La Habana, una revolución hecha arte

Cuba siempre ha sido uno de mis top viajes, desde que era pequeña. Hace poco cumplí mi sueño: viajé al país del ron, de los puros, de la salsa y de la revolución. Una revolución que reside en las calles, en los bares, en los pensamientos y en los corazones cubanos. Cuba es la gran revolución, pero no la del Che o la de Fidel.

Y hablando de revoluciones, también ha sido la mía desde que vi Dirty Dancing. Suena a tópico, pero esos pasionales bailes entre Patrick Swayze y Jennifer Grey hicieron que perdiera la cabeza por la Habana. Cuba es así, puro ritmo en las venas, pura salsa en las piernas, pura música en el corazón.

Este viaje ha sido diferente, yo que estoy acostumbrada a los famtrips en los que te programan hasta la hora de ir al baño, embarcarme en un viaje cero organizado y cien por cien aventura, me ha hecho sentirme más viva que nunca. Diez días donde solo el viento y nuestro instinto decidirían por nosotras y así llegamos a descubrir lugares que jamás pensaríamos que serían tan especiales y únicos.

En Cuba, cuando menos te lo esperas, en lugares que tampoco esperas encontrarte, es cuando sucede la magia, cuando de repente te enamoras.  Diez días dan para enamorarse muchas veces y de muchas cosas: de gente random, de paisajes aleatorios, de lugares al azar, de cualquier plato de comida o de canciones que suenan en las calles o en los bares.

Lo más atrayente es que se trata de un país polifacético apto para cualquier tipo de bolsillo, el nuestro –yo viajaba con mis amigas Claudia y Sofi- era bastante limitado, preferíamos gastar dinero en ron que en comida, o en fiestas que en camas donde dormir.

Para viajes low cost es muy recomendable unirse a uno de los tantos free tours que se ofrecen por Internet para conocer tanto La Habana Vieja, como Centro Habana, el Malecón y otras zonas. Los hay en versión cultural: recorridos por las mañanas para conocer la historia de la ciudad; o versión ocio, rutas por la noche para conocer los bares más reconocidos y en los que además se pueden probar los diferentes y tan típicos cócteles cubanos, que por supuesto incluyen ron y los famosos daiquiris que el señor Hemingway se tomaba en La Floridita, cuenta la leyenda que se tomaba hasta 12 al día y que acababa más doblado que una silla de Ikea.

Es precisamente de este bar de donde parten los tours por la mañana y el trayecto continúa por el Museo de Bellas Artes, el Parque Central, el prestigioso Hotel Inglaterra (el primero en construirse en Cuba), el Teatro Alicia Alonso que da nombre a una de las mujeres más influyentes de la sociedad cubana que con sus 90 años y su discapacidad visual sigue contribuyendo de manera activa en la promoción cultural y en la conservación arquitectónica de la ciudad.

Otras paradas imperdibles en el tour son el Capitolio, la Plaza Vieja, la Catedral barroca (integrada en una preciosa plaza cercana a otro de los bares más auténticos: La Bodeguita del Medio, donde probar obligatoriamente los mojitos). El tour, con excelentes explicaciones y curiosas anécdotas que narra el guía, culmina en La Casa del Ron y del Tabaco Cubano, una de las tiendas más típicas para comprar habanos y rones. El recorrido dura aproximadamente tres horas y el precio es la voluntad, nosotras dimos un total de 15 CUC porque nos pareció una actividad muy completa, bonita y que mereció bastante la pena, además nuestro guía fue muy amable y nos contó muchísimas cosas ya no solo históricas, sino artísticas, políticas y de la actualidad cubana.

Una Habana plagada de edificios coloniales, parques con wifi y cafés con encanto. Pisar la Habana es viajar dos veces: a Cuba y al pasado. Como si tu avión despegase en el siglo XXI y aterrizase en el XX. Las reliquias americanas de los años 50 que circulan por toda Cuba, también llamados “Almendrones” y que son el símbolo por excelencia del país salpican las calles llenándolas de color. Chevrolet, Ford, Dodge, Plymouth, Packard… Coches que han sobrevivido a Fidel y que son piezas rodantes de museo que traen de vuelta la época de la Guerra Fría y de la Revolución.

Unos carros que recuerdan diariamente el bloqueo internacional que sufre el país, pero también dan cuenta del talento y creatividad de los cubanos, que hacen de estos coches auténticas joyas que como diría Danny Zuko –John Travolta- en Grease, son: “coches que podrían ser automáticos, hidromáticos, ultramáticos, podrían ser como un relámpago”. Y así son, coches relámpago que te llevan a todas partes y te hacen disfrutar del trayecto de una forma diferente.

Los coches en La Habana me fascinaron, quería fotografiarme con cada uno, pero otra de las cosas que me enamoraron fueron todos esos templos artísticos que los cubanos se han apropiado para enaltecer el arte y que hacen que te replantees si estás en La Habana, en plena Latina en Madrid o en Soho en Londres.

La música techno resuena en lugares como La Fábrica de Arte Cubano, conocida como FAC, una nave situada en la zona de Miramar, cercana al Malecón, en el que de lunes a lunes, 24/7, suena la música en un ambiente rodeado por graffitis, posters, cuadros, obras de teatro, desfiles de moda, esculturas, filmaciones… La efervescencia cultural es una mina de oro en este lugar, el talento vive en La Habana pero surge en la FAC. Un Ágora donde la gente joven se reúne a beber cerveza, a escuchar música, a conversar, bailar y a conocerse.

Pudimos ser testigos en la FAC de una obra teatral en la que sus protagonistas, por medio de diálogos y monólogos, criticaban el sistema y afirmaban que la verdadera revolución era haber nacido cubano y tener que vivir ese “aquí y ahora” que los sentenciaba a una vida llena de límites y sueños frustrados. Pero es que sorprendentemente Cuba está plagado de este tipo de lugares donde las reivindicaciones no encuentran fin. Las frases reivindicativas se van sucediendo como si floreciesen entre los cimientos y el Callejón de Hamel sabe bien de lo que hablo.

Un lugar poético pero ecléctico y al mismo tiempo donde primar el horror vacui. Un escenario de película, de festivales de salsa, de pasacalles y donde poder degustar una de las bebidas típicas: el bilongo. El mejor momento para dejarse caer por este callejón tan pintoresco son los domingos al medio día cuando los ritmos de los tambores desatan la rumba en las calles y la gente baila y ríe de una manera muy contagiosa.

El Callejón de Hamel es una calle no muy larga, un poco escondida, ubicada entre las calles de Aramburu y Hospital, en el barrio de Cayo Hueso en Centro Habana, en una zona donde vivieron importantes músicos como Orishas y que hoy aún sigue siendo un centro neurálgico para artistas, músicos e intelectuales. También aquí surgió el movimiento del feeling, un género musical cubano de influencia norteamericana que se basa en los sentimientos, el romance, el amor… Melodías tranquilas y letras de carácter trovadoresco. Este callejón es en la actualidad un proyecto cultural comunitario que enaltece la cultura afrocubana y la santería que allá por los años 90 empezó a gestar el pintor y escultor Salvador González Escalona, que vive allí en la actualidad y con el que es posible conversar sobre algunas de sus más brillantes obras.

El callejón cuenta con varios bares y un paladar (restaurantes de comida cubana, generalmente baratos), pero siendo completamente sincera los precios se escapan del bolsillo y es posible saborear platos cubanos a precios más económicos en otros lugares más privilegiados de La Habana, como en la parte vieja, en el renovado y moderno paladar, El Chanchullero. Un lugar pequeño, que cuenta con varias plantas y una azotea donde degustar otro tipo de delicias: las del skyline de La Habana Vieja.

Nos encantó este paladar por su diseño, sus colores y nuevamente por sus frases guerrilleras. Acabamos en este lugar por accidente, porque justo al lado hay un parque con WiFi, que por cierto, la única forma de conectarse a Internet en Cuba es comprando unas tarjetas en ETECSA (compañía de comunicaciones cubana), cada tarjeta de una hora de conexión a Internet cuesta 1 CUC y se pueden usar en los parques con WiFi. Es muy fácil reconocer estos parques porque en ellos hay grupos de gente que no levantan la cabeza del móvil ni para coger aire.

Cuba no es un país para estar pendiente del móvil, es un país para disfrutarlo. Me toca ahora a mí ponerme reivindicativa y es que como sabéis, me gusta conocer la oferta de ocio y turismo, pero también integrarme en la sociedad y me encantó descubrir, en un país que vive de sus limitaciones, de sus bloqueos, de sus rechazos, conocer a tantos espíritus libres, con tantas ganas de vivir, volar, salir… Y es que, como escuché en esa obra teatral en la FAC:

“Me tocó ser cubano. Y de repente un día ya no podía comer lo que quería o lo que me gusta, sino lo que había. De repente me di cuenta de que ni siquiera era bueno para aprender, porque no pude aprender a callarme. Amo mi tierra y jamás me callaré porque me tocó ser cubano y esa es la gran revolución”

Dónde dormir

La opción más aconsejable son las casas particulares que suelen costar unos 10 CUC por persona la noche (las habitaciones rondan los 20-30 CUC). Los cubanos viven del turismo y ofrecen sus casas para que los turistas puedan tener una opción accesible, cómoda y sobre todo local. Algunas de éstas casas particulares ofrecen desayunos por 4 CUC e incluyen café, zumos naturales, frutas, tortilla o huevos, tostadas y a veces bollería variada.

Dónde comer

Cuba tiene restaurantes muy turísticos donde los precios pueden rondar la media europea y las comidas se alejan de lo puramente cubano para ofrecer hamburguesas y comida internacional. Para degustar platos típicos y económicos la mejor opción son los Paladares:

El Chanchullero: este lugar situado en La Habana Vieja resultó ser todo un descubrimiento para nosotras. Comimos de lujo por tan solo 20 CUC (entre tres personas) en un lugar con buena música, buena comida y buen servicio.

-Café Brown: situado en Centro Habana, un lugar pequeño y coqueto con una carta amplia, variada y barata. Este paladar nos sorprendió por que pudimos degustar platos típicos cubanos como Yuca con Mojo, Ropa Vieja o Frituras de Malanga.

-Donde Lis, Bar Retaurante: situado en MiramAr, muy cerca de La Casa de la Música. Se trata de un menú más exclusivo, por lo tanto también más caro.

Qué más hacer

Hotel Nacional: Es uno de los hoteles más clásicos de Cuba, con más de 87 años de historia. Sus vistas son excepcionales, con unos jardines muy amplios donde disfrutar de panorámicas vistas al Malecón, pero el paisaje aún es mejor desde su azotea, abierta al público a partir de las 10 de la mañana. Pasear por los pasillos del hotel es como sentirse en el Titanic, tan histórico, antiguo y majestuoso.

-Heladería Coppelia: Es la heladería más famosa de La Habana, conocida como la “Catedral del Helado”, se trata la heladería que Fidel mandó construir, se sabe que el comandante tenía ciertos gustos culinarios… Coppelia acoge colas que pueden durar horas solo para conseguir un helado de chocolate (de una sola bola), los precios son de risa, por eso esas colas de hasta cuatro horas… Lo único que no me gustó es que hacen una separación entre locales y turistas que resulta ser bastante discriminatoria (incluso en los precios).

-El Malecón: pasear por el Malaecón y ver como las olas rompen en los altos muros y te mojan entera es muy gratificante, sobre todo para apaciguar el calor que se respira en la isla durante todo el año.

-Plaza de la Revolución: una de las plazas más importantes e imperdibles en La Habana, dominada por las fachadas que lucen los rostros del Che Guevara y Camilo Cienfuegos, los dos grandes héroes cubanos de la Revolución.

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