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  • Fuera de ruta entre indígenas o esquimales

    Fuera de ruta entre indígenas o esquimales

    Publicado el jueves, 8 de septiembre de 2016

    | Artículo original en: http://viajes.elmundo.es/2016/02/11/otrosmundos/1455183985.html


    Los amish, los esquimales, los indígenas de Papúa Nueva Guinea o los maorí de Nueva Zelanda. Conocer culturas lejanas y exóticas es posible gracias a estos tours insólitos que te llevan hasta los confines del mundo.

    Estas etnias, comunidades y tribus son únicas y ven del mundo de otra manera. Si quieres conocerlas aquí van seis viajes fuera de ruta.

    1. Amish: vuelta al pasado

    Familia amish en el Condado de Lancaster.

    Los amish son un auténtico pueblo atrapado a conciencia en el tiempo. También conocidos como menonitas, sociedad asentada en sus modestas y cómodas tradiciones de los siglos XVII y XVIII, que practican lo que se conoce como abstención tecnológica. Algo tan básico como la electricidad tiene vetada la entrada en la comunidad.

    La comunidad amish se rige por su propia ordenanza, el Ordnung; el hombre deja crecer su barba y la mujer viste de manera sencilla, sin joyas ni abalorios; rechazan la tecnología, pero van al cine; a cierta edad adulta son bautizados y pasan por un período de reflexión, el Rumspringa, por el que los amish pueden salir al mundo y decidir si quieren seguir en la comunidad; viven en granjas y regentan pequeñas empresas.

    Conociendo a los Amish: La web de viajes Civitatis organiza tours en castellano por uno de los asentamientos amish más importantes del país, el de Lancaster en Pensilvania que cuenta con 57.000 miembros. Montado sobre carretas tiradas por caballos recorrerás los campos en los que trabajan, descubriendo así las humildes granjas en las que viven. La visita a la familia de los Amish culmina con una agradable y apetecible charla sin móviles de por medio, con comida casera incluida y postres realmente tentadores.

    2. Korowai: los indígenas de Papúa

    Los Korowai viven en cabañas en lo alto de los árboles.

    Una línea pacífica e imaginaria dibujada sobre la salvaje selva separa las tribus indígenas de la sociedad más avanzada de la isla occidental de Papúa, conocida como Irian Jaya. Ahí encontramos a los Korowai, con unos pies y unas manos tan ásperas que podrían trepar el árbol más alto del mundo. No es un viaje cualquiera, no es un viaje para cualquiera.

    El fotógrafo y escritor Eduardo Lostal relata la experiencia que vivió con los Korowais. En mitad de un terreno anegado, calificado por el fotógrafo como «ciénaga» y dominado por sanguijuelas y otros animales exóticos, se levantan sobre árboles los khaim, las cabañas de estos indígenas del Pacífico. Esta tribu habla su propio idioma, fuma en exceso y cree en los demonios, en laeolíns. Lostal relata que lo peor que te puede pasar es que un miembro moribundo o enfermo te señale con el dedo, porque eso quiere decir que llevas al demonio dentro y en consecuencia te conviertes en desayuno para la tribu. Según cuenta, hasta aquí solo puede llegarse en avioneta, la otra opción es vadear la selva a machete, lo que podrá llevarte más de un mes.

    Trekking en Papúa La agencia que realiza viajes por Indonesia, Catur Expediciones, organiza aventuras por este terreno inhóspito. Los Korowai no son la única tribu que puede visitarse, en el Valle de Baliem también puedes observar las curiosas aldeas de los Yali y los Kombai. Un viaje alucinante para poner a prueba tu resistencia conviviendo con una de las tribus más primitivas que existen en el mundo.

    3. Inuits: viaje a los confines del Ártico

    Beso de esquimal entre inuits.

    Piensa en un lugar remoto, quizá Groenlandia, con sus duras condiciones climatológicas en invierno, escasas horas de luz solar, con limitaciones de aprovisionamiento por tratarse de un lugar aislado y de difícil acceso, con una naturaleza abrupta y salvaje y con una cultura perfectamente amoldada a estas circunstancias.

    Los indígenas esquimales son cazadores a punta de escopeta; pescan en las gélidas aguas del Ártico; fabrican artesanía con diente de narval; se trasladan en trineos tirados por perros, en Jeeps, e incluso sobrevuelan el fiordo en helicóptero. Son grandes conocedores de las tierras que pisan. Viven en cabañas que pintan de colores según la función que cumplan; fabrican ropa con piel de oso o de foca; comen carne cruda: comerse el corazón de la foca para ellos significa fortaleza; son hospitalarios; y cuentan con su propio idioma, el inuit, hablado por el 70% de los groelandeses.

    ¿Cómo conocer la cultura inuit? La agencia de viajes Arctic Yeti organiza aventuras por el Ártico durante ocho días en los que te llevan a conocer los aislados pueblos de Kulusuk y Tasiilaq, dos islas al este del país en el que podrás relacionarte con esta apasionante cultura.

    4. Bosquimanos: los primeros pobladores

    Bosquimanos haciendo fuego.

    Los Bosquimanos, también conocidos como «san», representan el pueblo vivo más antiguo de la Tierra. «Hombres de los bosques» que habitan en el sur de África desde hace miles de años. Son los últimos de los primeros pobladores de esta parte más austral de África. También se les atribuye el mérito de haber inventado el lenguaje humano, un lenguaje primario a base de chasquidos con la lengua.

    En la actualidad se reparten en grupos entre los territorios de Botsuana y Namibia. Un pequeño porcentaje de éstos también se asientan en Angola, Sudáfrica, Zambia y Zimbabue. La situación de esta etnia en la actualidad es complicada, han tenido conflictos con el gobierno de Botsuana por la intención de desterrarles de sus tierras ancestrales (La Reserva de Caza del Kalahari Central). El Tribunal Superior les devolvió la razón y sus tierras, alegando que el desalojo era ilegal y anticonstitucional.

    Safari por la África austral: La web de viajes de aventura, Naturtrek, organiza safaris en camiones, siendo pioneros en esta nueva forma de recorrer la sabana africana. Proponen la Ruta del Okavango, expedición de 21 días por Namibia, Botsuana y las Cataras Victoria, parando, cómo no, en aldeas bosquimanas para conocer su oficio de cazadores y recolectores, así como sus rituales y tradiciones.

    5. Maorís: tradición al grito del ‘haka’

    Estética maorí. | Foto: Jimmy Nelson.

    A lo largo de las dos islas que componen el fascinante y polifacético territorio neozelandés encontramos itinerantes muestras de la cultura Maorí. De la mano de los maoríes se produjo el primer asentamiento humano en Nueva Zelanda, son los primeros y auténticos pobladores de esta isla del Pacífico.

    Esta cultura, su idioma y tradiciones, son fundamentales para la identidad de Nueva Zelanda. El haka, antigua danza de guerra maorí, es uno de los espectáculos más impactantes y es por ello que los All Blacks de Nueva Zelanda hacen una demostración de este baile antes de un enfrentamiento de rugby. Los maorís, un pueblo cuya hospitalidad es más que una seña de buena educación, es una responsabilidad que se toman muy en serio.

    En poblado maorí con guía nativa: En Rotoura, ciudad a orillas de un lago con mismo nombre, en Isla Norte, se encuentra el pueblo Maorí de Whakarewarewa, este indescifrable nombre es llamado por los locales «Whaka». Desde la web del poblado de Whakarewarewa puedes adquirir las entradas para una visita guiada. Una guía de origen maorí te llevará a descubrir cada lugar del pueblo, su historia, música, arte, lenguaje, comida y hasta sus hogares.

    6. Caboclos: la Amazonia en barco

    Indios Dessana bailando y cantando.

    El gran Amazonas riega los territorios de Perú, Colombia y Brasil. La masa selvática tropical de la Amazonia afecta a nueve países de la parte central y septentrional de Sudamérica. Imagina la biodiversidad que se haya en esta vasta región de seis millones de kilómetros cuadrados, que acoge a 250 mil nativos organizados en 215 etnias, y las que todavía no se conocen.

    En el trayecto, varias aldeas se prestan serviciales ante las visitas, mostrándoles sus bailes y cantos rituales, como es el caso de los indios Dessana, asentados en la amazonia brasileña, una comunidad alegre y tranquila que pinta sus rostros y cuerpos y adorna sus cuellos con collares y sus cabezas con penachos de plumas. En el camino también hay otras comunidades, como la de los Caboclos que viven en la aldea de Terra Preta y es muy interesante por ser la comunidad más numerosa de la región del Amazonas. Otras aldeas que están de paso en esta aventura es la de los indios Kambeba y la población de Novo Airao.

    Descubriendo la Amazonia: La web de rutas por el Amazonas, Lo Peix, organiza tours a la carta, también tienen excursiones ya programadas. Este tour ofrece guía en español y un trato personalizado para grupos de cuatro a once personas a bordo de un barco ecológico. Esto es el Amazonas y lo que verás durante la travesía son formas de vida, (animales, vegetales y humanas) de lo más salvajes.

  • Cerrando maletas… Destino Jamaica con Workaway

    Cerrando maletas… Destino Jamaica con Workaway

    Ha llegado un momento apoteósico en mi vida.

    Me encuentro en estos mismos instantes haciendo la maleta, algo que siempre me ha resultado toda una hazaña en la que en la mayoría de las veces pierdo la batalla porque lleno la maleta de esos ‘por si acasos’ que luego jamás usaré y que no hacen más que ocupar espacio en una maleta destinada a mutar de forma y transformarse en un bulto abominable… Aun así no deja de convertirse en una hazaña, se pierda o no la batalla. Hazaña, momentazo o la proeza de cómo conseguir que “esto cierre y pese menos de 20 kilos cuando vaya a facturar”.

    El mini susto y el mini susurro que sueltas para ti misma de: “venga pequeña mete tripa» (refiriéndote a la maleta), cuando estás frente al mostrador de facturación y el/la trabajador/a que revisa tus billetes y tu equipaje te observa concienzudamente como si fueras sospechoso de llevar el sable de Napoleón, un jamón pata negra, un alijo de coca y hasta un ave de corral. Todos tus esfuerzos se transforman en aparentar la armonía propia de quien no carga una maleta sino una grácil y liviana bolsita de equipaje con dos bragas, dos pantalones y dos camisetas para tres meses.

    ¡JÁ! Y no hay quien se lo crea, por eso yo lleno la maleta de ‘por si acasos’, porque nunca se sabe si te va a tocar vivir la nevada monumental, ‘por si acaso’ la segunda extinción cretácica, la invasión alienígena o si el sol caerá sobre la Tierra. Así que ropa para todo.

    Bueno y todo este rollazo sobre maletas y límites de kg (del que ya me extenderé más en profundidad en próximos episodios) para decir que por fin ha llegado la hora de mi primera y gran aventura en solitario: Jamaica, here we go! 

    Tres meses de aventura en Jamaica

    En menos de 48 horas estaré volando rumbo a las Grandes Antillas y yo todavía no sé qué ponerme, ni que llevarme, ni donde dormiré la primera noche, por no saber no sé ni inglés. Aunque allí se habla una mezcla rara entre inglés y patois que es como si un Latinoamericano se fuera tres meses al pueblo más catalán de Cataluña. Pero bueno, alegría y muchos por si acasos en la maleta, siempre te salvarán de cualquier encrucijada (y el sable de Napoleón también).

    Por delante me esperan unos casi tres meses de aventura por Jamaica y espero que también por Cuba y alguna que otra islilla caribeña, en las que espero descubrir ya no solo las tradiciones y estilo de vida locales, sino también paisajes, la gastronomía y gente buena que me abra las puertas de su casa y me ofrezca momentos inolvidables en esta, mi primera experiencia viajando sola.

    Desde que fui a Jamaica, el pasado mes de septiembre (amor a primera vista), empecé a planear mi regreso. Hacía bastantes años que quería ir a Jamaica porque soy adepta al reggae, de hecho mi festival favorito es el Rototom que se hace al ladito de mi casa, en la playa de Benicàssim (Castellón) y ya este festi es una premisa importante del buen rollo, el ritmo y el sabor del ‘one love’ y ‘one respect’ que encuentras en la isla. En Jamaica esta sensación se eleva al infinito y más allá si cabe.

    El tema es que fue pisar la isla y ya saber de primeras que yo iba a volver tarde o temprano, aunque nadie se esperaba que fuera tan temprano la verdad. Lo cierto es que en cuanto volví a España empecé a informarme y me topé de bruces con una página que iba a cambiar mi concepción de viajar. A ver… no encontré América pero la verdad es que me abrió los ojos y vi en esta aplicación una forma muy eficaz para pasar largos periodos de tiempo sin gastarte mucho dinero en un país extranjero.

    ¿Cómo me voy a alojar?

    La página en cuestión, aunque existen muchas más de este estilo, es Workaway. Por el momento no puedo hacer una crítica o recomendación sustentada bajo los cimientos de la experiencia personal, porque todavía no he llegado a Jamaica, pero sí, esta es la forma en la que me voy a alojar allí en la isla. De Workaway en Workaway y tiro porque me toca.

    Explico por encima en qué consiste: es una página web en la que para acceder a las ofertas de voluntariado debes hacer una contribución económica anual de 30 euros. Esta pequeña cantidad monetaria sirve como ‘seguro’ y te garantiza que los hosters (anfitriones o huéspedes) son fiables, buenas personas y te van a dar una cama en condiciones para que tu experiencia sea gratificante y confortable.

    Si por el contrario, no es una experiencia gratificante, tú, como has pagado 30 euros, te pones en contacto con el equipo de Workaway quien te ofrece una asistencia legal y jurídica y emprenden asuntos legales contra la persona que te ha fastidiado el voluntariado, bien porque te ha dejado tirado en el último momento, bien porque la cama que te prometía resultaba ser un tablón de madera en el suelo, o tal vez porque en vez de tres comidas diarias al final solo te daban una y un plátano para antes de dormir.

    Cabe decir que cada host tiene sus condiciones de voluntariado, generalmente muchos de ellos establecen un horario de trabajo que pocas veces supera las cinco horas diarias y fines de semana libres para que el voluntario pueda hacer turismo y descubrir el país. A cambio de estas tareas de voluntariado que van desde limpieza, jardinería, construcción, pintura o cuidado de niños o animales, los huéspedes te ofrecen alojamiento y en algunas ocasiones hasta comida.

    La verdad, como decía antes, no tengo la experiencia en primera persona pero he estado investigando en Internet sobre «workaway opiniones«. Desde la misma página web puedes leer comentarios, tanto de huéspedes como de anfitriones, pero también los puedes encontrar en otras páginas de Internet y en términos generales parece una buena opción para personas como yo que desean viajar durante largas estancias de tiempo sin gastarse un euro. No es que sea rata, es que quiero viajar mucho.

    Aunque esto es como todo, he podido leer opiniones en las que  se critica a la página debido a la explotación llevada a cabo por algunos huéspedes a voluntarios, aunque ahí ya entra la capacidad de reacción de cada cuál y si en un momento se hace evidente esta explotación laboral o no se están cumpliendo las condiciones previamente establecidas lo lógico es denunciarlo a la página de Workaway y marcharse de ese lugar cuanto antes.

    Muchas aplicaciones tienen la opción de que los usuarios valoren y puntúen el servicio que ofrecen personas particulares a través de este tipo de aplicaciones (como BlablaCar o Couchsurfing),  en la que el criterio de selección puede basarse en estos comentarios ya que se trata de un indicador muy fiable a la hora de saber si estas tratando con una persona de confianza o no. Workaway tiene el mismo concepto y puedes leer las opiniones de las personas que ya se han alojado previamente en estos hostales, hoteles, albergues, granjas, etc.y conocer a través de la experiencia de otros viajeros el nivel de hospitalidad del huésped.

    Yo por lo que he leído en los comentarios hay que tener mucho cuidado, sí, pero porque esto del Workaway vicia y ¡MUCHO!

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