgracia no cuentan con una gastronomía tan rica y salá como tenemos en España, y con más énfasis, en el sur.

    Hace un par de fin de semanas estuve en Sevilla haciendo un poco de turismo gastronómico. Un salmorejo o unas croquetas conquistan a cualquiera y estos suculentos platos vienen para quedarse, -en tu tripa y en tus muslos-, pero luego tienes kilómetros y kilómetros de preciosa ciudad con río incluido para patear y sentirte menos mal contigo misma. Si eres como mi familia, no recorres el río sino que te sientas en él mientras te tomas un helado o unas copas, que es un plan alternativo que tampoco está mal, oye.

    Viajar sola, pues mola, y la rima es completamente improvisada, pero una escapada con tu familia y además, solo chicas, es lo mejor que puedes regalarte. Viajar con ellas es algo parecido a un viaje de fin de carrera porque solo haces que beber, comer y comprar. El motivo de nuestra escapada de fin de semana fue la despedida de mi prima Sandra que en poco menos de un mes se casa y como Sevilla es recientemente la city break de las despedidas de soltera pues pallá que nos fuimos.

    La ciudad tiene uno de los cascos históricos más bonitos que existen, ya lo dije anteriormente y lo repito porque me llena de orgullo y satisfacción tener un amigo ruso cuya ciudad favorita del mundo es Sevilla. Pero es que este lugar es de cuento, de película o de serie muy famosa de HBO, sí hablo de Juego de Tronos que, según informaciones obtenidas desde la parte trasera de un taxi por un taxista sevillano profesor de geografía, el elenco de la serie vuelve a la ciudad para seguir rondando su última temporada.

    Castillos, grandes fortalezas, infinidad de influencias arquitectónicas, calles empedradas, el Guadalquiví’, el pincho de tortilla, el pescadito frito, las cañas y la luz. Parecerá una tontería pero el sol es elemento clave para que una ciudad se vea más o menos bonita. Aunque a nosotras nos tocó un fin de semana en el que se alinearon todos los elementos atmosféricos, frío, calor y lluvia. Nada que no se pueda solucionar con unos bailoteos y unas palmas en La Anselma.

    Hay que ser muy selectivas cuando se trata de pasar solo un fin de semana en Sevilla porque la ciudad es muy grande y hay muchas cosas que ver. Una de las mejores cosas que tiene la ciudad son sus buenas conexiones por tierra y aire.

    Ryanair opera todos los viernes a la misma hora. Desde Valencia despega a las 14:40 y el vuelo tarda poco más de una hora en llegar. El AVE también es una buena opción, el primer tren el viernes es a la ocho de la mañana y en cuatro horas te plantas allí.

    El primer día decidimos quedarnos por el centro histórico para empezar con lo realmente importante: tapas y cañas con vistas a la Giralda.

    España tiene una costumbre muy arraigada después de la comida: la siesta. Pero también tiene otra muy común: irse de copas. Otra más saludable: caminar y patear, que es la mejor forma de conocer la ciudad y sus zonas emblemáticas. Pero nosotras nos fuimos de compras, que quizá no es la mejor opción tras comer, ya que tu barriga no luce su talla real, pero sí es una de las opciones más divertidas, sobre todo teniendo en cuenta que los fines de semana en Sevilla hay mucho ambientazo por las calles y puedes ver hasta procesiones o actuaciones musicales en las plazas.

    Puerta de garaje en Las Dueñas

    También hicimos algo de turismo histórico-cultural y visitamos el Palacio de Las Dueñas de la Casa de Alba (del que ya escribí anteriormente para El Mundo). La residencia de los Duques de Alba sorprende por sus patios, jardines y habitaciones donde prima el horror vacui. Como dato curioso, en este caserón nació el poeta Antonio Machado y su huella poética reside en las instalaciones en forma de limoneros y versos que enaltecen los recuerdos de su pasado.

    “Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

    Y un huerto claro donde madura el limonero;

    mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

    mi historia, algunos casos que recordar no quiero”.

    Palacio de Las Dueñas

    Sevilla enamora tanto de noche como de día. La luz del sol la convierte en una ciudad de oro durante el día; y por la noche, a la luz de la luna, se torna de un color plateado, perfecta ocasión para vestirse y salir a cenar o a tomar algo por los distintos locales de moda.

    La ciudad tiene una oferta muy amplia, desde modernos locales de restauración como El Pintón, hasta otros más antiguos como El Rinconcillo, taberna abierta en 1670 y cuyos platos se degustan con ese mismo sabor añejo. Tanto para comer o cenar en uno o en otro es necesaria previa reserva, sobre todo si se trata de un grupo tan grande como lo éramos nosotras. La carta, tanto de entrantes, segundos platos o vinos, es muy variada donde priman, como no, las tapas y donde podrás encontrar croquetas vayas donde vayas.

    Un planazo de sábado noche es ir a cenar al restaurante Victoria 8 y luego dejarse caer por La Anselma, un espectáculo de flamenco muy popular situado en el fabuloso barrio de Triana que atrae a gente de Albacete, o hasta de China o Colombia. Pero personalmente, para mí más que un espectáculo de flamenco es un espectáculo de humor cuya protagonista es La Anselma, una mujer de entrada edad que no tiene desperdicio y te dice las verdades en la cara como quien escupe fuego. Además te da consejos muy sabios sobre jabones de higiene íntima. Es una de esas mujeres auténticas que te canta, te baila y te saca más de una carcajada. El espectáculo fue muy entretenido y muy sevillano. Requiere reserva previa aunque a la hora de la verdad la Anselma lee la lista de reservas como le da la gana.

    Sevilla es una ciudad tan polifacética que atrae turismos de todo tipo, desde el más satisfactorio: la gastronomía y el ocio; hasta el más sentido: el cultural e histórico. Yo no quería caer en tópicos, pero Sevilla lo es en sí misma, así que podemos afirmar que Sevilla tiene un color especial y yo creo que es por esa luz que irradia, tanto de día, como de noche.

    Dónde comer:

    – Restaurante El Pintón: Moderno bar de tapas con ambiente joven y aire fresco, me gustó la decoración, con luz tenue y azulejos que resaltan la típica arquitectura sevillana. Su interior es un patio sevillano de estilo muy contemporáneo con árbol y cactus incluidos.

    Situado en Calle Francos 42, 41004 Sevilla. Reservas: 955 07 51 53

    – Restaurante Victoria 8: encamado dentro de un tradicional patio andaluz en pleno barrio de Triana está este restaurante que aunque tiene mucho de tradicional presenta unos platos muy innovadores.

    Calle Victoria 8, Pagés del Corro, Triana, Sevilla. Reservas: 954 343 230 | 661 677 061

    – Restaurante El Rinconcillo: Fundado en 1670, gastronomía sevillana con sabor y tradición. Grandes salones en la parte superior y un salón grande donde comer de pie y «con las manos» jamón serrano del bueno.

    Situado en Calle Gerona 40, Sevilla. Reservas: 954 223 183

  • Hacienda Guzmán, templo andaluz del aceite

    Hacienda Guzmán, templo andaluz del aceite

    Publicado el m

    | Artículo original en: http://viajes.elmundo.es/2015/10/28/espana/1446025910.html


    En Hacienda Guzmán un edificio colonial acoge a los visitantes. Tras los portones, un patio de flores y por los caminos de tierra, niños que corren y hacen rebuznar a Pepe. Caballos, carruajes, un patio andalusí y algún museo. Pero hay algo aún más importante que se cosecha aquí, en esta mítica hacienda.

    Aceite de oliva virgen extra

    Hemos viajado hasta Sevilla, lugar al que hemos bautizado como Planeta Aceituna. En la Hacienda Guzmán, un hermoso terreno de 400 hectáreas repleto en su totalidad de olivos, se fabrica un aceite de gran calidad -destacan el de las variedades manzanilla, arbequina y hojiblanco-. Todo este trabajo es resultado del esfuerzo de la familia Gillén, que cuenta con una dilatada trayectoria olivarera tras sus espaldas.

    Los aceites que se producen en la hacienda.

    La construcción de su hacienda se remonta a los tiempos en los que Cristóbal Colón descubrió América. Fue su hijo, Hernando Colón, quien dedicó tiempo, esfuerzo y pasión a la producción del aceite, muy valorado en el siglo XVI en España y que se exportaba de manera regular a la recién colonizada América, conocida entonces como El Nuevo Mundo.

    En estas valiosas e históricas dependencias han pernoctado reyes y otras personalidades, como Carlos III y Fernando VII, que además iban de cacería y disfrutaban del aceite cosechado en la hacienda.

    Museo de la Oliva

    El edificio, de apariencia colonial, contaba con tres molinos de viga. Esto ya la convertía por entonces en la hacienda más grande del mundo. Aún conservan esos robustos y pesados molinos, que forman parte de las joyas de este edificio. Otra joyita es la Olivoteca -museo de la oliva- donde encontramos más de 150 variedades de olivos tanto españoles, como italianos, marroquíes, turcos y de otras partes del mundo; algunos sorprenden por el tamaño de sus aceitunas, que podrían pasar por ciruelas.

    Molino de viga en la almazara del siglo XVII.

    Todavía más interesante es visitar la almazara, centro de investigación de la Olivoteca, donde se estudian las características químicas de los olivos. Es aquí donde producen el aceite. Además, entre sus instalaciones se encuentra la antigua almazara del siglo XVII, donde se expone el pesado armatoste que se usaba antaño para elaborar el aceite.

    Carruajes, caballos y Pepe

    Entre tanto olivo, protagonista en esta hacienda, no se descuidan otros detalles que mucho tienen que ver con la producción de su aceite. La Caballeriza alberga varios caballos de pura raza española que eran muy necesarios en las labores del campo. Pero el gran aliado del agricultor tiene nombre propio: el burro Pepe. De estos animales surgía la fuerza necesaria para mover los pesados molinos de viga. Pepe fue una ayuda indispensable antes de que las nuevas maquinarias le sustituyeran. Ahora sigue formando parte de la hacienda y los niños y visitantes se divierten con su presencia.

    400 hectáreas de olivos en Hacienda Guzmán.

    La caballeriza se complementa con el majestuoso Museo del Carruaje, una colección privada de coches y carros originales de los siglos XVII, XVIII Y XIX que incluye indumentaria, abalorios y aparejos propios. La Hacienda Guzmán te lleva a recorrer las 400 hectáreas de sus terrenos encima de uno de sus carruajes, un paseo señorial campo a través para empaparse de ese paisaje que aspira a convertirse en algo más.

    ¿Patrimonio de la Humanidad?

    De la necesidad de expresar toda la hermosura de este frondoso bosque de olivos, el más extenso construido por el hombre, nace la Fundación Juan Ramón Guillén, cuya sede es precisamente la Hacienda Guzmán y cuyo objetivo es conseguir que se declare al paisaje olivar andaluz Patrimonio de la Humanidad.

    Hacienda Guzmán es un paraíso del aceite de oliva. Su aceite satisface los cinco sentidos: sabor único, color diferente, textura suave, olor fuerte y una historia que se remonta siglos atrás, muy placentera de escuchar. Todo un descubrimiento, como cuando Colón llegó a América, momento en el que nació este exclusivo templo del aceite de oliva.

    | Más información en www.haciendaguzman.com

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