La primavera eterna de los Patios de Córdoba

No hay pintor ni artista que pueda albergar en su paleta tantos colores para plasmar la belleza de los patios de Córdoba. El barrio de San Basilio, cercano al monumental Alcázar de los Reyes Cristianos y a las Caballerizas Reales, alberga en sus calles adoquinadas casi 50 patios que compiten año tras año por el “Óscar al Mejor Patio”. Y mayo es el mes en el que florece esta colorida tradición.

Pasear por el barrio de San Basilio supone encontrar una puerta abierta que lleva a un patio y sin previo aviso, el visitante cruza el umbral, atraído por ese color y ese perfume dichoso que convierten a esta tradición en un auténtico museo de arte al aire libre. Centenares de flores en arriate o en macetas. Lilas, jazmines y la misma yedra, que trepan por las murallas o torres de origen árabe, se solapan a los adoquines del suelo o se agarran con brío a las rejas de las ventanas. Sus anfitriones, llenos de orgullo, abren las puertas de sus hogares luciendo grandes sonrisas e invitando a conocer la historia de esos jardines babilónicos: ¡es temporada de patios, y lo saben!

Si el patio árabe tiene una fuente en su eje central, el cordobés, de estilo árabe y romano, cuenta siempre o casi siempre con un pozo. Los maceteros cubren las paredes y las flores crecen a lo alto, largo, ancho, en caída o enredándose, predominando geranios, claveles, nardos, rosas, jazmines, gitanillas y otras hermosas flores con ímpetu de colores y olores que sentencian una eterna primavera.

A pesar de que entre 50-60 patios participan en el anual Festival de Patios Cordobeses cuya celebración se festeja en el mes de mayo, para otros patios siempre es primavera y pueden visitarse los 365 días del año en un auténtico tour por los Patios del Barrio de San Basilio que además te hace viajar al pasado.

El Patio de la Muralla

Una caja de sorpresas con influencias que vienen de aquí y de allá. Su anfitriona es Araceli que diariamente riega las 500 plantas que crecen en abundancia en el interior de su patio, su marido, que por no ayudarla a regar, hizo una chapucilla muy efectiva que consiste en un conducto con una boquilla en un extremo por el que logran regar las plantas superiores sin necesidad de usar una escalera. Alrededor del patio se levanta la finca familiar donde también viven sus hijas.

Cuenta con muralla y torre árabe incluida, la torre data del año 1200, además también se levantan varias columnas romanas y el suelo es de lo más tradicional que podamos encontrar, construido con el mítico pavimento chino-cordobés que recubre la gran mayoría de patios andaluces y que es de origen árabe también.

Hablando de orígenes, el de este patio es bastante difuso y se pierde en la lejanía con la cantidad de muestras y vestigios de distintas culturas que se exponen, ya no solo por la torre o las columnas, otras muestras como la pila, botijos o el pozo ponen en duda la antigüedad del recinto. Claro está que estas evidentes muestras de la historia se han ido descubriendo a medida que el patio era restaurado, por lo que ni siquiera sus anteriores inquilinos podrían llegarse a imaginar que los muros de sus vivienda eran de época árabe.

El Patio de la Costurera

Este patio tiene bien claro su procedencia, básicamente porque no puede olvidarla, si bien por el pedrusco judío que se expone en la entrada del patio, o bien por el turbulento episodio histórico que tuvo lugar entre sus paredes y macetas, cuando la familia que allí vivía fue asesinada por el supuesto robo de esta piedra, que finalmente resultó no ser robada. Fuera como fuere, el patio tiene más de 400 años de antigüedad y hoy en día está reconvertido en un exquisito hotel, Hotel El Patio de la Costurera, de cuatro habitaciones con unas vistas excepcionales que no incluyen ni playa ni montaña, pero sí un manto florido trepando por las ventanas.

La misma Araceli, dueña del Patio de la Muralla, rescató este popular y emblemático recinto que fue abandonado a su suerte, le llamó “El Patio de la Costurera” en honor a su oficio, y con ayuda de sus hijas se volcaron en un proyecto, o mejor dicho, desafío, para devolverle la belleza y el esplendor a aquella antigua posada, que por el paso de los años, entró en un círculo vicioso de olvido y deterioro. En un intento por combinar lo nuevo y lo viejo aún se conservan lugares emblemáticos de la cotidianidad de una época ya pasada, como lo es el establo, la lavandería, y como no, el típico pozo.

Amigos de los Patios

Otro de los patios más emblemáticos es el de Amigos de los Patios, actualmente sede de la Asociación Amigos de Los Patios Cordobeses y que impresiona por la invasión de color en arriate que te encuentras nada más cruzar el zaguán. Quizá llama más la atención este colorido por la horizontalidad del patio en sí, ya que generalmente muchos de los patios son más estrechos y este cuenta con un amplio espacio que además recibe directamente la luz del sol y ofrece un espectáculo hermoso.

La mirada, sin duda alguna, va a parar al elemento central del patio: su escalera adornada con flores y otros abalorios. También es de gran valor el pozo que no ha sufrido el peso de los años y se conserva en perfecto estado desde el año de su construcción. Amigos de los Patios recibe la visita de gran cantidad de turistas durante todo el año debido a que es un símbolo emblemático, ya no solo dentro de las lindes del barrio, o en la ciudad de Córdoba, sino que su merecido prestigio trasciende fronteras y acapara una atención e interés internacional.

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