Categoría: DESTINOS

  • Viñales: entre campos de habanos y chupitos de ron

    Viñales: entre campos de habanos y chupitos de ron

    En post anteriores hablaba de lo maravillosamente embaucadora que es La Habana, pero es que este efecto se extiende por todo el territorio, y sino todo el territorio -porque no llegué a visitar todas las ciudades y pueblos de Cuba-, por lo menos puedo afirmar que Viñales y Trinidad tienen la misma capacidad de enamorar.

    Todo hay que decirlo, nada tiene que ver un lugar con el otro. Si bien La Habana es una vasta urbe de edificios alti-bajos (dícese de aquella ciudad plagada de contrastes donde abundan edificios de distintas formas y alturas que se alternan sin ningún orden aparente), Viñales es la antítesis: armonía pura y dura, una aldea enclavada en plena naturaleza, dominada por campos de tabaco, montañas y casas de mil colores. Y Trinidad… Trinidad es un pueblo encantado, con calles empedradas, plazas enormes y una discoteca metida dentro de una cueva.

    Cuba es sorprendente, sobre todo porque la puedes recorrer en diferentes rutas, también es cierto que necesitas tiempo y en nuestro caso como solo disponíamos de diez días tuvimos que ser muy selectivas. Así que nos dejamos llevar por las recomendaciones. Nuestra ruta fue la siguiente: tres días en La Habana, dos en Viñales (con visita al Cayo Jutías), tres días en Trinidad y dos días más en La Habana.

    Es fácil desplazarse por Cuba, fácil porque solo tienes una opción: el Viazul, que es el autobús exclusivamente para turistas donde no encontrarás a locales porque ellos viajan en otro autobús más económico que si intentas coger te dirán que no porque no eres cubano (sí, nosotras intentamos hacernos pasar por cubanas para colarnos en el autobús local y pagar el equivalente a 3 euros en CUC, pero finalmente nos pillaron y desterraron al Viazul en el que un viaje de La Habana a Viñales te cuesta unos 12 american dollars).

    Caminito a Viñales

    Una vez en las puertas del Viazul se nos aproximó un hombre con dientes de oro falso y nos dijo así por lo bajini que tenía un “carro cómodo y espacioso que nos llevaría a Viñales por 25 CUC» (son como unos 25 euros), lo que no sabíamos es que nos iba a poner a Luis Miguel y a otros artistas del mismo talante durante todo el recorrido.

    Total, que por 25 CUC entre las tres merecía la pena soportar el sufrimiento musical, además nos recogían en la puertecita de casa. Pues dijimos que sí, claro. Le dimos un nombre y el teléfono de nuestro alojamiento y así zanjamos la reserva. Todo muy seguro y con garantías (ironía).

    El taxi ilegal nos recogió a la mañana siguientes. Aunque pasamos unos momentos de severa duda porque se retrasó así como 30-45 minutos y ya empezamos a pensar que por supuesto no vendría y tendríamos que coger el Viazul.

    Campos de tabaco y muros prehistóricos

    En cosa de unas dos horas y media nos plantamos en Viñales. El taxista nos llevó a unos campos de tabaco en el que pudimos probar los diferentes habanos que producen y aprendimos cosas como que el Che era asmático pero aun así se encasquetaba un puro detrás de otro (eso sí, mojándolos en miel que es bueno para la garganta). Allí en Cuba es típico “mojar” la punta del puro (esta frase suena demasiado mal pero no sé explicarlo mejor) en miel, ron o whisky.

    Se me olvidaba mencionar que adoptamos a una vienesa. Solo por aclararlo: a una chica de Viena. Ella viajaba sola y me recordó a mí en Jamaica así que le invitamos a quedarse con nosotras, su nombre es Miriam y habla un perfecto español dominicano porque había vivido en Santo Domingo por no sé cuánto tiempo. Es fabuloso viajar y conocer gente.

    El Valle de Viñales, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, es el escenario perfecto para actividades como montar a caballo. De hecho es una de las atracciones turísticas más demandadas, aunque yo particularmente no la recomendaría, el trayecto puede resultar más emocionante y bonito haciendo trekking o paseando tranquilamente por los caminos y senderos de tierra.

    El paisaje es impresionante: entre laderas, cerros y ríos. Además hay un lago muy bonito en el que te puedes bañar y una reserva llamada Capón en el que producen café, miel y ron, incluso te explican el proceso y finalmente te dan un chupito de ron, dos si te da un ataque de tos como me pasó a mi (se me olvidaba mencionar que me pasé todas las vacaciones con bronquitis así que la tos fue mi aliada por 10 días).

    Situado en el Valle de Dos Hermanas, que a su vez está dentro del Valle de Viñales, está el Mural de la Prehistoria. Es un mural que narra la evolución de los seres vivos, se pueden ver dibujos de los indios guanahatabeyes (indígenas que habitaron en Cuba hasta la colonización europea), así como dibujos de animales y moluscos.

    El mural está pintado sobre la roca del mogote de Dos Hermanas, previamente la piedra ya había sido pulida y preparada para que su autor, Leovigildo González, dibujara sobre ella. Como dato curioso se pintó con pinceles así que paciencia tuvieron que tener un rato.

    La noche cubana

    Cuando cae la noche la ciudad se transforma, en la calle principal, que es donde están todos los bares y restaurantes, se apelotonan cubanos y turistas para beber y bailar salsa (bueno los turistas lo intentan, lo de bailar, porque en beber están bastante entrenados, así somos).

    Como en cada ciudad cubana digna que se precie hay una Casa de la Música, es el templo cubano de la salsa donde la gente mide su talento y eficacia en una modalidad que requiere tener una coordinación que se esfuma tras el segundo cubata de ron, pero por intentarlo que no quede.

    Música en directo y espectáculo de baile están asegurados en todos –o casi todos- los bares de Viñales que vive por y para el turismo.  Lugares como Moreno’s Bar, La Casa del Mojito y Cubar ofrecen además happy hours, un fenómeno inventado por el capitalismo occidental que casa a la perfección con el turista americano y europeo que visita Cuba.

    Al fin y al cabo estamos en el Caribe y a Cuba se va de vacaciones, a tirarse a la bartola en la playa, a beber ron, fumarse un puro y sí, también a ligar.

    Tranquilidad y agua de coco

    Nos dijeron que cerca de Viñales estaba el Cayo Jutías y que debíamos ir sí o sí. La verdad es que estábamos como locas por ir a la playa así que reservamos un “taxi” entrecomillas. ¿Habéis visto la película de “Cars”? ¿Sabéis cuál es el personaje de “Tow Mate Mater”? Pues así era nuestro taxi. Y paso de entrar en detalles porque nos costó 10 CUC y por ese precio doy gracias a que tuviera ruedas.

    Los cayos de Cuba precisamente se encuentran algo alejados de la típica ruta que hacen los turistas, o por lo menos los turistas que optan por no ir a Varadero. Aun así hay varias playas muy bonitas y que cumplen con los requisitos de playa “de ensueño”.

    Cayo Jutías superó nuestras expectativas, una hermosa playa, no muy larga, interrumpida por un manglar por lo que el paisaje se enrudece a medida que recorres el arenal. El agua cristalina se torna azul turquesa en el horizonte. Chiringuitos, posibilidad de practicar actividades acuáticas y cocos por doquier. La típica playa Caribeña pero no masificada por el turismo de Varadero. Muy recomendable.

    Viñales merece la pena por esa dosis de aventura y naturaleza que no encontramos en La Habana o en otras ciudades de Cuba. Aun así es un lugar muy turístico por lo que es muy habitual ver a extranjeros y la población local puede aprovecharse de esta situación exagerando los precios de algunos productos o actividades, esta es una lacra que se vive en todo el Caribe.

    Los cubanos se muestran muy sociables y hospitalarios y en ningún caso sentirás que te están estafando. Lo bueno de Cuba es que la sensación de seguridad se extiende hacia todo el territorio, es un país relajado y amable que trata bien a los turistas.

  • La Habana, una revolución hecha arte

    La Habana, una revolución hecha arte

    Cuba siempre ha sido uno de mis top viajes, desde que era pequeña. Hace poco cumplí mi sueño: viajé al país del ron, de los puros, de la salsa y de la revolución. Una revolución que reside en las calles, en los bares, en los pensamientos y en los corazones cubanos. Cuba es la gran revolución, pero no la del Che o la de Fidel.

    Y hablando de revoluciones, también ha sido la mía desde que vi Dirty Dancing. Suena a tópico, pero esos pasionales bailes entre Patrick Swayze y Jennifer Grey hicieron que perdiera la cabeza por La Habana. Cuba es así, puro ritmo en las venas, pura salsa en las piernas, pura música en el corazón.

    Este viaje ha sido diferente, yo que estoy acostumbrada a los famtrips en los que te programan hasta la hora de ir al baño, embarcarme en un viaje cero organizado y cien por cien aventura, me ha hecho sentirme más viva que nunca. Diez días recorriendo La Habana, Viñales y Trinidad donde llegamos a descubrir lugares que jamás pensaríamos que serían tan especiales y únicos.

    En Cuba, cuando menos te lo esperas, en lugares que tampoco esperas encontrarte, es cuando sucede la magia, cuando de repente te enamoras.  Diez días dan para enamorarse muchas veces y de muchas cosas: de sus gentes, de paisajes aleatorios, de lugares al azar, de cualquier plato de comida o de canciones que suenan en las calles o en los bares.

    Lo más atrayente es que se trata de un país polifacético apto para cualquier tipo de bolsillo. El nuestro –yo viajaba con mis amigas Claudia y Sofi- era bastante limitado, preferíamos gastar dinero en ron que en comida, o en fiestas que en camas donde dormir.

    Free tours por la ciudad

    Para viajes low cost es muy recomendable unirse a uno de los tantos free tours que se ofrecen por Internet para conocer tanto La Habana Vieja, como Centro Habana, el Malecón y otras zonas. Los hay en versión cultural: recorridos por las mañanas para conocer la historia de la ciudad; o versión ocio, rutas por la noche para conocer los bares más reconocidos y en los que además se pueden probar los diferentes y tan típicos cócteles cubanos, que por supuesto incluyen ron y los famosos daiquiris que el señor Hemingway se tomaba en La Floridita, cuenta la leyenda que se tomaba hasta 12 al día y que acababa más doblado que una silla de Ikea.

    Es precisamente de este bar de donde parten los tours por la mañana y el trayecto continúa por el Museo de Bellas Artes, el Parque Central, el prestigioso Hotel Inglaterra (el primero en construirse en Cuba), el Teatro Alicia Alonso que da nombre a una de las mujeres más influyentes de la sociedad cubana que con sus 90 años y su discapacidad visual sigue contribuyendo de manera activa en la promoción cultural y en la conservación arquitectónica de la ciudad.

    Otras paradas imperdibles en el tour son el Capitolio, la Plaza Vieja, la Catedral barroca (integrada en una preciosa plaza cercana a otro de los bares más auténticos: La Bodeguita del Medio, donde probar obligatoriamente los mojitos). El tour, con excelentes explicaciones y curiosas anécdotas que narra el guía, culmina en La Casa del Ron y del Tabaco Cubano, una de las tiendas más típicas para comprar habanos y rones.

    El recorrido dura aproximadamente tres horas y el precio es «la voluntad», nosotras dimos un total de 15 CUC porque nos pareció una actividad muy completa, bonita y que mereció bastante la pena, además nuestro guía fue muy amable y nos contó muchísimas cosas ya no solo históricas, sino artísticas, políticas y de la actualidad cubana.

    Coches antiguos, la atracción estrella

    Una Habana plagada de edificios coloniales, parques con wifi y cafés con encanto. Pisar la Habana es viajar dos veces: a Cuba y al pasado. Como si tu avión despegase en el siglo XXI y aterrizase en el XX.

    Las reliquias americanas de los años 50 que circulan por toda Cuba, también llamados “Almendrones” y que son el símbolo por excelencia del país salpican las calles llenándolas de color. Chevrolet, Ford, Dodge, Plymouth, Packard… Coches que han sobrevivido a Fidel y que son piezas rodantes de museo que traen de vuelta la época de la Guerra Fría y de la Revolución.

    Unos carros que recuerdan diariamente el bloqueo internacional que sufre el país, pero también dan cuenta del talento y creatividad de los cubanos, que hacen de estos coches auténticas joyas. Como diría Danny Zuko –John Travolta- en Grease, son: “coches que podrían ser automáticos, hidromáticos, ultramáticos, podrían ser como un relámpago”. Y así son, coches relámpago que te llevan a todas partes y te hacen disfrutar del trayecto de una forma diferente.

    Los coches en La Habana me fascinaron, quería fotografiarme con cada uno, pero otra de las cosas que me enamoraron fueron todos esos templos artísticos que los cubanos se han apropiado para enaltecer el arte y que hacen que te replantees si estás en La Habana, en plena Latina en Madrid o en Soho en Londres.

    Llena de reivindicaciones

    La música techno resuena en lugares como La Fábrica de Arte Cubano, conocida como FAC, una nave situada en la zona de Miramar, cercana al Malecón, en el que de lunes a lunes, 24/7, suena la música en un ambiente rodeado por graffitis, posters, cuadros, obras de teatro, desfiles de moda, esculturas, proyecciones… La efervescencia cultural es una mina de oro en este lugar, el talento vive en La Habana pero surge en la FAC. Un Ágora donde la gente joven se reúne a beber cerveza, a escuchar música, a conversar, bailar y a conocerse.

    Pudimos ser testigos en la FAC de una obra teatral en la que sus protagonistas, por medio de diálogos y monólogos, criticaban el sistema y afirmaban que la verdadera revolución era haber nacido cubano y tener que vivir ese “aquí y ahora” que los sentenciaba a una vida llena de límites y sueños frustrados. Pero es que sorprendentemente, Cuba está plagado de este tipo de lugares donde las reivindicaciones no encuentran fin. Las frases reivindicativas se van sucediendo como si floreciesen entre los cimientos y el Callejón de Hamel sabe bien de lo que hablo.

    Un lugar poético pero ecléctico y al mismo tiempo donde prima el horror vacui. Un escenario de película, de festivales de salsa, de pasacalles y donde poder degustar una de las bebidas típicas: el bilongo. El mejor momento para dejarse caer por este callejón tan pintoresco son los domingos al medio día cuando los ritmos de los tambores desatan la rumba en las calles y la gente baila y ríe de una manera muy contagiosa.

    El Callejón de Hamel es una calle no muy larga, un poco escondida, ubicada entre las calles de Aramburu y Hospital, en el barrio de Cayo Hueso en Centro Habana, en una zona donde vivieron importantes músicos como Orishas y que hoy aún sigue siendo un centro neurálgico para artistas, músicos e intelectuales.

    También aquí surgió el movimiento del feeling, un género musical cubano de influencia norteamericana que se basa en los sentimientos, el romance, el amor… Melodías tranquilas y letras de carácter trovadoresco. Este callejón es en la actualidad un proyecto cultural comunitario que enaltece la cultura afrocubana y la santería que allá por los años 90 empezó a gestar el pintor y escultor Salvador González Escalona, que vive allí en la actualidad y con el que es posible conversar sobre algunas de sus más brillantes obras.

    El callejón cuenta con varios bares y un paladar (restaurantes de comida cubana, generalmente baratos), pero siendo completamente sincera los precios se escapan del bolsillo y es posible saborear platos cubanos a precios más económicos en otros lugares más privilegiados de La Habana, como en la parte vieja, en el renovado y moderno paladar, El Chanchullero. Un lugar pequeño, que cuenta con varias plantas y una azotea donde degustar otro tipo de delicias: las del skyline de La Habana Vieja.

    De paladares exigentes

    Nos encantó este paladar por su diseño, sus colores y nuevamente por sus frases guerrilleras. Acabamos en este lugar por accidente, porque justo al lado hay un parque con WiFi. Que por cierto, la única forma de conectarse a Internet en Cuba es comprando unas tarjetas en ETECSA (compañía de comunicaciones cubana). Cada tarjeta de una hora de conexión a Internet cuesta 1 CUC y se pueden usar en los parques con WiFi. Es muy fácil reconocer estos parques porque en ellos hay grupos de gente que no levantan la cabeza del móvil ni para coger aire.

    Cuba no es un país para estar pendiente del móvil, es un país para disfrutarlo. Me toca ahora a mí ponerme reivindicativa y es que como sabéis, me gusta conocer la oferta de ocio y turismo, pero también integrarme en la sociedad y me encantó descubrir, en un país que vive de sus limitaciones, de sus bloqueos, de sus rechazos, conocer a tantos espíritus libres, con tantas ganas de vivir, volar, salir… Y es que, como escuché en esa obra teatral en la FAC:

    “Me tocó ser cubano. Y de repente un día ya no podía comer lo que quería o lo que me gusta, sino lo que había. De repente me di cuenta de que ni siquiera era bueno para aprender, porque no pude aprender a callarme. Amo mi tierra y jamás me callaré porque me tocó ser cubano y esa es la gran revolución”

    Dónde dormir

    La opción más aconsejable son las casas particulares que suelen costar unos 10 CUC por persona la noche (las habitaciones rondan los 20-30 CUC). Los cubanos viven del turismo y ofrecen sus casas para que los turistas puedan tener una opción accesible, cómoda y sobre todo local. Algunas de éstas casas particulares ofrecen desayunos por 4 CUC e incluyen café, zumos naturales, frutas, tortilla o huevos, tostadas y a veces bollería variada.

    Dónde comer

    Cuba tiene restaurantes muy turísticos donde los precios pueden rondar la media europea y las comidas se alejan de lo puramente cubano para ofrecer hamburguesas y comida internacional. Para degustar platos típicos y económicos la mejor opción son los Paladares:

    El Chanchullero: este lugar situado en La Habana Vieja resultó ser todo un descubrimiento para nosotras. Comimos de lujo por tan solo 20 CUC (entre tres personas) en un lugar con buena música, buena comida y buen servicio.

    -Café Brown: situado en Centro Habana, un lugar pequeño y coqueto con una carta amplia, variada y barata. Este paladar nos sorprendió por que pudimos degustar platos típicos cubanos como Yuca con Mojo, Ropa Vieja o Frituras de Malanga.

    -Donde Lis, Bar Retaurante: situado en MiramAr, muy cerca de La Casa de la Música. Se trata de un menú más exclusivo, por lo tanto también más caro.

    Qué más hacer

    Hotel Nacional: Es uno de los hoteles más clásicos de Cuba, con más de 87 años de historia. Sus vistas son excepcionales, con unos jardines muy amplios donde disfrutar de panorámicas vistas al Malecón, pero el paisaje aún es mejor desde su azotea, abierta al público a partir de las 10 de la mañana. Pasear por los pasillos del hotel es como sentirse en el Titanic, tan histórico, antiguo y majestuoso.

    -Heladería Coppelia: Es la heladería más famosa de La Habana, conocida como la «Catedral del Helado», se trata la heladería que Fidel mandó construir, se sabe que el comandante tenía ciertos gustos culinarios… Coppelia acoge colas que pueden durar horas solo para conseguir un helado de chocolate (de una sola bola), los precios son de risa, por eso esas colas de hasta cuatro horas… Lo único que no me gustó es que hacen una separación entre locales y turistas que resulta ser bastante discriminatoria (incluso en los precios).

    -El Malecón: pasear por el Malaecón y ver como las olas rompen en los altos muros y te mojan entera es muy gratificante, sobre todo para apaciguar el calor que se respira en la isla durante todo el año.

    -Plaza de la Revolución: una de las plazas más importantes e imperdibles en La Habana, dominada por las fachadas que lucen los rostros del Che Guevara y Camilo Cienfuegos, los dos grandes héroes cubanos de la Revolución.

  • Patagonia chilena o cómo volver a la niñez

    Patagonia chilena o cómo volver a la niñez

    La Patagonia tiene una magia que se contagia –¡vivan las rimas fáciles!- ya tengas 26, 43 o 75 años, el sur de Chile rejuvenece a cualquiera y transporta directamente a esa dulce y entrañable infancia en la que lo más importante es disfrutar y dejarse llevar. Es como si ni siquiera te pararas a pensar: ves un charco y quieres saltar dentro de él, quieres abrazar a cualquier animal que se cruza en tu camino, oler todas las flores y navegar todos los ríos. Las ganas de experimentarlo todo son irreprimibles en un ambiente natural “impagable”, como suelen decir los patagónicos.

    Después de una semana recorriendo el norte de la región de Aysén puedo afirmar que muchas personas necesitan emigrar a esta parte del globo para comprender lo impresionante que es la naturaleza. Nos ha tocado vivir lluvias torrenciales y vientos huracanados. Nos hemos visto obligados a cubrirnos con capas y a cancelar excursiones. Aun así la recompensa de bañarse bajo la lluvia en las aguas termales del volcán Melimoyu o atravesar el río Palena en lancha a motor y sentir como el viento te acaricia la cara –o te la azota, según la perspectiva- son experiencias que provocan que te detengas y recapacites sobre cómo la fuerza salvaje de la naturaleza hace que todo dé un vuelco. La naturaleza está ahí para que tú la respetes, para que tú te adaptes a ella y no al revés, y eso sí que es impagable.

    Los límites de la Patagonia son tan vastos y difusos que es difícil clarificar dónde empieza y dónde termina. El territorio se encuentra bañado por las aguas del Océano Pacífico y surcado por la Cordillera de Los Andes, el conjunto montañoso más grande sobre la tierra. La parte chilena de la Patagonia incluye las regiones de Los Lagos, Aysén, Magallanes y la Antártica Chilena y conecta por el este con la Patagonia Argentina.

    Recorriendo la Carretera Austral de sur a norte

    El recorrido que yo hice fue a través de la región de Aysén que al mismo tiempo divide la ruta en dos: la zona sur y la zona norte, ambas conectadas por la carretera austral que cuenta con un total de 1240 kilómetros de longitud, desde Villa O’Higgins (la parte más al sur) hasta Puerto Montt limítrofe con la Región de los Lagos en la zona norte. En mi caso recorrí la zona norte, atravesando la carretera austral desde el aeropuerto de Balmaceda, pasando por la capital de la región, Coyhaique, hasta La Junta.

    Mi viaje hasta la Patagonia empezó en el aeropuerto internacional Comodoro Arturo Merino Benítez de Santiago de Chile, desde donde se toma un vuelo pilotado por Latam Airlines que dura aproximadamente dos horas y aterriza en la localidad de Balmaceda. Existen otras rutas marítimas o terrestres pero la más rápida obviamente es la vía aérea.

    Nada más aterrizar un paisaje de extensos prados y montañas te dan la bienvenida. Inmediatamente pusimos rumbo al norte e hicimos una pequeña parada en la capital. Coyhaique cuenta con unos 60 mil habitantes, una ciudad grande en cuyo centro se asienta la Plaza de Armas que es punto de unión de mochileros y ciclistas que se embarcan en la emocionante aventura de atravesar esta tierra plagada de paisajes sin fin. La plaza tiene mucha actividad, con puestos de artesanía local y restaurantes que llenan de vida y ambiente la ciudad.

    Nosotros no nos detuvimos mucho aquí pero sí lo bastante para embriagarnos de ese aire rústico que más tarde descubriríamos con más pasión en otras pequeñas localidades, como La Junta o Puyuhuapi. Coyhaique es popularmente conocida como “la ciudad entre aguas” porque se encuentra entre el Río Simpson y el Río Coyhaique. Aquí hallamos las únicas grandes construcciones de toda la región: el hospital, escuelas superiores y edificios públicos que no pierden su esencia y se encuentran recubiertas por la madera típica que reviste todos y cada uno de los edificios del territorio.

    Continuamos nuestro camino en furgoneta a través de la carretera austral, no sin antes tomar el mate de “la bienvenida, la paz y la hermandad”, ese mate que puede forjar y destrozar amistades, sobre todo si en el grupo hay un argentino que defiende que el mate es argentino y no chileno. Pero apropiaciones culturales aparte… Ese mate fue el principio de una gran aventura. La primera parada, donde íbamos a hacer noche, era La Junta, pequeña localidad a unas cuatro horas al norte de Coyhaique. Antes de llegar nos detuvimos en Villa Mañiguales para probar las famosas empanadas chilenas, un manjar de dioses que harán que repitas: las hay de pollo con queso, de ternera, pescado y también de vegetales. Acompañadas por una rica cerveza artesanal, negra, rubia o roja, da igual cuál sea, el placer está más que asegurado.

    La Junta, nexo de unión entre los ríos Palena y Rosselot

    Por fin llegamos a La Junta y el verde de los prados se torna más intenso. En Balmaceda ya nos habían advertido que “cuanto más al norte, más verde”, difícil de creer porque en ese momento piensas que no existe un verde más intenso, pero compruebas que sí es posible y que recubre toda la superficie de La Junta con una intensidad que incluso te deslumbra, debe ser porque no para de llover, los patagónicos solo tienen 30 días de sol al año.

    La recompensa de llegar al destino y poder degustar comida casera hecha con todo el cariño del mundo en un sitio como Mi Casita de Té, mientras el cuerpo entra en temperatura con chimeneas de leña y la tormenta acecha fuera, es algo impagable, como todo en la Patagonia. “En la Patagonia quien se apura pierde el tiempo”, es el eslogan oficial del territorio, frase que puede leerse en Mi Casita de Té, un encantador lugar regentado por Eliana, una mujer que dedicó parte de su vida, de sus esfuerzos y de sus sueños en ofrecer un espacio acogedor para turistas, visitantes y locales.

    Mi Casita de Té lleva cerca de 25 años ofreciendo una estancia al más puro estilo local. Su apasionada dueña, que habla del negocio y del pueblo con un brillo único en los ojos, abrió primero la cafetería, más tarde el restaurante y por fin cuatro apartamentos para ofrecer alojamiento también. Ahora está construyendo la recepción para brindar una mayor información al visitante que llega desde tierras lejanas.

    Éste es quizá el único lugar de La Junta en el que puedes alojarte y desayunar con el toque mágico de un pan recién horneado y una mermelada y unos postres cien por cien caseros. El resto de residencias que hay en el pueblo ofrecen también estancias muy agradables y los locales mostrarán todos sus esfuerzos en integrarte en la vida local, ya sea a base de degustaciones de cervezas artesanales; catas de Tepaluma, el gin por excelencia de la Patagonia; u otras actividades que tienen más presentes la adrenalina y los altos estados de diversión: trekking, rafting, kayaks, pesca o termas en entornos tan naturales como el lago Rosselot, el río Palena o el Valle Cuarto a cargo de Yagan Expeditions.

    Puyuhuapi, el sur del silencio

    Las lluvias nos acompañaron durante gran parte de la semana por lo que tuvimos que cancelar a última hora una excusión que nos iba a llevar hasta Raúl Marín Balmaceda y en la que íbamos a cruzar la desembocadura del río Palena al Pacífico, caminar entre dunas y avistar la avifauna típica. La crecida del río cambió nuestros planes y nos llevó a descubrir Chaitén, plan improvisado en la región de Los Lagos. Aquí degustamos una fantástica comida en el Restaurante el Volcán, acompañado por vino y sobremesa a base de deliciosos postres y tés de todo tipo.

    En Chaitén, en un punto de la carretera austral, conocemos y vemos con nuestros propios ojos el desastre ocurrido en la Villa Santa Lucía que justo hace un año sufrió un aluvión que provocó el enterramiento de parte de la villa en la que 21 personas perdieron la vida. El paisaje sigue siendo desolador y la fuerza de la naturaleza hace, que una vez más, te detengas y recapacites. Este acontecimiento aislado no impide que vecinos y vecinas detengan sus quehaceres, aunque el pueblo no olvida.

    Fue curioso conocer esta historia en un día en el que la lluvia caía con intensidad, el río había invadido las carreteras y algunos tramos estaban cortados porque caían piedras, troncos y se habían formado cascadas improvisadas sobre el terreno. Por suerte, cuando abandonamos La Junta y tomamos camino hasta Puyuhuapi, el tiempo comenzó a mejorar y nos regaló momentos de sol y cielos medianamente claros. Esta localidad asentada en la comuna de Los Cisnes es famosa por su fiordo homónimo, se encuentra a una hora de La Junta, enclavada entre la costa marina y los picos nevados del Parque nacional Queulat.

    Alemania en la Patagonia

    En el lugar encontramos ciertos asentamientos de colonos alemanes, como la Casa Hopperdietzel, hogar de la familia alemana fundadora de la típica cerveza artesanal que podemos probar en todo el territorio, la cerveza Hopperdietzel. Esta casa fue construida en el año 1938 y supone una de las primeras construcciones realizadas por colonos alemanes en la localidad. Junto a esta casona de cinco niveles se halla la Casa Ludwig, un inmueble declarado Monumento Histórico en el año 2009 y cuyo levantamiento data del año 1953. La edificación, perteneciente también a una de las más importantes familias alemanas asentadas en Puyuhuapi en la primera mitad del siglo veinte, cuenta con un arquitectura que incorpora maderas y materiales locales de la mano de maestros carpinteros chilotes, una auténtica construcción patagónica con identidad alemana y local ubicada en el seno de Puyuhuapi.

    Durante nuestra estancia en la localidad nos alojamos en el Hotel Puyuhuapi Lodge and Spa, del que hablaré más adelante en una entrada particular ya que este lugar lo merece. Como adelanto puedo decir que es uno de los lugares más exclusivos que podemos encontrar en la Patagonia, anclado en la Bahía Dorita a la cual solo se puede acceder cruzando el fiordo en un pequeño barco.

    En el camino hasta el alojamiento se pueden avistar pingüinos y toninas, una vez en tierra la flora se torna asombrosa, a base de gigantescos árboles como Coigües y Tepas, flores como el Lupino o plantas de hojas enormes como la Nalca. Un entorno fabuloso para la práctica del trekking o kayaks y como remate para un día de diez es obligado sumergirse en las termas bañadas por agua de volcán, cascada y del mismísimo Océano Pacífico.

    Este lugar encantado que tiene vetada la entrada a cualquier conexión, ya no solo con el exterior, sino también a Internet, es un completo remanso de paz al sur del silencio. Una forma excelente de acabar nuestra aventura en la parte más austral del mundo. La región de Aysén en la Patagonia chilena es un enorme tesoro para el alma.

    Guía práctica

    ¿Dónde comer?
    –Kofketun: La Junta, Cisnes, Región de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo, Chiles.
    –Restaurante El Volcán: Arturo Prat, Chaiten, Chaitén, Región de los Lagos, Chile.
    –Chelenko Restoran: Horn 47-56, Coyhaique, Región de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo, Chile.
    ¿Dónde dormir?
      –Puyuhuapi Lodge & Spa: Bahia Dorita s/n, Cisnes, Chile
    Mi Casita de Té: Cisnes, Región de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo, Chile
    Terrazas del Palena: Carretera Austral, La Junta, Chile
  • Gambia: en un país de niños

    Gambia: en un país de niños

    Voy en una barca, emocionada porque voy a ver hipopótamos y siento como una manita fría roza mi pierna. Hay un niño, de unos 10 años que mira mi piel y toca la tela de mi pantalón, cuando me giro para mirarle, aparta rápidamente la mano y mira hacia otro lado. Es tímido y seguro que piensa que soy de otro mundo. Pero una vez más lo vuelve a intentar, y como él lo hace tímidamente y con curiosidad, decido cogerle la mano y le acaricio los dedos. Él por fin sonríe y se acerca más a mí. Saco un zumo de la mochila y se lo doy, pero no sabe cómo bebérselo porque lleva una pajita y creo que no ha visto nunca una, así que le ayudo. Intento hablar con él pero no sabe inglés, solo su lengua indígena, una de las 10 que existen en el país.

    Estoy pensativa tras mi semana en Gambia, porque sí, seguramente el niño piensa que soy de otro planeta y lo cierto es que somos de mundos distintos. Él vive en uno en el que el turismo sexual, la ablación del clítoris, la circuncisión, el matrimonio infantil, el trabajo infantil y la no escolarización son el pan de cada día. Niños que viven estas circunstancias en la sombra pero solo piden dulces y libretas y bolis porque son curiosos y quieren aprender. Gambia se abre en democracia después de una dictadura larga y la esperanza, además de asfaltar carreteras, sea asfaltar los pilares del aprendizaje para tumbar esas tradiciones ancestrales que provocan la muerte a millones de niños en toda África.

    Ayer en el tren de camino a casa reflexioné, como siempre hago cuando vuelvo de un viaje tan intenso. Jamaica me tuvo en vilo durante meses, pero el choque moral que me traigo desde África creo que ha sido incluso mayor. Las comparaciones son odiosas, pero al final siempre se caen en ellas. Sin menospreciar la situación que se vive en el Caribe, África necesita de un empujón con la fuerza de un superhéroe para que cambien muchas, muchísimas cosas.

    Desde mi piel de turista, he de admitir que he tenido una experiencia única, viviendo intensamente la vida africana, respirando con profundidad su naturaleza, su gente, sus tradiciones. Ahora es cuando llega el momento de asimilarlo. Cuando cubro viajes para la revista vivo unas experiencias muy intensas, pero casi siempre desde la perspectiva turística.

    África ha sido una cara distinta, la cara local, algo que agradezco porque yo soy más aventurera que otra cosa, y embarcarme en las raíces de lo profundamente local me apasiona. Pero una vez más, la realidad supera la ficción. Los documentales, libros, películas y reportajes te acercan a las realidades que viven los niños en África, pero una vez te adentras y logras verlo con tus propios ojos, es cuando de verdad tomas conciencia.

    Tengo muchas cosas que contaros acerca de mi fantástica experiencia avistando hipopótamos, acariciando cocodrilos y serpientes u observando todo tipo de aves y monos, pero no será en este post. Con motivo de que hace dos días fue el Día Universal del Niño quería hablaros de cómo viven ellos en este continente tan subdesarrollado todavía.

    Cómo decía al principio, Gambia estrena una democracia que promete un crecimiento de las calidades de los gambianos. Un crecimiento que bien sabemos será largo, costoso y lento, pero irá dando sus frutos. Tras una dictadura que azotó durante unos 20 años al país, sus gentes se ven animadas con el cambio. Nuevas carreteras se están asfaltando, quizá éste sea el primer paso para la esperanza, sin caminos no hay progreso. Carreteras necesarias para establecer conexiones con las zonas más rurales, como Janjangbureh, donde nos alojamos en el Baobolong Camp, o Tendaba, donde también pasamos una noche rodeados de la naturaleza más remota.

    Carreteras necesarias para transportar alimentos, agua potable y otros enseres y recursos para la vida básica que garanticen una cierta calidad. Por supuesto, en esta zona es más fácil avistar a una hipopótamo que una persona blanca, el turismo no está muy enraizado aún, aunque cada vez con más frecuencia nos dejamos sucumbir por los encantos de la África más profunda.

    Allá donde vas hay niños, niños por todas partes que juegan, ríen, corren, cantan…. Lo que hacen todos los niños, ¿no? Pues en realidad aquí también los ves trabajar, ayudando a sus humildes familias a ganarse el pan. El trabajo infantil en África está bastante arraigado y son pocos los niños que logran escolarizarse porque la educación en estos países suele costar dinero. Hay muchos que reciben ayudas para poder asistir a la escuela, pero también otros muchos que no tienen el privilegio y acompañan a sus padres en sus labores diarias. Es el caso del niño tímido de la barca que tocaba mi pantalón, él acompañaba a su padre y todavía no sabía inglés, a pesar de tener 10 años.

    El 95 por ciento de la población en Gambia es musulmana, que al igual que los judíos, practican la circuncisión a los niños cuando éstos son aún muy pequeños y por temas ceremoniales en los que un brujo o chamán, practica la escisión con la misma cuchilla a todos por igual, por lo que el SIDA está ahí, en esa cuchilla.

    Es un rito ceremonial en el que tras la circuncisión el niño pasa la noche en la selva, piernas separadas y algo de comida, al parecer éste es el procedimiento que se sigue para la sanación del corte, no es que sea tradición puramente musulmana (sí lo de la circuncisión, pero no el método).

    Otra de esas tradiciones ancestrales es la mutilación del clítoris. Más bien realizada por cuestiones culturales que religiosas, muchas culturas indígenas africanas contemplan esta práctica, cada una con su nivel de realización, desde un corte, hasta la mutilación y otros grados más graves. En algunos países africanos está prohibido pero en Gambia se sigue practicando.

    Cabe decir además que ya no solo África asume esta costumbre, sino otros países de Oriente Medio, Asia e incluso se realiza en España y Colombia, según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas. Aunque en estos últimos se realiza con menor medida y está penado por la ley. El reto para la ONU es erradicar esta costumbre para 2030, ya que millones de niñas mueren cada año o les ocasiona graves problemas urinarios, infecciosos, en el parto o incluso problemas de salud para el recién nacido.

    El camino a seguir es fomentar la educación y la información sobre las repercusiones de esta tradición. Conseguir la ayuda política necesaria en los países donde se realiza y propiciar una buena asistencia sanitaria, con herramientas y recursos necesarios para abordar el problema y abrir los ojos a madres y padres que todavía están a favor de realizar la mutilación a sus hijas.

    Gambia es el país de los niños, en la costa de la sonrisa, que te tienden la mano y te muestran esos dientecillos desaliñados propios de su corta edad y su poca experiencia, que les deja fuera de toda decisión, convirtiéndoles en las personitas más vulnerables, pero aun así curiosos y con ganas de aprender. Ellos son el futuro y pronto serán ellos los que puedan decidir, sobre sus hijos, sus costumbres y tradiciones y sobre la esperanza de un país.

    NOTA: Para más info sobre la Mutilación Genital Femenina (MGF), la Fundación Wassu UAB, con sede en Gambia y España, trabaja para la erradicación de esta práctica a través de la Iniciación a la No Mutilación, «No imponemos el cambio, empoderamos», a través de un método científico, respetuoso, sostenible y holístico proporcionan informaciones y la ayuda necesaria para generar un cambio no impuesto, cambiar percepciones y empoderar a las personas para ser capaces de tomar decisiones.

  • Las Obras de Nantes

    Las Obras de Nantes

    A principios de mes estuve de viaje por trabajo en Nantes, echaba de menos subirme a un avión después de casi tres meses tras regresar de Jamaica (cómo pasa el tiempo), ya tenía un monazo que me supuraba los poros, es lo que nos ocurre a los yonkis de los viajes, que sino volamos cada tres meses nos da un yuyu, a mí me estaban empezando a salir canas.

    Patologías viajeras a parte… Sí, he descubierto Nantes. Descubrir porque no tenía grandes expectativas, aunque siempre que sales de tu zona de confort te sorprendes. A decir verdad, no esperaba que esta parte de Francia tan poco afectada por el fenómeno turístico tuviera tantos atributos para atraer a viajeros, sobre todo a los culturetas y los de buen comer.

    Si es que nos mencionan Francia y no salimos del cliché parisimo y de la Côte d’Azur, bien merecido prestigio: por un lado la ciudad de l’amour y por el otro la conocida como Riviera Francesa. Pero Nantes, también ubicada en el mapa por ciertos atributos como sus viñedos o los castillos del Loira, tiene además: historia, cultura, playas, ríos y un ambientazo un lunes por la noche que no se lo cree ni Madrid. Bueno, igual exagero en esto último, pero de verdad que los nanteses son unos adictos a las terrazas, aunque caiga el diluvio universal, que es lo que nos ocurrió ese lunes del que os hablo.

    Viajé con un maravilloso grupo de españoles, agentes de viajes y organizadores de eventos con los que he compartido muy buenos momentos bajo el cobijo de un paraguas, o en el autobús cubriendo travesía entre ciudades, incluso el futbolín del hotel ha sido testigo del buen rollo del grupo.

    Volamos con Air Nostrum, compañía regional que opera para Iberia. De mis aerolíneas favoritas para viajar a Europa, comodidad, rapidez y accesibilidad las definen, calidad-precio más que aconsejable. Al llegar a Nantes nos esperaban las tan simpáticas Lucile, Sophie y Aurélie de Le Voyage à Nantes que nos hicieron sentir muy cómodos y acogidos desde el primer momento.

    Nantes, proyecto cultural

    Para poner un poco en contexto, Le Voyage à Nantes (El viaje a Nantes) es un proyecto cultural que nace para la promoción de Nantes como destino turístico. Esto es porque no se trata de una ciudad fácil de vender ya que compite contra otras metrópolis francesas que son natural o históricamente más atractivas.

    En los últimos años, Le Voyage à Nantes ha implementado una estrategia cultural en la ciudad que es asombrosa y deja resultados tan inspiradores como emocionantes si recorres “la línea verde”, aquella que atraviesa la ciudad por sus lugares más emblemáticos; o si sigues la senda del río Loira, plagada de demostraciones artísticas tanto amateur como profesionales.

    Se cumplió una de las leyes de Murphy de los viajes, como me viene sucediendo siempre que viajo, eso es algo que nunca cambia: la regla cuando voy a destinos paradisiacos o lluvias sobrecogedoras cuando viajo hacia el norte.

    La lluvia es un mal menor cuando te regala momentos tan divertidos bajo la sombrilla de un bar, con siete personas más pegadas a ti. Y aun se vuelve mejor cuando justo en frente tienes una pantalla retransmitiéndote el mundial, que yo no es que sea futbolera pero esa tensión se contagia rápido.

    Les Machines de l’Ille

    Terrazas a rebosar un lunes por la noche, su ocio es más que evidente. Pero en lo referente al plano cultural, donde toma protagonismo y se homenajea constantemente a uno de sus más excéntricos personajes locales: Julio Verne. Esta reconocida figura ha dejado un sello importante en la idiosincrasia de esta sociedad francesa.

    Les Machines de l’Ille, un museo al aire libre que a mí me transportó a la grandeza del Moulan Rouge, con sus carruseles incluidos. Esos enormes animales de metal convertidos en atracciones de feria son un motivo por el que visitar este bestiario con vistas al Loira. El Grand Éléphant, El Carrousel des Mondes Marins, o uno de sus proyectos más prometedores y desafiantes, Arbre aux Hérons, un gigantesco árbol de metal que estará listo para 2022.

    El Loira parece acoger casi todas las demostraciones artísticas de la ciudad, pero saliendo de esta ruta a orillas del río encuentras otros símbolos históricos modernamente reconvertidos en restaurantes o museos.

    La línea verde

    Se trata de una ruta dibujada en el suelo de Nantes que recorre los espacios más emblemáticos de la ciudad, atraviesa el casco antiguo, un lugar que destaca por esas chimeneas que recuerdan a los deshollinadores de Mary Poppins; El Castillo de los Duques de Bretaña que hace las veces de museo para exposiciones temporales (cuando fui yo la exposición era sobre la serie Vikings) y otras acoge grandes eventos y fiestas. O la antigua fábrica de las famosas galletas LU que todos hemos comido, ahora es un restaurante, café, sala de conciertos, exposiciones y también librería.

    Lo que más me gusta de Nantes, y solo os he hablado de estas dos rutas, en los próximos episodios os descubro más joyitas; lo mejor de todo, es la capacidad de hacer partícipe al visitante de los eventos culturales. Montar en el Grand Éléphant o tirarte en tobogán desde lo alto de un castillo aseguran experiencias que sobrepasan los límites culturales y te meten dentro de este raro mundo del imaginario de Julio Verne.

    Y como me encanta publicar mil fotos de mis viajes, me callo ya, que las fotografías hablan por sí solas.

    Hotel Château Des Tourelles, castillo, spa y está situado en frente del mar

    Uno de los postres típicos, Gateau Nantais, a base de ron, promete buenas cogorzas

    En Nantes ya van por el año 2150

    Castillo de los Duques de Bretaña

    Castillo de los Duques de Bretaña, explanada interior

    Tejados de Nantes

    Calles de Nantes

    En Nantes cada tienda lleva colgada en la fachada una identificación como ésta

    Castillo Duques de Bretaña y su tobogán para bajar desde lo alto

    Catering bienvenida de la Cité Congrès

    Tabla de quesos franceses

    El Grand Éléphant

    El Carrousel des Mondes Marins

    ¿Dónde comer?
    La Lieu Unique: antigua fábrica de las galletas LU, hoy reconvertido en bar lounge y restaurante contemporáneo.
    Restaurant L’Atlantide 1874 Maison Guého: cuenta con una estrella Michelin y está situado en un emblema de la ciudad, a orillas del Loira, con vistas extraordinarias. Cenar aquí es una regalo para los sentidos.
    ¿Dónde dormir?
    Radisson Blu: dormir en los antiguos juzgados de Nantes. Radisson Blu es un hotel con una arquitectura neoclásica que engloba tradición, historia y modernidad.
    Mercure Nantes Grand Hotel: lo que más me gustó de este lugar es el diseño sostenible que lo decora, cada mueble encierra un pragmatismo maravilloso.
  • La primavera eterna de los Patios de Córdoba

    La primavera eterna de los Patios de Córdoba

    No hay pintor ni artista que pueda albergar en su paleta tantos colores para plasmar la belleza de los patios de Córdoba. El barrio de San Basilio, cercano al monumental Alcázar de los Reyes Cristianos y a las Caballerizas Reales, alberga en sus calles adoquinadas casi 50 patios que compiten año tras año por el “Óscar al Mejor Patio”. Y mayo es el mes en el que florece esta colorida tradición.

    Pasear por el barrio de San Basilio supone encontrar una puerta abierta que lleva a un patio y sin previo aviso, el visitante cruza el umbral, atraído por ese color y ese perfume dichoso que convierten a esta tradición en un auténtico museo de arte al aire libre. En Córdoba no solo la arquitectura roba miradas, sino también las flores. Es una ciudad bonita la mires por donde la mires.

    Centenares de flores en arriate o en macetas. Lilas, jazmines y la misma yedra, que trepan por las murallas o torres de origen árabe, se solapan a los adoquines del suelo o se agarran con brío a las rejas de las ventanas. Sus anfitriones, llenos de orgullo, abren las puertas de sus hogares luciendo grandes sonrisas e invitando a conocer la historia de esos jardines babilónicos: ¡es temporada de patios, y lo saben!

    Si el patio árabe tiene una fuente en su eje central, el cordobés, de estilo árabe y romano, cuenta siempre o casi siempre con un pozo. Los maceteros cubren las paredes y las flores crecen a lo alto, largo, ancho, en caída o enredándose, predominando geranios, claveles, nardos, rosas, jazmines, gitanillas y otras hermosas flores con ímpetu de colores y olores que sentencian una eterna primavera.

    A pesar de que entre 50-60 patios participan en el anual Festival de Patios Cordobeses cuya celebración se festeja en el mes de mayo, para otros patios siempre es primavera y pueden visitarse los 365 días del año en un auténtico tour por los Patios del Barrio de San Basilio que además te hace viajar al pasado.

    El Patio de la Muralla

    Una caja de sorpresas con influencias que vienen de aquí y de allá. Su anfitriona es Araceli que diariamente riega las 500 plantas que crecen en abundancia en el interior de su patio. Su marido, que por no ayudarla a regar, hizo una chapucilla muy efectiva que consiste en un conducto con una boquilla en un extremo por el que logran regar las plantas superiores sin necesidad de usar una escalera. Alrededor del patio se levanta la finca familiar donde también viven sus hijas.

    Cuenta con muralla y torre árabe incluida. La torre data del año 1200. Además también se levantan varias columnas romanas y el suelo es de lo más tradicional que podamos encontrar: construido con el mítico pavimento chino-cordobés que recubre la gran mayoría de patios andaluces y que es de origen árabe también.

    Hablando de orígenes, el de este patio es bastante difuso y se pierde en la lejanía con la cantidad de muestras y vestigios de distintas culturas que se exponen. Ya no solo por la torre o las columnas, otras muestras como la pila, botijos o el pozo ponen en duda la antigüedad del recinto. Claro está que estas evidentes muestras de la historia se han ido descubriendo a medida que el patio era restaurado, por lo que ni siquiera sus anteriores inquilinos podrían llegarse a imaginar que los muros de sus vivienda eran de época árabe.

    El Patio de la Costurera

    Este patio tiene bien claro su procedencia, básicamente porque no puede olvidarla, si bien por el pedrusco judío que se expone en la entrada del patio, o bien por el turbulento episodio histórico que tuvo lugar entre sus paredes y macetas, cuando la familia que allí vivía fue asesinada por el supuesto robo de esta piedra, que finalmente resultó no ser robada.

    Fuera como fuere, el patio tiene más de 400 años de antigüedad y hoy en día está reconvertido en un exquisito hotel. El Hotel El Patio de la Costurera, de cuatro habitaciones, con unas vistas excepcionales que no incluyen ni playa ni montaña, pero sí un manto florido trepando por las ventanas.

    La misma Araceli, dueña del Patio de la Muralla, rescató este popular y emblemático recinto que fue abandonado a su suerte, le llamó “El Patio de la Costurera” en honor a su oficio. Con ayuda de sus hijas se volcaron en un proyecto, o mejor dicho, desafío, para devolverle la belleza y el esplendor a aquella antigua posada, que por el paso de los años, entró en un círculo vicioso de olvido y deterioro. En un intento por combinar lo nuevo y lo viejo, aún se conservan lugares emblemáticos de la cotidianidad de una época ya pasada, como lo es el establo, la lavandería, y como no, el típico pozo.

    Amigos de los Patios

    Otro de los patios más emblemáticos es el de Amigos de los Patios, actualmente sede de la Asociación Amigos de Los Patios Cordobeses. Impresiona por la invasión de color en arriate que te encuentras nada más cruzar el zaguán. Quizá llama más la atención este colorido por la horizontalidad del patio en sí. Que generalmente muchos de los patios son más estrechos y este cuenta con un amplio espacio que recibe directamente la luz del sol y ofrece un espectáculo hermoso.

    La mirada, sin duda alguna, va a parar al elemento central del patio: su escalera adornada con flores y otros abalorios. También es de gran valor el pozo que no ha sufrido el peso de los años y se conserva en perfecto estado desde el año de su construcción. Amigos de los Patios recibe la visita de gran cantidad de turistas durante todo el año debido a que es un símbolo emblemático, ya no solo dentro de las lindes del barrio, o en la ciudad de Córdoba, sino que su merecido prestigio trasciende fronteras y acapara una atención e interés internacional.

  • Port Antonio, belleza natural

    Port Antonio, belleza natural

    La frase que más he escuchado desde que llegué a Jamaica, después del “Jamaica, no problem” es la de: “tienes que ir a Port Antonio”. Tras la insistencia de muchos viajeros y locales a los que he ido conociendo en mi travesía por el país, finalmente he visitado esta magnífica pequeña ciudad al este de la isla.

    Lo que iba a ser una escapada playera ha terminado siendo la más auténtica, mística, espiritual y natural experiencia que he vivido (hasta que por fin visite las Blue Montains). Iba a irme sola a Port Antonio, a disfrutar de la calma y el relax de las playas, pero en el último momento se apuntó mi amiga Janet, mi mami en este viaje. Janet es mi mejor amiga aquí, una mujer inglesa de unos 50 años que bebe ayahuasca, fuma marihuana con pipa, cocina como los mismísimos ángeles y viaja sola, como yo, haciendo Workaway.

    Lo bueno de Jamaica son las casualidades. Visitas un sitio, conoces a alguien que te habla de una fiesta en no sé dónde y en esa fiesta conoces al maravilloso Cleveland, un hombre de unos 50 años, taxista y originario de Port Antonio que nos llevó a rincones espectaculares, rodeados por la naturaleza más abrupta, alejados de la evidencia humana y desconocidos por muchos turistas.

    Port Antonio se encuentra en la parroquia de Portland, a una hora de Kingston y a dos de Ocho Ríos en coche. Nosotras cogimos el autobús local que no es muy cómodo porque viajas con tropecientas mil personas más, pero es la opción barata (500 dólares jamaicanos que son tres euros). Port Antonio es uno de los lugares más turísticos de la isla por su extraordinaria belleza. Blue Lagoon es uno de los lugares más bonitos y también más visitados, eventual escenario de películas debido al intenso azul de sus aguas y a sus misteriosos 55 metros de profundidad.

    La mayoría de las playas son gratis y con muchos bares y chiringuitos locales donde comer auténtico Jerk Chicken y gastronomía jerk en general. Una de las playas que más me gustó fue Winnifred Beach, un arenal completamente de postal, con un rincón rasta muy acogedor regentado por un par de rastafaris que venden marihuana y artesanía hecha a mano.

    Pero lo mejor fue adentrarse en la selva tropical, cruzar el río, atravesar campos de bananos, bread fruit y otros deliciosos frutos que fuimos probando por el camino.

    En Jamaica es posible sobrevivir en la selva sin morirte de hambre, ni de sed, ni por la picadura de un insecto. Lo bueno que tiene este país es que cuenta con grandes virtudes naturales: la flora y fauna es muy rica y diversa. A diferencia de otros lugares, Jamaica no tiene animales peligrosos o venenosos tales como arañas o serpientes. Bien cierto es que la cantidad de mosquitos que hay es abrumadora pero ninguno es portador de malaria. En Jamaica no es necesario vacunarse contra este mosquito, de hecho solo es aconsejable vacunarse si la estancia en la isla va a ser mayor a 30 días.

    El objetivo era llegar, caminando entre la espesa vegetación, junto a la ladera del Río Grande, hasta las Scatter Falls, unas cataratas solo conocidas por locales cuyo paisaje es una premisa de lo que puedes encontrar en las famosas Blue Mountains, situadas muy cerca de Portland.

    Solo es posible llegar hasta estas cataratas con ayuda de un local que conozca el camino. Nosotros fuimos el sábado por la mañana y allí solo había un grupo de seis locales más.

    Es un lugar tranquilo, alejado de la masificación turística, rodeado por una naturaleza asombrosa (con una gran diversidad de frutos, plantas y aves). Un lugar de esos que digo yo que reinician el alma. Compramos unas cervezas y ron Appleton, el típico jamaicano, y echamos la mañana entre aguas puras y vegetación auténtica.

    Aparte de Winnifred Beach, hay una cantidad asombrosa de playas de ambiente local y de acceso completamente gratuito, como Long Beach o Boston Beach.

    Mucha gente dice que los atardeceres en Port Antonio son diferentes al resto que puedas ver en la isla, son especiales, con otro color. No conseguí ver al sol ponerse pero es cierto que cuando la noche empieza a caer el cielo tiene otro color distinto.

    Fue un fin de semana de evasión y relax, pero también de fiesta. Entre tanto dancehall sonando las veinticuatro horas del día en cada club de Jamaica se agradece encontrar en Port Antonio locales de reggae clásico, reggae de los más puros orígenes. Otra de las cosas que me gustan del ocio nocturno en Jamaica es que no entiende de edades y puedes conocer a gente, tanto local como foránea, de cualquier rango de edad.

    Como decía al principio fue una escapada muy mística, de descubrir la auténtica Jamaica y todo gracias a Cleveland. Fue una suerte encontrar y conocer a este maravilloso hombre cuya vida no ha sido nada fácil, separado de su mujer, con un hijo fallecido a la edad de 16 años y sobreviviendo como taxista en un país que vive por y para el turismo (sobre todo en las zonas costeras).

    En la mayoría de los casos el dinero que entra en la casa de un jamaicano depende de los turistas por lo que Cleveland tuvo suerte de que nos conociéramos en esa fiesta de ‘old reggae’, pero más suerte tuvimos nosotras de toparnos con él y conocer Port Antonio en su más puro estado.

    ¿Dónde comer?
    -Restaurante Anna Bananas, situado en la carretera principal de Port Antonio. Comida local, buen ambiente y con una carta variada, sobre todo pescados.
    ¿Dónde dormir?
    -Nos alojamos en una guest house llamada Chocolate Dreams que encontramos por Airbnb, 40 euros la noche, situada en una urbanización con casas muy pintorescas. La dueña de la casa es una mujer alemana que reside actualmente en Port Antonio. La casa tiene cocina para compartir, jardín y una sala de estar con objetos e instrumentos musicales curiosos. Decorado al estilo zen, con libros sobre yoga y meditación, un lugar con muy buena vibra.
  • Bob Marley’s Birthday en la Seven Mile Beach de Negril

    Bob Marley’s Birthday en la Seven Mile Beach de Negril

    El aniversario de Bob Marley (6 de febrero) no dura un día, sino todo el mes entero. Aprovechando que para los isleños este acontecimiento es un día importante marcado en el calendario y coincidiendo que tenía dos días libres decidí irme a Negril con un amigo. La mejor decisión de la historia, aunque me arruiné un poco el bolsillo.

    Negril no es Jamaica. Quiero empezar por ahí. O sea, es Jamaica pero no lo parece por el hecho de la gran cantidad de turistas que hay en la zona. Sea el mes que sea, la estación que sea, la hora que sea, levantes la piedra que sea, te encuentras con un turista.

    Negril es un cuento aparte, la ciudad más turística de la isla, cada noche una fiesta y por las mañanas 11 kilómetros de playa con bares, restaurantes, tiendas y demás ocio playero. Es por este motivo que los precios son más altos y yo que estoy acostumbrada a pagar en mi pequeña Ochi por coger un taxi 120 dólares jamaicanos (0,70 céntimos de euro) me creía que el taxista me estaba timando cuando me pedía 500 (3,20 euros).

    Yo prefiero moverme entre arenas locales y sumergirme en la autenticidad propia de la isla, pero he de decir que me divertí mucho porque la ciudad está viva las 24 horas del día. En realidad el pretexto para ir a Negril fue el concierto del artista jamaicano Sizzla Kalonji que actuaba en el Bob Marley Birthday Bash Festival, que se celebra todos los años en la Seven Mile, la playa más larga de la isla.

    Para llegar hasta Negril la mejor opción es Knutsford Express que es un autobús que recorre la costa norte desde Kingston, pasando por Port Antonio, Ocho Ríos, Falmouth, Montego Bay y  finalmente Negril. De Ocho Ríos a Negril el precio son 2,700 dólares jamaicanos (17 euros) y tarda unas dos horas en llegar.

    Hay cosas que solo pueden pasar en Jamaica, de eso estoy segura: por ahora he visto cosas muy bomboclat. A una tía caminando desnuda por la calle (ole sus ovarios), un sábado noche jugando al bingo (apostando con piedras) con completos desconocidos o asistir al concierto de Sizzla con barra libre de marihuana. Este video que cuelgo a continuación no tiene desperdicio. Pero esto es Jamaica y yo la quiero tal como es.

    Fui a Negril para dos días con mi amigo Dani (asturiano perdido por Jamaica, como yo). Cada uno reservó su habitación en una guest house que booking.com nos pintó muy barata y limpia (esto es lo más importante, si no hay amenities o si las sábanas no van a juego con las cortinas no importa).

    Llegamos al lugar y nuestras reservas se habían cancelado misteriosamente así que nos cambiaron de guest house con una única habitación disponible por lo que tuvimos que compartir durante dos días una cama en la que a mí se me salían los pies (mi altura es 1’60, el dato es importante). A pesar del hacinamiento en cama, el lugar es encantador, lo regentan dos mujeres de procedencia india y fueron buenas anfitrionas (el sitio en cuestión es Natalie’s Rooms y pagamos 40 dólares por dos noches).

    Me gustó el sitio porque para tratarse de Negril es económico y la zona es muy alegre, muchos bares alrededor y el famoso Rick’s Café a solo cinco minutos andando. Los locales que viven alrededor son gente muy social, muy acostumbrados a tratar con turistas y los taxis circulan durante todo el día por la zona. La ciudad también está muy cerca, a cinco minutos en route taxi. Y la playa…

    Yo soy de las que se ponen los cascos y echan a andar sin rumbo ni dirección y para mí la Seven Mile fue un magnífico regalo. Siete millas u once kilómetros de playa ante mis pies. No la recorrí entera porque me entró hambre, pero estuve a punto. Además es el agua más azul que he visto en toda Jamaica con bares y restaurantes de todo tipo donde comer Jerk Chicken, pollo frito, Akee, pescado fresco o el típico sándwich mixto de toda la vida. Ojo al dato con los pancakes. Me hice muy fan, fue el desayuno estrella durante mi estancia en Negril.

    Otro lugar del que había escuchado hablar mucho y que me habían recomendado visitar es el Rick’s Café, famoso por estar situado en lo alto de unos acantilados desde los que te puedes lanzar al mar. No solo por eso es famoso, sino también por sus atardeceres, de los más bonitos que hay en Jamaica. El lugar es perfecto para ir por la tarde cuando la música suena, la cerveza está fría y el sol se pone.

    Y el ocio nocturno, poco o nada tiene que ver que coincidiera con el cumpleaños de Bob Marley (aunque gracias a ello pude asistir al concierto de Sizzla), pero con tributo al dios del reggae o no, la fiesta en Negril está asegurada.

    Fue una estancia breve pero instensa, de esas en las que te subes al autobús y te quedas grogui. Negril es el Ibiza español, por su turismo de playa, sus tiendecitas bohemias, por sus fiestas nocturnas y sí, también por sus precios.

  • Blue Hole en Ocho Ríos, una excursión que reinicia el alma

    Blue Hole en Ocho Ríos, una excursión que reinicia el alma

    Lo que más me gusta de Jamaica, salvaje como ella sola, es su combinación de playa y naturaleza. Escarbando entre caminos a veces demasiado hostiles (aquí lo de asfaltar carreteras no se estila mucho), de pronto puedes encontrarte pequeños paraísos sumidos en la calma y quietud de una isla que lo tiene todo. Todo menos carreteras asfaltadas, pero no problem, esto es Jamaica (para todo aquello inusual o extraordinario, ya sea bueno o malo, los jamaicanos se excusan siempre con “no problem, this is Jamaica”).

    No todo el lujo jamaiquino se encuentra en los resorts, sino en el don de transformar una experiencia en un momento único. Los paisajes conceden esta oportunidad de pararse a respirar y resetear la mente. Ocho Ríos está plagada de rincones para reiniciar el alma.

    La pequeña ciudad, ubicada en la parroquia de Sant Ant, es para algunos la ciudad más cultural de la isla, además resulta ser un lugar de antalogía histórica, no solo por ser ciudad de tradición pesquera, sino también porque se cree que este fue el primer territorio que pisó Cristóbal Colón cuando llegó a la isla. Su mercado es exquisito, en el que puedes pasear y evadirte por horas. Los jamaiquinos son gente muy charlatana y todos tratarán de conversar contigo, a menudo para venderte algún producto y otras veces solo interesados en saber acerca de tus experiencias en la isla.

    Rincones para reiniciar el alma hay muchos en la ciudad, de esos que embelesan y enamoran. Quizá las playas no son las más largas ni las más azules pero también ofrecen esos momentos de ensimismamiento dignos de recordar. La fuerza del agua en Ocho Ríos ha dibujado un paisaje extraordinario en los albores de la ciudad, tal como las atracciones de Blue Hole o Konoko Falls de Dunn’s River. Lo mejor de todo es que se pueden disfrutar de la manera más saludable y divertida: escalándolas, bañándose en sus aguas e incluso saltando desde las rocas. Una excursión para disfrutar como niños.

    Por decantarme elijo Blue Hole ya que es una excursión más larga y más intensa cuyo punto clave culmina en un pequeño agujero de aguas más azules que el mismo Caribe. Blue Hole es una sucesión de cascadas, caminos, cuestas y vegetación espesa que se multiplica a ambas laderas del río. Hay dos formas de hacer el recorrido, contratando un guía conocedor sumun del terreno que presta su ayuda para subir, trepar y bajar entre las rocas y caminos (es asombroso observar a los guías trepar las cascadas y lanzándose en picado desde lo más alto), o bien, si eres aventurera como yo, puedes hacerlo por libre (aunque yo no escalo cascadas, todo hay que decirlo).

    Realmente me aventuré a hacer la excursión sola porque iba acompañada por dos amigos, mi amigo Omar de Australia y Akeel de Trinidad y Tobago. Admito que en algunos tramos es necesaria ayuda de una mano ajena, no es que sea un trayecto duro pero en ocasiones debes usar una cuerda o mojarte de pies a cabeza para ascender de nivel. Si se realiza esta excursión con niños es conveniente contratar a un guía, como decía son excelentes escaladores y además ofrecen chaleco salvavidas y zapatos adecuados para no resbalar.

    Con sus subidas y bajadas, sus terrenos resbaladizos y las corrientes de agua, es una escapada que merece completamente la pena si te gusta el ejercicio y los parajes naturales. La naturaleza allí es asombrosa, con animales campando a sus anchas y se pueden avistar especies de pájaros, insectos y plantas tropicales.

    Para llegar a Blue Hole hay que coger un taxi, está a unos veinte minutos conduciendo desde la ciudad de Ocho Ríos y el trayecto sube entre montañas y caminos nuevamente no asfaltados. Nosotros cogimos route taxi porque es la opción barata, unos 400 dólares jamaicanos que es el equivalente, más o menos a tres euros o dólares americanos. Coger otro taxi cualquiera puede fácilmente costar unos 20 dólares americanos así que merece la pena compartir un route taxi.

    Una vez en Blue Hole la entrada cuesta 15 dólares americanos y contratar un guía ronda entre 50 y 70 dólares. Personalmente me gustó hacer la excursión por libre, puedes tomártelo con calma ya que no hay un limite de tiempo para permanecer en el lugar y es magnífico sentarse en una roca a observar las cascadas y el flujo del río sin prisas y saltar desde las rocas, nadar tranquilamente, tomarte una cerveza bien fría o pasear, perderse y comprar regalos. Muy recomendable el uso de escarpines para poder recorrer con más facilidad algunos tramos. Allí mismo pueden alquilarse por 500 dólares jamaicanos.

    Lo que más me gusta de este enclave es su poco arraigo comercial, apenas hay un bar donde hacer un pequeño break para degustar cócteles y cervezas típicas de la isla (Red Stripe y Dragon) y un par de pequeñas tiendas artesanales en las que comprar recuerdos, cuadros y artesanía hechos y pintados a mano. Además es muy agradable conversar con los tenderos. A pesar de ser una de las atracciones más demandadas en la ciudad no está a rebosar de turistas, esto es porque Ocho Ríos no es una ciudad turística en sí, lo es por el hecho de que es parada de cruceros, los cruceristas llegan por la mañana y regresan al barco a medio día, pero en días en los que los cruceros no atracan es posible no avistar a esa extraña especie colonizadora denominada turista (yo formo parte de ese clan). Por lo que depende de la época del año Blue Hole no está masificado como otras atracciones turísticas, tales como las playas.

    ¿Qué necesitas para visitar Blue Hole?

    Bañador, zapatos adecuados que puedan mojarse (allí se pueden alquilar), toalla y cámara.

    ¿Cómo llegar?

    Puedes tomar route taxi desde la ciudad de Ocho Ríos (2,5 euros) o bien contratar un taxi personal (unos 20 o 30 euros). Desde Ocho Ríos hasta Blue Hole son 20 minutos, desde Falmouth una hora y desde Montego Bay dos horas aproximadamente.

    ¿Dónde comer?

    Dentro del enclave natural no es posible comer, solo hay un bar que sirve snacks y bebidas frías, pero saliendo a la carretera hay restaurantes típicos jamaicanos y puestos a pie de calle donde comer el plato estrella: Jerk Chicken.

  • Fanzara, una escapada muy graffiticante

    Fanzara, una escapada muy graffiticante

    Me gusta el arte urbano. Es tan evocador y tan reflexivo. Me enorgullezco de que Valencia, mi ciudad, tenga una ruta del graffiti. Pero más contenta estoy de que a pocos kilómetros se encuentre Fanzara, la mismísima capital del graffiti.

    Fanzara es un pequeño municipio de Castellón que para reactivar su encanto y atraer al turismo decidió vestirse de los colores más exóticos y las caricaturas más extravagantes. Graffitis, graffitis por todas partes.

    No es la capital del arte urbano sin más, es el epicentro, el núcleo, el foco a escala mundial del arte callejero. Y sus vecinos están encantadísimos de abrir la ventana y toparse con un gato de mirada perversa y bigotes despeinados que mira fijamente sin reparos y sin descanso. No solo gatos, o lobos, caballos o elefantes. Sino rostros, frases motivadoras, cosas tan abstractas que hasta apabullan y murales que nacen de la tierra para perderse en el cielo de Fanzara.

    Un lugar en el que la hospitalidad de los vecinos, el verde del valle que lo rodea y sus bocadillos de tortilla (especialmente del Bar d’Abajo) hacen que visitar el pueblo sea una escapada muy graffiticante… perdón, gratificante.

    MIAU, Museo Inacabado de Arte Urbano

    El pueblo cuenta con apenas 300 y pocos habitantes, un puñado de bares y callecitas enroscadas en sí mismas, adoquinadas, con balcones repletos de flores y de repente, un llamativo dibujo.

    La iniciativa tiene nombre propio, MIAU, por sus siglas ‘Museo Inacabado de Arte Urbano’. Vemos firmas ya tan reconocidas como Julieta Xlf, Hombrelópez, Susie Hammer o Deih entre otros que componen el abanico de artistas tanto nacionales como internacionales que quieren dejar su huella en este museo, abierto las 24 horas para todo los curiosos y adeptos al street art que quieran colmarse de historias y leyendas plasmadas a golpe de sprays.

    Un peculiar museo que sorprende y engatusa, sobre todo a los propios vecinos que ellos mismos fueron los primeros sorprendidos al acoger dicho proyecto pero que a día de hoy lucen con orgullo y además no les cuesta nada hacerte de guía y contarte los más anecdóticos esbozos.

    Fotografías de Sara Carrasco

    | Más información: www.fanzara.es

    Cómo llegar

    Desde Valencia en coche a una hora y cinco minutos (82,1 kilómetros) por la AP-7 y la A-7.

    Dónde comer

    Bar d’Abajo, un bar de los de toda la vida, de pincho de tortilla, de bocata y tapas. Situado en Calle Santo Sepulcro, 1, Fanzara.

    Dónde dormir

    Lo que fue antaño un pequeño cuartel es hoy El Castellet, situado en la Calle Santo Sepulcro nº 36 (teléfono 964 61 92 30). Consta de diez apartamentos rurales que tienen entre uno, dos y tres dormitorios completamente equipados y acondicionados con cocina, salón, comedor, baños, calefacción y televisor.

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